ALEXANDRA PEMBERTON
¡¿Qué estaba haciendo?!
¡Esto no podía estar pasando!
No podía besarlo, no a él; pero, aunque mi cerebro me gritaba que me detuviera, mi cuerpo simplemente no parecía reaccionar y por más que sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, no podía apartar mis labios de los de él.
Mi corazón latía acelerado como si fuera a salirse de mi pecho y no tenía control sobre mis acciones; había cometido un grave error y solo eso me hacía pensar que había perdido la razón; éramos enemigos naturales, lo único que debía existir entre nosotros era odio y desprecio, nada más que eso.
Nos apartamos cuando la necesidad de respirar se hizo presente y fue como si la cordura regresara a mí, porque inmediatamente me hice a un lado alejándome lo más posible y me concentré en atenuar mi pulso y volver a respirar con normalidad.
- ¿Por qué hiciste eso? – cuestioné regresando mi mirada hacia él
- Solo intentaba callarte – respondió mirándome
- Pues no vuelvas a hacerlo – impuse volviendo a mi actitud normal
- No creas que quiero hacerlo
- ¿En verdad? – pregunté – No se puede confiar en la palabra de un Andreotti
- Mucho menos en la de una Pemberton – dijo con desprecio
- Te contactaré mañana para reunirnos y hablar del acuerdo, ya tuve suficiente por hoy – anuncié y sin darle tiempo para responder, me alejé
Mi dolor de cabeza se había intensificado y podía sentir mis labios hinchados por el beso, pero por dentro solo sentía la necesidad de gritar de frustración; lo odiaba, en verdad lo odiaba más que a nadie en el mundo y no solo por quien era su familia, sino porque se había atrevido a confrontarme y se había atrevido a besarme sin mi consentimiento.
Lucca Andreotti era un ser arrogante, narcisista y ególatra que sentía demasiada admiración por sí mismo, tanta que era sofocante y por lo poco que habíamos hablado, era más que obvio que era una persona dominante que odiaba que le llevaran la contraria, pero para su mala suerte, yo también tenía esa característica.
Regresé al edificio y me fui directo al estacionamiento a por mi auto, una vez me puse en camino, comencé a recordar todo lo que Lucca me había dicho en el restaurante y nuevamente me sentí furiosa.
¿Cómo pudo atreverse a decirme esas cosas?
Nunca antes me habían enfrentado de esa manera, nunca antes alguien se había puesto firme ante mí y aunque eso me sorprendía, también me irritaba demasiado; yo siempre ganaba, siempre conseguía lo que quería, nunca había existido una excepción, por lo menos no hasta ahora.
Le había dicho a mi padre que me encargaría de todo el asunto con los Andreotti, le dije que averiguaría que se traían entre manos, pero ahora la situación se había complicado aún más y no tenía muy claro cómo debía proceder.
Pensé que sería sencillo lidiar con Lucca Andreotti, que solo tendría que esforzarme un poco y obtendría lo que quería; pero lo subestimé, creí que solo era un chico irresponsable que había nacido en una cuna de oro, un chico que nunca se había esforzado o había luchado por conseguir las cosas, pensé que solo era otro tipo rico como los que había conocido, que se preocupaban más por las mujeres y las fiestas que por las cosas verdaderamente importantes; pensé que era solo un heredero despreocupado que llevaba una vida caótica y problemática, pero al parecer, había más debajo de todo eso.
ESTÁS LEYENDO
LEGADO
Ficção AdolescenteDos familias llenas de poder y riqueza Dos familias que siempre estuvieron en contra Y dos herederos que no saben perder Alexandra Pemberton nunca ha recibido un No por respuesta y no existe nada ni nadie a quien ella no pueda doblegar Lucca Andre...
