Alessandro se despierta en una celda fría y oscura con un gran dolor de cabeza y picazón en el cuello. Luego, recuerda lo que sucedió la noche anterior, explicándose cómo acabó aquí.
Una gran tristeza presiona su pecho y llora en silencio con las manos sobre su rostro.
«Maldicion, si pudiera haber hecho más...», piensa.
En la celda, aparece un oficial y toca con sus llaves la reja. Sintió un poco de compasión y tristeza verlo así, todo el mundo ya sabía por lo que lloraba ese pobre hombre, nadie lo puede negar.
—Alessandro Brown, es libre —anuncia el oficial—. Busque sus cosas en la recepción.
Alessandro se levanta sin ánimos y sale de la prisión, sin ninguna advertencia ya que dudan que pueda hacer otra cosa.
—¿Qué sucedió con Anthony? —pregunta.
—Murió ayer —responde el oficial.
Los ojos de Alessandro casi se salen de sus cuencas al escuchar esa noticia. Él recuerda haber dejado muy mal herido a Anthony, pero nunca pensó que podría asesinarlo.
—Yo lo...
—No, usted no lo asesinó —interrumpe—. De ser así, no lo hubiera sacado de esa celda.
» Usted estuvo inconsciente por tres días y Anthony, al estabilizarse un poco y ver la condena por sus actos, tomó el bisturí y se cortó el cuello. No soportó la noticia.
Alessandro suspira de alivio al saber que no lo mató.
Sale de la comiaria luego de buscar sus cosas, mira por ambo lados sin saber que hacer o pensar. Comienza a caminar por las calles con la cabeza baja y las manos en los bolsillos, no parece ni la cuarta parte de lo que era él. Está muerto en vida.
Levanta un poco la mirada y supira tristemente al darse cuenta que, a pesar de que ha muerto una perona tan importante para él y para la sociedad, la vida continúa y su muerte pasa a segundo plano.
Decide ir a la mansión y decansar un poco. Al llegar, encuentra a Nathalie sobre el sillón mirando el techo de la mansión con rastros de lagrimas en sus ojos.
—Hola, Nathalie —la saluda.
—La cremé —dice sin pensar, e ignorando el saludo de Alessandro—. Mandé a esparcir sus retos en el rio más cercano. No tengo fuerza ni valentía para despedirme cordialmente de ella.
—Lo entiendo —responde y toma asiento sobre el sillón que eta a un lado.
Al mirar a un lado, nota que hay unas maletas cerca. Le entra una breve curiosidad saber que hará con esas maletas, pero supone que es la ropa que dejó Amelia.
—Son mías —dice Nath, notando la mirada de Alessandro—. Vendí la mansión.
—¿Qué? —pregunta sorprendido, la noticia lo tomó por sorpresa.
—Me mudaré a Nueva York, no haré nada aquí y sé que no te gustan las casas tan grandes y lujosas —responde—. ¿Sabes? Amelia me contó que te gusto un montón su viaje a Inglaterra, el vuelo más próximo sale en unas horas.
—No tengo ganas —asegura—. Nada me espera allá.
—Te dieron unas semanas libres por tus heridas y por la pérdida. Sería bueno —insiste.
En realidad, Alessandro no tiene mucho que hacer, no tiene ningún plan ni motivación para hacer algo diferente, así que no le pareció tan mala la idea. Aunque, sabe que irá sólo esta vez.
ESTÁS LEYENDO
Entre líneas
RomanceUn día era una famosísima escritora y modista, muy perseguida y admirada por todos a pesar de su arrogancia y orgullo. Luego, el destino le cobra factura arrebatándole sus memorias y despierta de un accidente sin siquiera saber su propio nombre. P...
