LUCCA ANDREOTTI
Alexandra se alejó desapareciendo en el interior del edificio, pero me quedé mirándola mientras se iba y una señal de alerta apareció en mi mente.
"La deseaba"
Regresé al auto con un nudo en el estómago y sin poder creer lo que había cruzado por mi mente; no podía desearla, no podía ceder ante algo tan estúpido, no podía dejar que un impulso lo arruinara todo.
Nada había salido según lo planeado; desde el momento en que la vi llegar, todo se fue al diablo y eso no era lo peor, sino el hecho de que tenía que admitir que había disfrutado de su compañía; durante al menos unas horas todo había parecido más sencillo y hablar con ella incluso había resultado agradable, pero era un error y un error mucho más grande era desearla, porque ese deseo era sumamente peligroso; desear algo que estaba prohibido no era bueno y solo conducía a un final posible, el desastre.
Pero el deseo no obedecía a la razón y era algo incapaz de ser controlado o al menos eso era lo creía; sin embargo, en esta ocasión, la razón y la lógica debían prevalecer porque de lo contrario, me vería arruinado.
Durante todo el camino al hotel, intenté sacármela de la cabeza, pero parecía una misión imposible, porque no podía sacar de mi mente esos resplandecientes ojos verdes que brillaban como esmeraldas.
No podía negar que Alexandra Pemberton era hermosa y verla era impactante; desde su cabello rubio que destellaba como los rayos del sol, su figura esbelta y elegante que se imponía con fuerza atrayendo todas las miradas, sus ojos verdes que siempre miraban con arrogancia demostrando quien era ella y esa sonrisa que fácilmente podría poner de rodillas a cualquier hombre, todo en ella te incitaba a pecar y a ceder ante los más bajos impulsos, pero era demasiado peligroso hacerlo, en especial para mí.
Una vez en el hotel, me dirigí al baño y dejé correr el agua para que la bañera se llenara, regresé a la habitación para desvestirme y en la cómoda encontré un pedazo de papel con dos números telefónicos anotados e inferí que eran de las chicas con las que había estado la noche anterior; inicialmente consideré llamarlas y volver a disfrutar, pero preferí no hacerlo y simplemente terminé de desvestirme para tomar un baño e intentar despejarme, aunque realmente, era en vano.
En lo único que podía pensar era en ella y comenzaba a creer que o había perdido la cordura o ella me había embrujado, porque realmente la situación se me salía de las manos; Alexandra había invadido mis pensamientos y sacarla sería realmente difícil, pero era algo necesario de hacer.
Las últimas noches casi no había dormido y esta noche no parecía ser muy diferente, aunque sí lo era en un aspecto, hoy tenía la cabeza hecha un caos y aunque odiaría admitirlo, la causante era la tan complicada señorita Pemberton.
El resto de la noche y parte de la madrugada lo pasé dándole vueltas a todo lo que había sucedido en este corto tiempo e intenté pensar en una forma de que las cosas regresaran a su orden natural; por más que Alexandra me llamara la atención, por más que deseara tenerla como esa primera vez, por más que disfrutara de su compañía, ella era un fruto prohibido que no podía volver a probar porque de hacerlo, tal vez no querría dejarla ir.
Me levanté alrededor de las nueve de la mañana y el descanso, aunque breve, me sirvió para calmar la tempestad que se había formado en mi cabeza; me di una ducha y me vestí mientras esperaba que trajeran mi desayuno a la habitación, pero entonces mi celular comenzó a sonar llamando mi atención y un nombre conocido iluminó la pantalla, "Pietro Russo"
- Si no llamo yo, te olvidas de mi existencia – dijo cuándo respondí la llamada
- Solo fueron un par de días, no exageres – respondí
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LEGADO
Fiksi RemajaDos familias llenas de poder y riqueza Dos familias que siempre estuvieron en contra Y dos herederos que no saben perder Alexandra Pemberton nunca ha recibido un No por respuesta y no existe nada ni nadie a quien ella no pueda doblegar Lucca Andre...
