34

46.4K 4K 762
                                        

Dylan

Sonreí al ver a Xander.

Mis ojos se humedecieron de inmediato al verlo con nuestro bebé en brazos. Sostenía al pequeño como si fuera de cristal, con un miedo evidente a hacerle daño, como si temiera romper algo tan perfecto. Caminó hacia mí con una sonrisa tan suave que me partió el alma.

Dean se veía diminuto, acurrucado contra su pecho.

— O-oh, diosa — susurré apenas, al recibirlo entre mis brazos —. Es tan hermoso… — pasé los dedos por sus facciones con asombro —. Tan chiquito… cinco deditos — murmuré, tocando su mano — tan suaves, tan tiernos.

Xander besó mi frente, y sentí que todo en mi interior se rendía al calor de ese gesto. Quise llorar de nuevo, pero esta vez no por el dolor, sino por la certeza de que todo había valido la pena. Cada lágrima. Cada grito. Cada miedo.

— Ya somos papás — dije con un suspiro tembloroso, sin dejar de mirar a nuestro hijo. Xander sonrió, y al separarse un poco de mí, vi sus ojos brillar. Me enamoré de nuevo.

— Parece que fue ayer que despertamos desorientados… y mi marca brillando en tú cuello — murmuró él con una sonrisa que me hizo reír.

— Oh Dios… te amo — dije. Me besó, y luego volvió a mirar a nuestro hijo como si fuera la cosa más preciosa del mundo.

Y lo era.

Nos acurrucamos los tres. El calor de mi Alfa, su aroma envolviéndonos, y nuestro cachorro entre ambos. Dean. Nuestro hijo. Todo en él me pertenecía, nos pertenecía.

Era real.

Era nuestro.

La puerta se abrió en silencio, y Darren, el papá de Xander, entró en puntillas, como si tuviera miedo de romper el momento.

— Mira a esta hermosura — dijo en voz baja —. Es demasiado bonito.

Dean hizo un ruidito suave en mi pecho, removiéndose con gracia. Sonreí y acaricié su mejilla gordita, disfrutando de la suavidad de su piel.

— ¿Quiere cargarlo? — pregunté, viendo cómo se le iluminaban los ojos, aunque negó rápidamente, algo avergonzado.

— Soy muy torpe. Xander se me cayó cuando era bebé.

Solté una carcajada, justo cuando Xander abría la boca, escandalizado.

— ¡Papá!

La mirada que le lanzó fue tan dramática que tuve que aguantar la risa. Darren se encogió de hombros y el Omega mayor, su pareja, intervino.

— Yo sí quiero — dijo con una sonrisa tierna, acercándose con mucho cuidado. Observé de reojo cómo Xander lo vigilaba de cerca, nervioso.

— Está muy chiquito… gordito y adorable — dijo, cargándolo con delicadeza —. Es hermoso. Se nota que lo hicieron con mucho amor — agregó con una sonrisa pícara.

Mis mejillas ardieron.

— ¡Pá! — protestó Xander, aún más rojo. Su padre soltó una carcajada y le pasó el bebé, que fue directo a los brazos de su Alfa como si supiera exactamente dónde pertenecía.

— Te reconoce completamente — dijo el Omega mayor con una mirada enternecida mientras yo lo recibía de nuevo en mis brazos.

Dean se acomodó contra mi pecho con una tranquilidad que me hizo suspirar. Mi bebé. Mi amor. Mi corazón.

Golpes suaves en la puerta interrumpieron el momento. Owen asomó la cabeza, con Dante en brazos.

— ¡Holi! — saludó alegre, y Dante rio de inmediato, contagiado por la emoción.

Asher los seguía, siempre firme, y palmeó el hombro de Xander.

— Felicidades, DyDy. Y tú también, Xander — dijo, con una sonrisa apenas visible que, sin embargo, me reconfortó. Su seriedad me intimidaba, pero hoy hasta él parecía más cálido.

— ¡Es muy bonito! — chilló Owen, acercándose a mirar a Dean. — Se nota que lo hicieron con mucho amor — volvió a bromear, haciéndome desviar la mirada, avergonzado.

— ¡Dioses, dejen de decir eso! — protestó Xander, más rojo que nunca.

— ¡Eso mismo dije! — gritó Darren desde el sillón.

Las risas llenaron la habitación y el aire se volvió más ligero. Por primera vez en meses, me sentí rodeado de amor, de calor, de familia.

Dos meses después

Dean se reía en mis brazos mientras yo lo llenaba de besos ruidosos. Sus ojitos color ámbar me observaban con atención, su naricita de botón se arrugaba cuando reía. Sentía su cuerpecito relajado, su alma tranquila entre mis brazos, embriagado por nuestros aromas.

Xander me rodeó con sus brazos desde atrás, apoyando su mentón en mi hombro. Su respiración cálida me estremeció cuando dejó un beso suave en mi cuello.

— ¿Eres feliz? — susurró en mi oído.

Sonreí. Asentí sin dudar, con el corazón latiendo con fuerza.

— Jamás había sido tan feliz, Xander. Gracias.

— ¿Gracias por qué?

— Por demostrarme que no todos los Alfas son iguales… por amarme… por amar a nuestro hijo… por hacerme sentir seguro, por mostrarme que podía ser feliz… por marcarme.

Él sonrió, y nuestros labios se encontraron una vez más. Luego bajó la mirada hacia Dean y acarició su cabecita con ternura.

Y ahí supe que no necesitaba nada más. Ni más palabras, ni más promesas.

Solo esto.

Su amor, nuestro hijo, y esta paz.

Para siempre.




Fin?

9-09-2019     —      16-09-2019

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

9-09-2019     —      16-09-2019

Debo agradecerles a todos ustedes por estar junto a mi mientras crecía esta historia.
Gracias a todos ustedes.

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora