12

70.3K 5.5K 891
                                        

Dylan

Sentía mi piel más tibia de lo normal. Revolví mi cabello con impaciencia mientras el calor recorría mi cuerpo como una corriente invisible pero insistente. Arrugué la nariz con desagrado, incómodo, irritado.

No aguanté más. Me metí en la ducha con la esperanza de aliviar ese fuego. Pero el agua no servía. No bajaba la temperatura de mi cuerpo. Tragué saliva con dificultad, negando con la cabeza. No... no podía ser.

Apenas salí de la ducha, un dolor punzante atravesó mi vientre bajo. Me encorvé con un gemido ahogado.

—No, no, no... oh, m... — jadeé, temblando.

Ese calor tan familiar se intensificó en cuestión de segundos, extendiéndose por cada rincón de mi cuerpo. Apreté la toalla contra mí, la piel cada vez más sensible. Respiraba con dificultad, agitado, y me recosté en la cama con un gruñido bajo, mi cuerpo negándose a calmarse.

Toqué mi rostro, tratando de mantener la compostura, pero terminé quitándome la toalla. Mentiría si dijera que no dolía. Me froté el rostro y me levanté, desnudo, tambaleante.

Tal vez Xander tenga supresores... o tal vez... él mismo...

No necesitó abrir la puerta. Lo hizo antes de que pudiera llamarlo. Ahí estaba, en el umbral, sus ojos ampliándose al verme. Tragó saliva. Dio un paso atrás al notar mi desnudez.

—X-Xander... — murmuré, apretando las piernas cuando sentí la lubricación humedecerme. Mi piel ardía, las mejillas rojas. —Xan...

—Mierda... — susurró, acercándose rápidamente. Me tomó por los hombros, alzándome en sus brazos con facilidad. Aspiré hondo su aroma, mi respiración entrecortada, dolorida.

Al tocar la cama, solté un gemido. El calor era insoportable. Mi cuello ardía, y mi marca comenzaba a cosquillear.

Lo miré. Él también temblaba. Estaba luchando consigo mismo. Podía verlo en su mirada, en la forma en que se mordía el labio, en sus movimientos tensos.

—Xander... — supliqué, sin pudor — Te necesito... por favor, Alfa...

Negó con la cabeza, aunque su sonrisa fue suave, comprensiva. Todavía estaba cuerdo. A diferencia de mí.

Lo deseaba. A él. No quería supresores. Quería su alivio. Quería a mi Alfa.

El calor me cegaba, y su aroma me golpeó con fuerza. Tan fuerte que me hizo jadear.

—Tranquilo... — murmuró él, con la voz densa.

Su piel también estaba caliente. Muy caliente.

Estábamos en celo. Ambos.

Lo tomé del brazo, casi suplicando. Pero se zafó de mi agarre. Frotó mi mejilla, y giró mi rostro con suavidad, evitando mi mirada.

Mi lobo gimió por dentro. Herido.

—A-alfa... — susurré, apenas audible.

Gemí, apretando las piernas, sintiendo mi lubricante escurrir por mis muslos.

Xander salió apresurado. Y yo dejé caer la cabeza en la almohada, ahogando un sollozo.


Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora