Extra 5 ;Aquel encuentro

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—Xan… ¿Estás seguro de esto?

El corazón de Dylan latía con tanta fuerza que sentía que se le iba a salir del pecho. Sus manos temblaban, su garganta estaba cerrada y, por un momento, pensó que iba a colapsar.

—Mi amor… Las pruebas dijeron que sí. Y las pruebas de sangre no se equivocan —murmuró Xander con voz tranquila, acariciando su espalda—. Además, te prometí que te ayudaría a encontrarlo.

Dylan tragó saliva, sus ojos fijos en la entrada de aquel jardín escondido entre los campos.

—Pero… creí que papá estaba muerto. —Su voz se quebró—. Pensé que... que tal vez lo único que podría hacer era visitar su tumba.

Xander lo atrajo con cuidado hacia sí y besó su frente con una ternura inmensa.

—Tranquilo, mi amor. Él te está esperando.

Dylan asintió despacio, sus pasos temblorosos al cruzar aquel portón. El olor a flores frescas lo envolvió, mientras observaba a un Omega de cabello claro inclinarse con cuidado sobre unas rosas tan rojas que parecían irreales. El hombre levantó la vista y, apenas sus ojos se cruzaron con los de Dylan, dejó caer lo que tenía en las manos.

—Cachorrito… —susurró, y en un instante, lo abrazó con fuerza.

Dylan se aferró a él con los ojos llenos de lágrimas. El aroma a caramelo, ese calor suave, casi olvidado, lo envolvió por completo. Todo se sentía irreal. Y, sin embargo, era la primera vez en su vida que algo se sentía verdaderamente correcto.

—Lo conocí cuando tenía diecisiete años… él tenía veinte —murmuró Khoa, con la voz ronca, los ojos celestes empañados por la tristeza—. Venía sujetando la cintura de Megan cuando nuestros ojos se encontraron por primera vez.

Dylan apretó las manos sobre su regazo.

—Fue… fue tan mágico. —Khoa giró el rostro hacia él y acarició su mejilla—. Tienes sus ojos. Eres idéntico a él, Dylan.

A medida que las palabras de Khoa reconstruían el pasado, la verdad se desplegaba con el peso de una herida abierta: un amor prohibido, una noche bajo la luna, una traición familiar, y el fuego del miedo que los consumió.

—Sabía que no estaba bien… que no debía enamorarme del novio de mi hermana. —La voz de Khoa tembló—. Pero era mi destinado. No podía evitar sentirme seguro a su lado, querido… vivo.

El hombre sollozó, su cuerpo sacudiéndose entre lágrimas que por años había contenido.

—Solo fue una noche. Llegó ebrio a mi habitación… ni siquiera sé cómo subió por la ventana…

Y los recuerdos lo invadieron como una ola.

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Recuerdo

Las sábanas lo cubrían hasta el mentón, acurrucado contra la almohada que aún retenía el aroma de Kyler. Hasta que un ruido en la ventana lo obligó a incorporarse.

Allí estaba. Su Alfa. Con los ojos chocolatados brillando bajo la luna y un fuerte olor a alcohol.

—¿Qué haces aquí? —susurró Khoa.

Kyler se acercó, besando sus labios con suavidad. Su sonrisa era tan genuina, tan rota a la vez.

—Quisiera llevarte muy lejos, Khoa… donde nadie pueda separarnos. Donde podamos criar a nuestro cachorro.

El Alfa bajó la cabeza y apoyó su frente en su vientre apenas abultado.

—Donde podamos ser una familia… feliz. Sin miedo. Sin dolor.

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora