Dylan
Mis ojos se llenan de lágrimas al observar las dos líneas marcadas en la pequeña prueba. Me quedo sentado en el suelo frío del baño, con la vista fija, sintiendo cómo el miedo empieza a recorrerme lentamente, como una corriente helada.
Me olvido de que Xander podría sentirme a través del vínculo. Olvido todo.
Suelto un sollozo bajo.
No puede estar pasando.
No ahora.
No así.
El pánico se instala en mi pecho, oprimiendo mis costillas. Mis manos tiemblan mientras intento respirar, mientras intento no derrumbarme. Quiero a Xander.
Lo quiero aquí, ahora.
Quiero que me abrace, que me diga que todo va a estar bien.
Que nuestro cachorro estará bien.
Y por primera vez, comprendí.
Comprendí de verdad a los Omegas enlazados.
A esos Omegas que están gestando y tienen a su Alfa lejos.
Quiero su cuidado.
Quiero su voz.
Quiero mi nido… con él dentro.
—¿Dylan? ¿Todo bien? —La puerta del baño se abre con suavidad. Owen entra, preocupado, y me mira con los ojos abiertos por la sorpresa.
Deja escapar un silbido cuando ve las pruebas a mi lado, y sin decir nada más, se sienta junto a mí. Me acaricia el hombro, y no puedo evitarlo: me hundo en su abrazo, sollozando contra él.
—Las sospechas eran ciertas… vaya —dice en voz baja.
Ahogo un gemido de puro miedo. Mi garganta se cierra, mi pecho duele.
—No estoy listo —murmuro, apretando los ojos—. Un cachorro… es demasiada responsabilidad. No puedo…
Las lágrimas siguen cayendo, calientes y silenciosas. Owen muerde su labio inferior, sin saber qué decir de inmediato. Me acaricia la espalda con lentitud, luego me envuelve con ambos brazos. En ese momento, se escucha el llanto de Dante desde la otra habitación.
—Calma, papi está aquí —dice suavemente mientras se levanta. Va hacia su hijo y lo toma con ternura, besando su frente. Lo calma en cuestión de segundos.
Yo lo observo, aún con lágrimas resbalando por mis mejillas. Me relamo, abrazándome a mí mismo, tembloroso.
Owen hace que todo parezca tan sencillo. Lo veo con Dante y pienso en esa conexión tan pura entre padre e hijo. Esa cercanía que muy pocos Omegas tienen con sus cachorros.
Llevo mis piernas contra el pecho y las abrazo. No dejo de mirar esa escena.
—Tengo miedo —digo por fin, con la voz quebrada.
Owen me mira. Duda por un segundo, pero se acerca de nuevo con Dante en brazos. Se sienta a mi lado sin decir nada al principio. El bebé se acomoda en su regazo, tranquilo.
—Yo estuve así —dice después de un momento—. Cuando me enteré de Danie, me sentí igual.
Sus dedos acarician los suaves mechones negros de su cachorro. Sonríe. Y yo también, un poco.
—¿Cómo le hiciste? —pregunto después de un largo silencio, sin apartar la vista del suelo. Me sueno la nariz, tratando de detener el llanto. Siento las mejillas húmedas. Miro a Dante, y él también me mira, con esos ojitos chiquitos y brillantes. Estira su manita hacia mí y la tomo con delicadeza, sonriéndole.
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Marcado[1]
WerewolfBook 1 Saga : Amor accidental . Despertar con una marca no era lo que me esperaba a mis jóvenes 20 años de edad después de un encierro por mis madres. © Prohibida la copia o adaptación.
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