La probabilidad de hacer mal se encuentra cien veces al día; la de hacer bien una vez al año.
*Refrán*
Narra Alessandro.
—¡Lo estás haciendo bien! —digo alentando al pequeño Diego—. Vamos, continúa.
En mi jornada laboral, paso por la sala de fisioterapia apoyando a Diego, quien a podido mover sus pies.
El padre del niño lloraba de felicidad mientras frotaba los hombros de éste por detrás, las enfermeras están festejando y yo... Bueno, no puedo explicar por palabras la alegría que siento por este niño.
—¡Lo hice!, ¡Lo hice! —exclama Diego emocionado por su gran progreso—. ¡Pronto podré jugar con mi bicicleta.
—Claro que sí —afirmo—, solo debes seguir moviendo tus pies y poco a poco tus piernas lo harán igual.
Diego, de repente, empieza a llorar y me acerco un poco para consolarle.
—No llores pequeño —le digo—. Pronto todo esto acabará y podrás jugar, ya lo verás.
—Muchas gracias —solloza el niño—. Prométeme que usted me visitará cuando termine todo.
—¿Que? ¡Claro que lo haré! No te preocupes, yo mismo te compraré una bicicleta.
—¡¿De verdad?!
—¡Claro!
Estaba emocionado, feliz, orgulloso, me encanta la sensación que tengo cada vez que curo a un paciente y más si son como este niño.
El padre de Diego me abraza cálidamente y dice:
—Gracias, muchas gracias doctor Brown. No sé que hubiera sido de mi hijo sin su ayuda.
—No me agradezca —respondo—. Su hijo crece rápidamente y está sano y fuerte, a excepción de sus piernas, estoy seguro que pronto podrá salir de aquí.
—Gracias nuevamente.
Salgo de la sala muy alegre y me encuentro con mi buen amigo Charlie.
—¡Hey, Ale! —saluda—. ¿Cómo te fué con el niño? ¿Ha progresado algo?
—Si, mucho, ya puede mover los pies sin ningún problemas —respondo—, ¡Por fin!
—Debes de estar feliz, ¿no?
—¿Cómo no estarlo? Ese niño ha pasado por mucho, merece ser libre de su condición.
—Muy bien, entonces, ¡celebremos!. Vamos a ese bar que queda cerca del parque y celebramos.
—Sabes que odio el alcohol —digo con un tono serio—. No bebo esa porquería.
—Lo sé, por eso mira lo que te compre. —Del bolso que lleva puesto, saca un juguito de manzana para niños—. A poco y esto es lo que te gusta a tí.
—Infantil —digo para seguir con mi camino.
—Bien, bien, fué un juego muy pesado —dice siguiéndome el paso—, pero, por favor, solo serán unas copas y solo eso.
*Suspiro* —¿Sabes que si bebo alcohol podría dificultar mi trabajo a la hora de hacer una operación?
No pienso ocultarlo, sí he bebido alcohol y me gusta con moderación, pero a lo que concierne beber con este loco es peligroso, no sé que hace para que todos a su alrededor de emborrachen de una manera espeluznante, es mi mejor amigo, pero ni loco bebo con él.
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Entre líneas
RomanceUn día era una famosísima escritora y modista, muy perseguida y admirada por todos a pesar de su arrogancia y orgullo. Luego, el destino le cobra factura arrebatándole sus memorias y despierta de un accidente sin siquiera saber su propio nombre. P...
