20

340 32 74
                                        


Nuestro protagonista volvió a casa tras despedirse de su amigo Noah, aunque en una dirección distinta, ya que ahora... Vivía en casa de Roy. Seguía sin convencerle la idea, pero igualmente, se fue hacia allí. Una vez llegó, Leigh le comentó a su hijo que en poco rato estaría la cena, su pareja había estado cocinando, y olía realmente bien, a decir verdad.

Hans desconocía que Roy fuera buen cocinero, le sorprendió bastante. Se acomodó un poco, hasta dentro de un rato, no iba a quedar con Nora, por lo que podía ir tranquilo. Los tres se sentaron en la mesa, con un silencio un tanto incómodo, hasta que Leigh lo rompió:

- Bueeeno... Es extraño esto, ¿eh? De verdad, Roy, gracias por esto... Estoy segura de que aquí estaremos más tranquilos. ¿Verdad, Hans?

- Aah... - Se quedó cortado un instante – Sí, claro.

- Me alegra oír eso, de ambos. Y, a ver, ¿qué os parece el estofado? – Roy parecía contento.

- Tengo un novio que cocina bien, sí señor.

- ¿A ti te gusta, Hans? – El hombre buscaba la aprobación del adolescente.

- Sí, es... Un buen estofado – Se sentía muy incómodo.

- Si está malo, me lo puedes decir eh, hay confianza. Puedo prepararte otra cosa si quieres – Trataba de ser amable.

- ¿Qué? ¡No, no! D-de verdad que está bueno, es que... La mudanza me tiene agotado, eso es todo. En serio, Roy, está bueno.

- Bueno... Está bien, no te presiono más, jaja.

- Oye, Hans, me di cuenta el otro día, pero... Esa sudadera que llevas. ¿Ese símbolo raro cosido en ella estaba ahí antes? – Señaló Leigh.

- ¿El símbolo? Pueees... Supongo.

- No recuerdo habértelo visto antes.

- Pues yo no sé coser, así que.

- Vaale, vale.

- Oye, ah... Esta noche volveré tarde seguramente, ¿es un problema?

- Oh, tranquilo, te he hecho una copia de las llaves, ten – Se las acercó. – Ahora esta es tu casa también.

- Estás en todo, ¿eh, Roy? Gracias otra vez – Terminó de cenar y se dispuso a arreglarse un poco. Y de nuevo volvió a recibir otro SMS.

"ENVÍAME LA INFORMACIÓN, HANS."

Aquello comenzaba a ser peligroso, ¿cómo sabía su nombre? Debía de conocer al chico, ser alguien cercano probablemente. Hans no dejaba de pensar en Connor, ya que le pidió guardar el secreto de aquellas visiones, ¿tendría algo que ver? Ni siquiera sabía a qué se refería, probablemente a Noah, pero, ¿por qué tanto interés? Sin pensárselo demasiado, decidió hacerle caso, decidió fiarse de aquella persona anónima que le atosigaba a mensajes.

"No me ha dicho mucho. Únicamente que trabaja para el ejército, algo sobre leer las ondas cerebrales, no tiene que ver con ningún arma según él." – Le respondió el muchacho.

Durante un instante, se arrepintió a cantidades, acababa de traicionar a su amigo, pero... Dadas las circunstancias de las cosas que habían estado pasando, quizá era simplemente para protegerle, no era una buena época para venir a Cheshire. Decidió no darle más vueltas, se acercaba la hora de reunirse con Nora, en el puerto... Hans no tenía ningunas ganas de ir allí de nuevo, le preocupaba que volviese a suceder algo, pero tampoco quería disgustar a su amiga.

Llegó a la zona antigua del puerto, allí habían quedado. Un susurro golpeaba las olas del mar en la lejanía, y podían oírse los barcos crujir, el chico estaba algo acobardado, su única luz en el lugar era el flash de su móvil. De pronto, unos pasos se acercaban, una voz joven cantaba, mientras sonaba cada vez más cerca. Hans pudo reconocer la canción, se trataba de "You Always Hurt The One You Love", de Connie Francis, era una canción viejísima.

La Tormenta Ignea (COMPLETO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora