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Aquella noche fue un descanso para nuestro protagonista, sin saber cómo, Nora era capaz de hacer que su mente se despejara. Se tiraron toda la noche hablando en aquel faro, el tiempo se les pasó volando, ni siquiera fueron conscientes del paso de las horas. Poco a poco, el Sol comenzó a emerger, iluminando el cielo, y el mar, ambos jóvenes podían verse el rostro, en la luz natural. Poco a poco, el faro se apagó, justo cuando Hans había olvidado que debía iluminarlo, ya no era necesario. Se podía ver perfectamente aquella montaña rusa en el océano, no importaba cuánto tiempo la mirase, el joven estaba impresionado, incluso horas después.

Ambos decidieron salir de aquel lugar de una vez, ya llevaban demasiado tiempo fuera. Cuando volvieron a cruzar la valla, continuaron por la zona antigua del puerto, paseando sobre aquel asfalto viejo y agrietado, por el paso del tiempo. De pronto, algo brillante iluminaba una ligera caseta, ¿cómo era posible? Allí no había electricidad. Hans y Nora se acercaron, cautelosos, fue entonces, cuando descubrieron un portal en aquella vieja construcción.

- Qué dem... ¿Qué hace esto aquí? – Preguntó la chica.

- Ya sabes, ahora los portales son aleatorios... Aparecen por donde sea – Se quedó pensando un instante. – Crees... ¿Crees que ya habrá cruzado algo del otro lado?

- No quiero saberlo... Deberíamos avisar a Leyla, y... - De la nada, Nora fue sorprendida por lo que parecía ser una especie de ciempiés, con una coraza hecha de roca. Era enorme, debía medir varios metros de longitud, parecía agresivo – Vale... ¿Se te ocurre alguna idea? – Dijo, tratando de mantener la calma.

- ¡Voy a...! – Trató de lanzarle uno de sus rayos, y, por suerte, le alcanzó. "¡Ya funciona!", pensaba el muchacho, pero aquello no le hizo ni un rasguño, la coraza era demasiado fuerte – Mierda, no le he hecho ni cosquillas... ¡Cambio de plan, a correr!

Hans cogió de la mano a Nora, y cuando se dieron media vuelta para huir, algo les pasó de largo, algo que no supieron ver, pero, sí se pudo notar. Impactó en el ciempiés, estampándolo contra otra de las casetas antiguas... ¿Qué había sido aquello?

- ¿Has notado...?

- Sí... ¿De dónde ha venido esa onda? – Nora miró en la dirección de donde había provenido el impacto, reconociendo dos figuras a lo lejos, se acercaban, una parecía más animada que la otra.

- ¡¡Wooooohoo!! ¿Cuántos puntos me daría esto si estuviésemos en un videojuego? – Una voz algo ronca asomaba con un gran vacile por delante.

- ¿Quién... es? – Hans no reconocía aquella voz y aquel tono.

- No tengo la menor idea... - Nora estaba en el mismo punto que el chico.

- ¡¡Buenos días, jaja!! Espero no haberos interrumpido mientras os dabais el lote o algo así. Tranquilos, el bicho ése es nuestro, enseguida terminamos – Parecía muy animado, como si se tratase de un juego.

Debía de tener algo más de edad que nuestros protagonistas, era un tipo muy delgado, el pelo algo revuelto, y por algún motivo, en su parte izquierda del cabello, ennegrecido, y la otra mitad, de color blanco. Vestía una sudadera ancha, de un tono lila, pantalón tejano corto, y unas deportivas blancas. Sus ojos tenían un tono marrón común, aunque poseía una mirada intensa. Además, llevaba unos auriculares colados en el cuello, del mismo tono que la sudadera, se oía la música a todo volumen, Hans reconoció la canción, era "Clint Eastwood", de Gorillaz.

- ¿Quién diablos eres tú?

- Las presentaciones luego, primero, el colega – Dijo, refiriéndose a la criatura que procedía del portal. Emergió de los escombros de aquel cobertizo, parecía cabreado, se dirigió en picado a los recién llegados. Aquel misterioso chico, puso sus dos manos frente al monstruo, el cual volvió a salir disparado, era como si una ligera onda le hubiese dado de lleno. ¿Aquello era algún tipo de don? Se preguntaban nuestros protagonistas.

La Tormenta Ignea (COMPLETO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora