21

48.8K 4.4K 377
                                        

Xander

—¿Por qué lo preguntas? —pregunté sin apartar la vista de los papeles, acomodándome los anteojos mientras escuchaba a mi padre suspirar. Sonó casi desesperado, como si ya se hubiese resignado a que me negara a entender algo evidente.

No, no.

Mordí lentamente mi labio, intentando concentrarme sólo en la firma de documentos.

—Sólo por curiosidad —respondió él, firmando unas hojas.

Me quité los anteojos y froté mis ojos con dos dedos, bostezando con cansancio. Me humedecí los labios partidos.

Ay, no.

—Es muy joven para un cachorro. Yo también lo soy, supongo —murmuré. Mi padre me miró con atención, frunciendo el ceño. Luego apoyó ambas manos sobre el escritorio y se inclinó hacia mí, observándome más de cerca.

Quiero un bebé.
Pero no es el momento.
Dylan necesita sanar aún.

—Tu papá y yo...

Mordí mi labio con más fuerza, suplicando con la mirada que no continuara. Sentí a mi lobo moverse inquieto en mi interior. Luego, una presión en el pecho me obligó a fruncir el ceño.

¿Qué está pasando con mi Omega?

—Es diferente —dije con voz baja—. Ustedes son ustedes, y nosotros... somos nosotros.

Seguí mordiéndome el labio, tanto que llegué a romper la piel. Saboreé un leve rastro metálico.

—¿Pero no lo han hablado? —preguntó él. Me quedé mirando al vacío.

No... no lo hemos hablado.

Podríamos hacerlo.

Podríamos intentarlo.

Pero vamos, los dos somos jóvenes. Tal vez en el futuro... tal vez ambos queramos lo mismo. Sonreí apenas al imaginarlo: un pequeño, con los ojos de Dylan y mi cabello, con su aroma y su dulzura. Sería... hermoso.

Pero reaccioné enseguida y negué, evitando ilusionarme más de la cuenta.

—No lo han hablado —afirmó mi padre, dejándose caer en el asiento mientras daba un sorbo a su té.

Tragué saliva.

Un cachorro. Nuestro cachorro. Una conexión profunda, natural. Casi pude verlo: sus manitos pequeñas, el aroma cálido a bebé, su piel suave...

Quiero ser papá.

—Habla con él —sugirió mi padre con una sonrisa amable.

Negué suavemente, sintiendo cómo el rubor subía a mis mejillas.

¿Está loco?

Tal vez lo haga… pero no ahora.

—No es el momento, papá —dije finalmente—. Es un tema delicado. Creo que ambos debemos estar preparados. Mentiría si dijera que no lo deseo... Quiero un bebé con Dylan. Pero él... él no parece quererlo aún. Y está bien. Aún necesita tiempo.

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora