XXIV

24 5 1
                                        

  “El amor no mira con los ojos, sino con el alma.”

   William Shakespeare

  Estoy cansada, casi no dormí anoche por los nervios, pero eso no me puede vencer ahora, el sueño ni el cansancio pueden impedir que trabaje el día de hoy.

  —Te ves terrible —comenta Alessandro.

  —Me duele que me llames fea —respondo.

  —No, no me malinterpretes —me corrige—, he dicho que te ves terrible, no fea. ¿Anoche no descansaste?

  —Un poco, pero no importa ahora —digo y paso ambas manos por mi rostro—. Termina tu desayuno, hoy será un día largo.

  *Suspira* —Te encerraría en nuestra habitación, pero estoy emocionado en verte trabajar y haciendo lo que más amas.

  Muero por dentro cada vez que dice algo parecido, estoy acostumbrada a que alaben mi trabajo y demás, pero de su parte, se siente diferente.

  —¡Bien! —digo levantándome de la mesa—  No hay tiempo que perder, ahora debemos ir con Joanne para ver los preparativos para la inauguración.

  —¡Cómo lo ordene! —responde haciendo una pose de militar.

  Ambos reímos y tomamos un taxi que nos llevará a la boutique. En el trayecto, los nervios me matan y empiezo a mover la pierna izquierda muy rápido.

  —¿Tienes nervios? —me pregunta Alessandro—. Pensé que estabas acostumbrada a esto.

  —Una persona nunca se acostumbra a las cosas, solo se vuelven hábitos —respondo—. Puede que haya abierto varías boutiques y parece que todo esté proceso es sencillo, pero no lo es, en este momento cualquier error, hasta el más insignificante, podría dejarte en ridículo.

  —Me alegro no ser famoso —dice y coloca su mano sobre mi pierna deteniendola—. Lo harás bien, eres Amelia Isabel Otero, la mejor modista y escritora, te consideran como la joven más famosa y conocida por tu excelente trabajo.

  —Y eso es lo peor. Un solo error y ese título se va por la borda.

  —Entonces... Eres Amelia, la mujer más talentosa que conozco y que hace planes tremendamente difíciles para solucionar sus problemas.

  Quiere verdaderamente tranquilizarme y darme motivación.

  —Gracias por tus bellas palabras —digo y justamente el taxi se detiene frente a la boutique.

  Bajamos del taxi y miro detalladamente la boutique por fuera. Es grande, su arquitectura es elegante y con una ornamentación sencilla y llamativa, justo como lo había pedido. Tiene, además, unas hermosas y grandes puertas de cristal, unas plantas a los lados, se puede ver a través del cristal unos maniquíes con atuendos femeninos y masculinos; y el detalle final, un gran cartel con el nombre Amelia's...

  No llores, no llores. Estás orgullosa de todo este proceso y más que has podido mantenerte firme ante cualquier adversidad, pero no llores y menos frente el público.

  Había mucha gente que veía la boutique por fuera, claro, aún no es la inauguración, sin embargo, hay gente que ya está emocionada.

  —¡Amelia Otero! —escucho que me llaman y es Joanne quien se hacerca a nosotros—. Me alegro que estes aquí, te estaba esperando para...

  De repente, sus palabras se cortan al ver a Alessandro.

  —¿No me presentarás a tu compañero? —pregunta mirándolo, o mejor dicho, comiéndose a Alessandro de pies a cabeza.

Entre líneas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora