30

46.8K 3.9K 360
                                        




Dos meses

Dylan

Llevaba las manos sobre el abdomen una y otra vez, como si eso pudiera calmar las mariposas que no dejaban de revolotear en mi pecho. Mis piernas se movían inquietas y mis mejillas seguían tibias, enrojecidas por los nervios… y por las miradas.

¿Nunca habían visto a un Omega en cinta?

Gruñí muy bajo, juntando más mi cuerpo al de Xander, buscando su calor, su aroma, su protección.

Mis feromonas marcaron su cuerpo en un reflejo automático y posesivo. Él era mío. Mío. Mi Alfa.

Xander hojeaba unos documentos con su atención puesta en el papeleo, pero aun así su cuerpo permanecía inclinado hacia mí, atento a mis cambios. Yo cerré los ojos con fuerza, apretando los labios.

—¿Padres primerizos? —preguntó una voz femenina con tono amable.

Abrí los ojos de golpe y me aferré a la camisa de Xander. Él soltó una carcajada suave.

—Está territorial —susurró, acariciando mi cabello con dulzura, como si ese gesto pudiera calmar mi sistema. Hice un puchero leve, sabiendo que tenía razón.

No era mi culpa. El cachorrito quería a su papá cerca. Y yo solo le obedecía.

Cuando nos llamaron, no me despegaba de Xander ni un solo segundo. Me sentía pegajoso, empalagoso, dependiente… pero era más fuerte que yo.

Xander me sostuvo la mano con fuerza y cariño. Su mirada era cálida, amorosa, como si estuviera viviendo un sueño. Besó mi sien con ternura antes de que entráramos a la consulta.

—Buenos días —saludó la doctora con una sonrisa—. ¿Dylan, cierto?

Asentí, con un nudo en la garganta.

—Recuéstate, por favor —dijo mientras se colocaba unos guantes de látex.

Sentí el estómago darme vueltas. Me tumbé con lentitud en la camilla, mirando a Xander con un dejo de inseguridad. Él se colocó a mi lado de inmediato y me sostuvo la mano. Cerré los ojos con fuerza mientras exhalaba lentamente.

—Veamos a ese pequeñín —anunció la doctora, y algo en su voz relajó un poco mis nervios.

El gel frío tocó mi piel y solté un pequeño quejido. Un escalofrío recorrió mi columna. Observé cómo la mujer colocaba el ecógrafo sobre mi vientre inflamado, moviéndolo lentamente.

Tragué saliva y sentí cómo mi corazón latía demasiado rápido, como si temiera que algo pudiera salir mal.

Xander también estaba tenso. Lo notaba en su postura, en sus cejas levemente fruncidas. Me apretó los dedos.

Entonces recordé.

"Hay algo que me desagrada."
"¿Y eso es?"
"Que toquen a mi Omega y a mi cachorro."

Había dicho eso en voz baja mientras sus manos estaban en mis caderas, y su frente se apoyaba en la mía. Me besaba el hombro y repetía: "No quiero otro aroma sobre ustedes."

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora