Los recuerdos son una forma de aferrarte a las cosas que amas, las cosas que eres, las cosas que no quieres perder
—Amelia... —llama Nath asomándose desde la sala.
—¿Sí? —pregunto aún en trance.
—Te llegó un mensaje —responde seria, lo cuál es extraño ya que ella no es así.
Me levanto y ella me entrega el celular con su rostro pálido y un poco triste. Levanto su barbilla para mirarla a los ojos.
—¿Sucede algo? —le pregunto.
—No, bueno, sí —responde.
—Dime que es.
—Solo es... —Ella rompe en llanto y me abraza—. Te quiero mucho, Amelia, por favor nunca olvides quienes son tu familia, ¿Okey?
—No entiendo tu actitud, Nath. Me estás asustando, ¿Que pasa?
—No es nada, solo te lo recuerdo —responde y seca sus lágrimas—. Buscaré mi celular para pedir la pizza, tú haz tus cosas.
Dicho esto, sale corriendo aún queriendo llorar y se va a la segunda planta de nuestra casa.
Que extraño, primero crea un momento a solas con migo y Alessandro muy feliz, y luego me llora diciendo eso. Debo ver qué se trae.
Veo mi celular para ver el mensaje que inició todo este misterio. El mensaje es de un número desconocido, que dice:
Desconocido: Buenas tardes, Amelia, soy Anthony. Tal vez no quieras verme después de cómo te traté, no supe tratarte antes, pero quisiera
mantener una conversación contigo en paz. Si no quieres está bien, lo entiendo, pero tengo un problema y necesito ayuda, tú ayuda.
¿Necesita mi ayuda, aún después de cómo me trató? Sí que es hipócrita. En fin, veré qué quiere ya que no me cuesta nada hacerlo.
Amelia: Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarte?
Anthony: Un traje, tengo una reunión para conseguir un trato que tanto necesito y debo lucir presentable. Sabes que soy un poco delicado con la ropa y por eso acudí a tí.
En ese momento, un montón de recuerdos vienen a mi mente sobre su delicadeza con la ropa. Él desde pequeño utiliza ropa exclusivamente de algodón ya que su piel se irrita de una manera horrible dejando ronchas en todo su cuerpo. Recuerdo que él, a pesar de ser su pareja, me pagaba como debía para confeccionarle ropa.
A parte de esos recuerdos, llegan a mí recuerdos de niña, cuando comencé mis primeros pasos de modista, con una pequeña caja de hilos y un cuaderno con garabatos que se suponían que eran trajes de gala... Estoy recordando.
Anthony: ¿Amelia? ¿Estás allí?
Amelia: Sí, disculpa. Tengo varios pedidos pendientes y estoy un poco ocupada, pero puedes ir a mi boutique al mediodía para tomar tus medidas y anotar detalles sobre el traje que quieres.
Anthony: Muchas gracias, Amelia. Nos vemos mañana.
Me dirijo a la cocina para beber un poco de agua y tomo asiento en una silla. Quedo allí con la mirada perdida y con la mente en blanco, es como si me hubieran desconectado de mi propia mente.
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Entre líneas
RomantikUn día era una famosísima escritora y modista, muy perseguida y admirada por todos a pesar de su arrogancia y orgullo. Luego, el destino le cobra factura arrebatándole sus memorias y despierta de un accidente sin siquiera saber su propio nombre. P...
