¡¡Actualización!!
no había podido actualizar ya que estuve en el hospital, ahora me parezco a la diosa Beidou, debo usar un parche de ojo pero seguiré escribiendo, hasta que esta historia y muchas mas que tengo planeado escribir concluyan
gracias a todos los que esperaron esta actualización
¡¡Disfruten la lectura y cementen o me deprimo!!
Las estrellas están rotas porque caen a pedazos en medio del océano, sin testigos, ni lágrimas de aquellos que ven partir a sus seres queridos. Albedo Kreideprinz es un genio sin precedente, atrapado en un muro de telarañas, siempre fue inteligente, guapo y talentoso en todo lo que hacía, agraciado y porqué no decirlo, coqueto y sensual, desde la manera en la que sus manos parecen delicadas a cada toque y sus ojos tan profundos como el mar, sin embargo, una tragedia lo envolvió y deshacerse de una culpa autoimpuesta sería un reto que que ni él podría conseguir.
A lo largo de sus días fue alguien feliz, por así decirlo, tenía a su maestra y su asistente y su hermana por decisión, Klee, pero todo eso desaparecio el dia que uno de sus experimentos explotó, nadie lo culpo, nadie, excepto él y ahora se encuentra tan profundo en el abismo que no se podría reconocer a sí mismo.
Su cabello cenizo se movía con el viento y sus ojos ojerosos se encaminaba a observar todo el mundo con la esperanza de morir.
Por otro lado, lo acompañaba otro joven, alguien incluso más roto que el, un chico que salió de la violencia, que nacio del odio y de un matrimonio que terminó matándose frente a su hijo, un joven que se negaba a expresar que estaba triste, roto y que no podia mas, tan herido que siempre parecía cargar el mundo en su espalda, al igual que Albedo, Alatus Morax lo tuvo todo, familia, reputacion, amor, un joven encantadoramente seductor, frío y misterioso, derrite corazones con un solo un guiño de una mirada ámbar y delineador rojo.
protector y guardián, aunque no muy alto, era capaz de curtir golpes a quien ofendiera a sus hermanas, pero un día tomó una muy mala decisión, una jeringuilla o dos, una calada de humo o dos,¿no podría dañar a nadie? se preguntó y la respuesta no fue grata, cuando envenenó a su hermana menor, su mundo terminó.
Vago por las calles y se destruyó, en cuerpo y alma, camina por su karma y vivía deseando la muerte, se convirtió en un manico borderline que disfrutaba del dolor, porque le recordaba que solo merecía aquello, tan profundo y tan siniestro que no quiso más.
Sin embargo ahora, Xiao, como prefería que lo llamaran, estaba firmemente sujeto a las caderas de un chico que parecía no importarle su pasado.
Cuando Xiao observaba el cabello cenizo volar con el aire, la piel pálida con una ligera capa de escarcha y aquellos ojos, terriblemente hermoso, lo único que podía escuchar eran los viejos poemas que kazuha solía recitar cuando estaba tan ebrio que solo miraba a la luna. Albedo era arte y de alguna manera ambos estaban condenados.
Incluso en medio de una tarde de otoño, lo único que querían era morir.
-¿cual es el plan?- había preguntado Xiao una vez que Albedo dejó de conducir frente a unos edificios bastante alejados del centro de Mondstadt.
-yo, cuando era alguien importante solía trabajar aquí- había respondido, ambos se encaminaron a la puerta trasera
-¿que te hace pensar que podremos entrar? - se cuestionó xiao
-¿Crees que dejarían ir a un genio de mi nivel?- se mofo Albedo
-explicale a este humilde panteonero, ¿que pretendes?- ambos entraron por las rejas, saltandose obviamente, Xiao señalo las cámaras y Albedo solo hizo una seña obscena frente a la cámara antes de continuar, xiao río de nuevo
-Sacarosa y yo, solíamos tener una oficina para nosotros, a veces pasamos semanas sin salir de ella, deje muchas cosas en ella y estoy seguro que sacarosa no volvió- suspiro
-Bien, ¿pero y la seguridad?, no me malinterpretes, solo dime a cuantos tipos grandes tengo que golpear- el viento frío sopló, aún olía a lluvia
-¿acaso no confias en mi?- sentenció albedo, dando pasos más largos entre callejones, Xiao sonrió de lado y apresuró el paso, al final llegaron, solo había oficinas y al lado un apartado de un solo piso. Albedo suspiro.
Xiao lo observó de cerca, a un lado de la puerta, se encontraba un monitor, albedo tecleó un par de números, su huella digital y pronunció su nombre al lado de la bocinilla, la puerta se abrió
-taraa- Albedo entró encendiendo la luz, Xiao lo siguió con una media sonrisa.
-¿Así que este era tu trabajo?- cuestiono xiao observado el lugar, había algo de polvo, papelería y muchos estantes repletos, Albedo se colocó una de las batas, lentes y guantes
-luces bastante sexy- Xiao lo abrazo por detrás mientras apretaba las caderas con ambas manos
-no vamos a tener sexo en mi laboratorio- el susurro de albedo casi lo atraganta mientras que xiao le mordía el lóbulo de la oreja
-tenemos que irnos antes que realicen una ronda de guardia- suspiro, no podía negar, aquello lo calentaba, pero no era el momento, Xiao se apartó
-más vale que valga la pena- sentenció mientras se acomodaba en la silla del escritorio.
observó como Albedo comenzaba sacando algunas cosas y sustancias de un pesado refrigerador y algunos estantes, maldijo un par de veces. seguro por el mal estado del lugar y el poco mantenimiento, pero, xiao lo encontró magistral, se veía concentrado, tal como un erudito, sin embargo, la pérdida de sangre, las emociones al límite y la falta de sueño lo vencieron, quedándose dormido sobre el escritorio.
Cuando albedo lo observo solo sonrió, tomó otra bata y se la colocó encima, algo le pico en el corazón ¿realmente quería morir? o más bien ¿realmente quería ver a xiao morir a su lado?
¿no merecía Alatus una segunda oportunidad?, tal vez si él se fuera, Xiao no moriría a su lado y encontraría la felicidad, Albedo negó, seguramente xiao podría morir solo si se lo propone, incluso sin Albedo.
-¿que somos Alatus?- pregunto sin respuesta
-Somos amigos, conocidos, amigos que cogen y se drogan cada fin de semana, ¿amantes?- se respondió
-no me atrevo a preguntarte cómo fue que llegaste aquí, ¿como sabías que te necesitaba?, incluso sin que yo lo supiera realmente- suspiro
-si me lo preguntas a mi, no quisiera poner una categoría que no quisieras- movimientos suaves sobre el vaso de precipitados, el mechero ardía lento y constante, el humo se colaba por los tubos
-si te dijera que deseo que mueras como mi amante, tal vez te asuste- tintineo, el vaso de precipitados dejó caer más sustancia sobre el matraz
-tal vez, ni siquiera me ames, como yo he descubierto que te amo. Tal vez soy tu pasatiempo, alguien con quien decidiste pasar el rato porque no me atrevería a juzgarte como los demás- la gota constante se convirtió de humo y el humo lentamente se cristalizaba
-creo que, cierto rubio se burlaría de mí, si tan solo le dijera que me enamore, y tengo miedo a decírtelo, mi amado Xiao- el cristal lentamente cayó sobre la mesa de trabajo y con agilidad fue pulverizado, hasta quedar empaquetado en una tubo de plástico sin etiqueta
-no tengo tiempo de hacer pruebas, pero jamás me he equivocado- sentenció
"¿seguro?" la voz resonó
-seguro, soy un genio, mis cálculos fueron asombrosos, incluso aquella reacción, todo fue perfecto- respondió quitándose las gafas
"tan caótico, que lastimas" Albedo la observó, era siempre la voz, era siempre su imagen, la de su maestra, la que siempre lo atormentó
-pude hacer mas, pero algo salió mal, ni mis cálculos lo predijeron y estoy dispuesto a llevar esa carga- sus ojos tan vacíos como la imagen frente a él, una nítida alucinación
-Xiao, es hora, debemos irnos-
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Beautiful Madness
Fiksi PenggemarAlbedo comenzó a despreciar su vida hacía tiempo, ya no buscaba su origen en los libros antiguos, no se preguntaba como crearla de la nada. Al contrario, adoraba la muerte, el fin de todo, la aniquilación y el dolor de sus recuerdos se curaba con va...
