“Millones y millones de años todavía no me darían el tiempo suficiente para describir ese pequeño instante de toda la eternidad cuando me abrazas y yo te abrazo a ti”.
Jacques Prevert
—Vamos, Alessandro, por favor —digo.
—No, es peligroso y más a esta hora de la noche —responde—. Debería descansar, esta mañana no se podía colocar de pie y ¿ahora quiere ir a la universidad?. Conmigo no cuente.
Estaba frente al apartamento donde vive Alessandro pidiéndole que me acompañe a la universidad donde estudié, pero no quiere, tengo en cuenta que es tarde, pero quisiera ir ahora mismo.
—Bien, tiene razón, es muy tarde y debo irme —*Suspiro*—. No debo abusar de su ayuda, usted me ha ayudado mucho en todo y ahora lo estoy fastidiando de más. Me voy, nos vemos otro día.
Doy media vuelta y me dispongo a caminar para ver si funcionó mi actuación y que al final me acompañe.
—Que descanse —dice.
—¡¿Es en serio?! —exclamo—. ¿No lo convencí?
—Sé que estaba actuando, por eso no acepté —responde y ríe a carcajadas.
Bueno, creo que al final si debo ir sola.
—¿Por qué quiere que vaya? —pregunta—. Pensé que era autosuficiente y podría ir sola.
—Claro que puedo ir sola, ni que lo necesitara para caminar —respondo ofendida—, solo le pregunté si quería ir, sino, no me interesa. Hasta luego, doctor Brown.
Ahora sí que decido irme a la universidad yo sola.
¿Qué me sucedió? Qué tonta, yo puedo ir sola, no lo necesito para nada.
De repente, siento que me abraza por detrás sin dejarme escapatoria.
—¡¿Que hace?! —exclamo—. ¡Le exijo que me suelte ahora mismo!
—No se ponga así, señorita —dice y me suelta para besar mi mejilla—, solo jugaba con usted, quería ver si podría lastimar su orgullo.
—De todas maneras, no hace falta que venga, conozco el camino —aseguro y sigo caminando.
Detrás de mí aún escucho su risa, parece divertirse haciéndome enojar, pero no le veo la gracia, me ha ofendido de la manera más estúpida del mundo.
Él corre hacia mí y hala mi brazo para estar de frente.
—No se enoje, por favor —pide y besa mi mano—. No pensé que se enojaría así.
—No estoy enojada, estoy ofendida —digo.
—Ofendida o enojada no quisiera que esté así conmigo. —Me abraza y le correspondo—. Vamos a esa universidad, pero a cambio usted debe darme algo.
—¿Qué quisiera?
—Sorprendeme.
Luego, Alessandro toma mi mano y empezamos a caminar a nuestro destino. Empezamos a hablar sobre la foto que había encontrado y la razón por la cuál quiero ir a la universidad. Él me felicitó y dijo que me ayudaría sin tocar mi orgullo.
Un rato después, quedamos en silencio y miro su perfil. De verdad, es un hombre atractivo, con buen sentido del humor, carismático, bondadoso, honesto, un poco infantil, pero me gusta que sea así. De esa manera, los días nunca serán aburridos.
—Señorita Otero, sé que tengo un perfil atractivo, pero esa no es razón para que me mire tanto tiempo —dice.
—Disculpe, solo estaba pensando.
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Entre líneas
RomansaUn día era una famosísima escritora y modista, muy perseguida y admirada por todos a pesar de su arrogancia y orgullo. Luego, el destino le cobra factura arrebatándole sus memorias y despierta de un accidente sin siquiera saber su propio nombre. P...
