A decir verdad, el dolor en mi cuerpo me importó nada. Realmente nada de nada. Ni siquiera recordé que me dolían las caderas; simplemente salté de golpe sobre su cuerpo.
Mis brazos rodearon su cuello, haciendo que quedara de puntillas… bueno, realmente colgando, ya que el Alfa me ganaba mucho en altura.
Arrugué las cejas un poco, pero deshice la expresión.
—¿Estás idiota? —cubrí mi boca de inmediato, pero resbalé y casi caigo al suelo, algo apenado por lo que dije—. N-no... digo, ¿no crees que es algo muy precipitado? Ya sabes, llegar con tus padres y decir: "Hola, marqué a un Omega que ni conozco".
Me miró, confundido por mis palabras, y soltó una pequeña respiración. Su cabello suelto cayó sobre su frente. Hizo el intento de querer irse, pero me colgué de su cuello con más fuerza, abrazándolo como un bebé koala a su mamá. Le di un golpe suave en la cabeza, aún aferrado a él.
—¡No podemos decirles ahora mismo! —exclamé, sintiendo mi corazón acelerado.
Fruncí el ceño cuando Xander dejó las llaves sobre una mesa, mirándome con ligereza. Tomó mis caderas, y eso me puso nervioso. Sentí su respiración cerca, tragué saliva, y mis mejillas se enrojecieron lentamente.
Nuestros rostros estaban demasiado cerca. Su nariz rozó la mía. Se había duchado, había hecho el desayuno, y aún así seguía oliendo a cigarrillos y sándalo, como en la mañana.
Si tan solo tuviera un poco de atrevimiento… incluso si me estiraba podría… No. Cálmate, Dylan.
Arqueé apenas las cejas, sintiendo las mejillas tibias.
—No saldrás de aquí, no ahora —susurré sobre sus labios, intentando no parecer nervioso.
Bajé de encima de él, casi de manera brusca. Me alejé unos pasos, apuntando a la entrada.
Él alzó ambas manos, mostrando las llaves, y luego las dejó a un lado. Me miró con ojos brillantes, y yo ajusté mi postura, bajando ligeramente la mirada.
—Qué intenso —murmuró algo que no alcancé a oír bien. Alcé la mirada de golpe y él sonrió de lado, mostrando esa arruga en su boca.
—¡¿Qué?! —dije al borde de los nervios, sintiendo los latidos de mi corazón acelerarse.
Mierda, mierda, no debo sufrir un ataque de ansiedad. Respira, vamos, respira.
Dejé salir un pequeño quejido bajo y suspiré, intentando controlar mi respiración. Lo observé, negué un poco, y cuando sentí sus latidos, los míos volvieron a la normalidad.
—Soy un adulto. Ellos entenderán. No soy un niño, y mucho menos tú, Dylan. Supongo que no es tan alarmante. Y no me interesa lo que digan los demás sobre una unión sin cortejo.
Apreté los labios.
—¡No podemos decirles ahora! ¡Mis madres enloquecerán si se enteran de que fui marcado sin ser cortejado! Esas mujeres están un poco… en su época.
Tomó mis hombros lentamente. Dejé salir una respiración baja. Creo que solo estoy nervioso y asustado.
Mis madres eran lo peor en la vida. Eran mi propia pesadilla.
Me hizo sentar, sintiendo sus manos sobre mí. De algún modo, me relajó un poco. Su sonrisa me transmitió tranquilidad, y me limité a calmarme.
—Somos mayores, ¿no? —Asentí un poco, mirándolo con ojitos lastimeros—. Entonces tenemos que enfrentar esto como se debe. Estás marcado, pero ambos sabemos que no podemos rechazar la unión por nuestros lobos.
Apreté los labios, y sentí cómo mis ojos se llenaban de lágrimas. Si tan solo hubiera marcado a alguien más… o yo... No. Detente, Dy.
—Pero… —me quejé, recostándome un poco en el sofá. Él puso un dedo entre mis labios. Mis mejillas automáticamente se pusieron rojas.
Mi respiración se atascó un poco. Lo miré a los ojos, y él hizo lo mismo. Sentí nuestra unión reciente.
—Hey, tranquilo. Yo no tengo problema con estar enlazado. Hay que pensar con cabeza fría, lindo.
Una lágrima resbaló por mi mejilla. Apoyé mi cara en su pecho.
—Me van a matar —dije—. Me matarán y me volverán a revivir para matarme de nuevo. Mamá siempre me dijo que debíamos ser cortejados. Después, pasar un tiempo… y entonces marcarse.
Unos grandes brazos me rodearon. Pude sentir su calidez, esa protección que empezaba a brotar en mi pecho y en todo mi cuerpo. Me dejé llevar. Después de unos minutos, su mano acariciaba mi cabello mientras la otra subía y bajaba por mi espalda. Cerré los ojos, apretando un poco su camisa.
—Tranquilo. Todo estará bien. Estamos juntos. Me haré responsable de esto si algo malo pasa. Sabes que tienes a tu Alfa, se puede decir —sonrió un poco débil, e hice lo mismo—. No voy a escapar ni actuar como idiota, como muchos Alfas suelen ser.
—Bien... lo haremos. Les diremos, pero no ahora —froté mi rostro un poco—. Mi madre debe estar furiosa. Escapé, pero no sabía a dónde ir, ya que no suelo salir —intenté no sonar miserable—. Después fui a una fiesta y decidí que era mejor olvidar, al menos por unas horas.
Asintió un poco. Aún entre sus brazos, cerré los ojos. Sentí su nariz sobre mi cuello y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Suspiré.
—Cuando estés listo, ambos les diremos. Pero debes volver a tu casa —cierto… debo hacerlo, no quisiera.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.