Prólogo.

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  Todo en la vida pasa por algo, no hay accidentes o casualidades, todo está previsto, solo depende de tus acciones si es bueno o malo, si mejora o empeora...

  María Victoria.




  —Amelia, por favor, no lo hagas —suplica Nath—, si quieres descansar, esa no es la mejor opción, y además, no quiero que vayas y menos con esas mujeres.

  —Nathalie, no es tu problemas que es lo que haga o no —respondo mientras termino de retocar mi maquillaje—. Yo tengo mi vida ¿okey?, y aprecio que te preocupes por mí, aunque siendo sincera no me interesa, no soy una niñita como tú.

  —Pero-

  —Pero nada —la interrumpo y me dirijo a la puerta—. Preocúpate por tu vida y tus estudios, que yo no estaré pendiente de ello.

  Cierro la puerta fuertemente y salgo de casa a disfrutar un poco de una semana de descanso solo para mí.

  Nathalie es muy dramática, siempre es así, debe madurar lo antes posible y dejar de preocuparse por los demás.

  Luego, llego a un bar de lujo, en el cual tengo unas muy buenas reservaciones, y me reúno en una mesa con unas amigas a beber, hablar y que pasen las horas.

  —¿En serio hiciste eso? —pregunta mi amiga Lea —. No te creo.

  —Pues, sí —respondo y bebo otro trago de vino—.  Nadie me va a decir que hacer o no.

  —Debieron hablar como pareja y así poder solucionar todo —dice Cora, que ingenua—,  no era necesario una ruptura.

  —Ella tiene razón —justifica Alexa—. No solo rompiste con un hombre excesivamente atractivo, sino también, con un hombre excesivamente rico.

  Les conté que había roto con mi novio, porque me había prohibido seguir con mi trabajo, y como dije: nadie me dice que hacer o no. Igual ya tenía planeado romper con ese cretino.

  A ellas les importa poco lo que sucede en mi vida, solo están pendientes de las bebidas que pago con mi dinero, pero me agrada hablar con ellas.

  Nos quedamos bebiendo hasta media noche y decido irme.

  —Hermanitas —digo levantándome de la mesa y me tambaleo un poco—, yo me voy, después la niñita de mi hermana se preocupará por mí.

  —Okey amiguita, pero... —Alexa me hace la típica seña para dejarle dinero y seguir bebiendo.

  —Voy a quebrar por su culpa —respondo tirando en la mesa cincuenta dólares—. Ni más, ni menos.

  Las chicas me abuchean y salgo de allí. Me acerco a mi auto, me monto y me costó un poco encenderlo,  pero lo logro, enciendo la radio y coloco a todo volumen la música.

  Conduzco unos minutos mientras cantaba. Las calles están un poco transitadas, pero nada fuera de lo común.

  Pienso en nuevos bocetos de ropa, ya que es verano, y todos querrán ir a la moda a la playa ¿no?. Qué bueno que mi cuaderno de bocetos está lleno de ideas asombrosas para futuras modas.

  Mierda.

  Mi cuaderno de futuras obras literarias está en la casa de Anthony, y eso es indispensable para mi carrera, todas mis ideas están allí.

  Iba a girar el auto para volver, pero luego, unas luces cegadoras vienen hacia mí. Me doy cuenta que un camión venía a toda velocidad, no me dió tiempo ni de pensar cuando ya mi auto rodaba por las calles.

  Los vidrios de las puertas se rompen incrustándose en mi piel y recibo varios golpes hasta que mi cabeza golpea el volante,  y no soy consciente de lo que sucede después.




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