XXV

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  “No solo has jugado con fuego, has empapado las cerillas con gasolina”

  Sung Kang.

  Bien... Estoy lista.

  Salgo del taxi junto a Alessandro, saludo con mucho aprecio y cortesía a los presentes, para empezar al fin, la inauguración.

  Hoy es el día, mi nueva boutique en Londres—Inglaterra. Un nuevo comienzo, un gran paso hacia algo más grande que he estado planeando y deseando desde hace mucho tiempo, y después de tanto trabajo, lo he logrado... Lo hice.

  —¡Y ahora, me complace anunciarles! —digo emocionada. Tomo las tijeras de plata, me acerco a la cinta roja que cubre la entrada de la boutique y la corto—. ¡Que la nueva boutique Amelia's abre sus puertas!

  El público presente aplaude y empiezan a entrar a la nueva boutique.

  —¡Pero que bello!

  —¡Quiero llevarme este vestido!

  —¡No puedo creerlo, nunca había visto atuendos así!

  Solo se escuchan los asombros y halagos de los clientes y los empleados trabajando. Todo empieza a cobrar forma; cada cosa está en su lugar, cada quien hace lo que debe de estar haciendo y todo fué un éxito.

  —La felicito, señorita Otero —dice Alessandro detrás de mí—. Lo ha hecho increíble.

  —Gracias —le respondo y giro para verlo—. Todo es maravilloso, salió bien, mejor de lo que yo creía.

  *Ríe* —Creo que es justo que saliera así, tanto trabajar rindió sus frutos.

  —Si... Aunque, este es solo el comienzo. Tengo planeado hacer otras cosas, pero por ahora, disfrutemos de la celebración.

  —Opino lo mismo.

  Mientras los clientes hacían sus pedidos y los empleados los tomaban, otros solo veían asombrados y otros celebraban al igual que nosotros .

  Festejamos durante varias horas, ya me cansaban los tacones de siete centímetros y mi vestido de gala ya me tenía asfixiada, pero vale la pena.

  Luego de un rato, noto que algunos se están pasando con el vino, miro el reloj y ya es suficiente fiesta por hoy, tanto olor a vino se le pagarán a los vestuarios, y nadie quiere eso.

  —¡Lo logramos! —grita Joanne, está un poco ebria—. Tanto trabajar merece una gran gala como esta.

  —Así es —respondo—, pero yo me retiro.

  —¡¿Qué?! —exclama—. Pero aún son las nueve de la noche.

  —La exhibición empezó a las cinco —respondo—, no quiero que se arruine el lugar, ya hay algunos que se pasaron de copas y no quiero vestidos llenos de vómito.

  Empiezo a despedir a los invitados y poco a poco se van, incluyendo a Joanne que dijo que iría a su casa y me deseó un buen viaje. Luego, me despido de los trabajadores y Alessandro y yo nos vamos a hotel.

  —Creo que yo también me pasé con algunas copas —comenta Alessandro sosteniéndose de una pared—. Estoy mareado.

  —Estas ebrio —digo y río a carcajadas—. ¿Usted no es quien me advierte siempre de no pasarme de copas?

  —No se burle —responde y toma su compostura—. ¿A dónde iremos?

  —Al hotel, debemos hacer nuestras maletas para irnos.

Entre líneas Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora