14

58.6K 5.1K 995
                                        


---

Xander

—¡Hijito! —exclamó con dulzura mi papá, sonriéndome con esa calidez suya de siempre antes de rodearme con sus delgados brazos.

Cerré los ojos apenas sintiendo su aroma suave, como a fresas frescas, y me relajé de inmediato. Acaricié un poco su cabello lacio y sedoso.
Me sentí... en casa.

Él había sido mi ejemplo. Si no fuera por él, no sería el Alfa que soy hoy. Besó mi mejilla con cariño y sentí a mi lobo ronronear, calmo, ante la presencia de nuestro progenitor.

Después de todo, el lazo con nuestros padres seguía intacto, incluso cuando ya no éramos cachorros.

—Y bien... ¿dónde está? —preguntó mi padre Alfa, tomando a mi papá Omega por los hombros con una sonrisa divertida.

—Tranquilo, amor —respondió mi papá con esa voz suave que hasta a mí me hizo temblar. Lo miró con esa ternura que derretía cualquier carácter, y papá le hizo ojitos pequeños, como un cachorro atrapado robando galletas.

Tragué saliva mientras sus miradas volvían a mí, mi papá Omega aún entre los brazos del Alfa, con una calma serena que contrastaba con mi creciente nerviosismo.

Y sin embargo, en lo más profundo, deseé un futuro así.
Eran destinados, su unión irradiaba fuerza. Eran una de las razones por las que todavía creía en el amor.

—No puedes negarlo —dijo mi papá con una sonrisita, señalándome con el dedo—. Tienes olor a Omega, y ese brillito en los ojos... además, te ves demasiado animado. ¡Y te di supresores!

Mis mejillas ardieron. Bajé la mirada y reí entre dientes, buscando la ayuda silenciosa de mi padre Alfa, quien solo se encogió de hombros como diciendo: "Yo no me meto."

—¡Oh, por la luna! —exclamó mi papá tapándose la boca con teatralidad, y luego se puso un dedo en los labios, pidiendo silencio.

Dylan dormía acurrucado en el sofá, con el cabello alborotado y las mejillas aún teñidas de rosa. Su respiración era tranquila, completamente relajado.

Se veía tan pacífico que me dio pesar despertarlo.

—¿Es él...? —susurró papá, y yo asentí acercándome a mi Omega.

—¡Es muy lindo! —dijo con emoción.

Sonreí. Dylan no era solo lindo. Era todo.

Se removió ligeramente entre los cojines. No me preocupó que se cayera; su cuerpo pequeño parecía tan delicado como un muñeco de porcelana. Aunque sabía muy bien que Dylan solo era frágil cuando quería serlo.

—Xander... —murmuró, haciendo que mis padres me miraran como si acabaran de descubrir la escena más tierna del mundo—. ¿Dónde estás?

Me acerqué de inmediato, me arrodillé junto al sofá y besé su mejilla, apoyando luego mi frente contra la suya.

—Aquí estoy —susurré, sintiendo mis mejillas arder cuando papá dio pequeños saltitos de emoción. Me acerqué aún más—. Despierta, bonito.

Arrugó la nariz.

—Pero... —hizo un puchero adorable— tengo sueño. Me dejaste... cansado, Xan...

Sus ojos se abrieron apenas para luego cerrarse otra vez. Agradecí que eso solo lo hubiera oído yo.

Besé su puchero, viendo cómo sus mejillas se encendían aún más y dejaban escapar una risita suave.

—Despierta —murmuré con picardía, mordiéndole el lóbulo de la oreja en un gesto juguetón y discreto, cuidando que mis padres no vieran nada. Susurré entonces—: Mis padres están aquí.

Su cuerpo se tensó de inmediato y abrió los ojos de golpe.

—¿Q-qué? —apenas pudo articular.

Le señalé con la mirada a mis padres.

—¡Hola! —exclamó mi papá con energía, sonriendo abiertamente.

¿De dónde sacaba tanta energía?

Dylan tragó saliva, se sentó despacio y se peinó lo mejor que pudo.

—H-hola... —dijo con voz suave, sonrojándose aún más. Me miró unos segundos, pidiéndome apoyo con los ojos.

Vi cómo papá se acercaba y tomaba las mejillas de Dylan como yo solía hacerlo, dándole un apretón cariñoso. Lo miraba como si ya lo adorara.

Sentí que podía respirar. Todo estaba bien.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó emocionado, aunque no lo dejó responder antes de soltar—: ¡Eres adorable!

Dylan se llevó una mano a la cara, avergonzado, y me lanzó una mirada de súplica.

—Mi... —me miró brevemente— Mi nombre es Dylan.

Sonreí. Tan bonito como siempre.

Mi madre lo miró con ternura y asintió.

—Soy Jonás, papá Omega de este Alfa que parece rascacielos.

Dylan soltó una risita. Yo... me quedé en silencio, indignado.

¿Rascacielos? Me giré para ver la comparación.
Bueno… sí, sí soy alto.

—Xander, espero que lo cuides —dijo papá con más seriedad. Asentí al instante, inclinando la cabeza—. Sabes cómo tratar a un Omega. Pero recuerda, nada de esos estúpidos estereotipos. ¡Ugh! Estúpidos alfistas...

Me criaron bien. Dylan no era alguien que debía caminar detrás de mí. Dylan caminaba a mi lado. Era mi compañero.

—Oigan, cuéntenme —interrumpió papá, emocionado—. ¿Cómo se conocieron?

Ambos tragamos saliva al mismo tiempo y nos miramos como si buscáramos una vía de escape.
Uy, no...

Reí nervioso.

—¿Cómo te decimos? —preguntó Dylan bajito, como si el cambiar de tema fuera a salvarnos.

---


¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora