Narra Amelia.
Estoy con los nervios a flor de piel, Beatriz se fué hace varias horas y Anthony tampoco ha venido. ¿La habrá descubierto y la mató?, ¿pudo encontrar a Alessandro? No, debo tranquilizarme ya que ésto no es sano para mí.
Tomo asiento sobre la cama y me subo la camisa, la cuál me queda grande para no mostrar el crecimiento de mi hijo, y acaricio mi vientre con una pequeña sonrisa.
—Ay, hijo. Mi única esperanza eres tú —digo—. Ya quiero salir de aquí y comenzar a cuidarte cómo se debe: dietas, descansos, ir a lugares tranquilos y no preocuparme tanto; cosa que no hago aquí.
A veces hablo con el frijolito que crece en mí, me tranquiliza, me da esperanza y tranquilidad, pero siento que sufre por los malos cuidados. Cómo he dicho: ya quiero salir de aquí y cuidarlo cómo se debe.
En eso, la puerta se abre y bajo mi camisa rápidamente. Anthony entra, con una cara de pocos amigos, y se acerca a mí con sus brazos cruzados.
—¿Beatriz vino a traerte la cena? —pregunta, con un tono serio y casi molesto.
—No, no ha venido —respondo y trato de mentir lo mejor que puedo—. Más bien, tengo hambre. ¿No ha estado mi cena?
—Supuestamente, salió a hacer unas compras, pero se retrasó un poco. —Él coloca ambos brazos sobre la cama para sostener su cuerpo y poder acercarse significativamente a mí—. Tú sabes a dónde fué.
—¿Por qué piensas eso? —pregunto.
—Noté que últimamente hablas mucho con ella —responde—. No intentas huir de nuevo, ¿verdad?
—Anthony, ya me rendí —aseguro levantando mis hombros levemente—. Esperé que Alessandro o alguien viniera por mí, pero nadie vino. Se olvidaron de mí.
Hago que mis ojos se llenen de lágrimas y finjo estar muy dolida.
—¿Sabes? Quise seguir esperando, pero ya pasó mucho tiempo. Tú ganaste —digo y bajo la cabeza.
—No creo tu actuación —dice y se endereza—. ¿Me intentas mentir de nuevo?
—Ya sé lo que conlleva mentirte o hacer algo que no te gusta. Lo sé por experiencia —aseguro—, no soy masoquista.
—¿Segura?
—Si.
—Entrega tu cuerpo a mí, ahora mismo —dice, con una mirada perversa—. Si es cierto que te rendiste, no tendrás problemas en hacerlo.
Infeliz, quieres probar si te digo mentiras con algo que sabes perfectamente que no haré.
—Mi cuerpo sigue maltratado, me duelen ciertas zonas de éste —digo, y le señalo varios lugares dónde los moretones me duelen más.
—Entonces, bésame —propone.
No quería llegar hasta este extremo, pero si Beatriz consiguió encontrar ayuda, sólo será por esta vez.
Perdóname, Alessandro. Pero ya no quiero que me siga golpeando, además, lo hago por los dos.
—Bien —digo—, acércate.
Él se acerca sin vacilar y tomo sus mejillas para presionar mis labios con los suyos. Comienzo sin mucho afán, pero él introduce su lengua dentro de mi boca intensificando más el beso.
Toma mi cintura y me coloca contra la cama para subir sobre mí, entro en pánico un momento por no querer permitir más de éste abuso, y me quejo fingiendo que me duele alguna cosa.
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Entre líneas
RomanceUn día era una famosísima escritora y modista, muy perseguida y admirada por todos a pesar de su arrogancia y orgullo. Luego, el destino le cobra factura arrebatándole sus memorias y despierta de un accidente sin siquiera saber su propio nombre. P...
