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Dylan

Miré al Omega frente a nosotros, sintiéndome avergonzado. Él dejó salir un suspiro distinto, arrugó sus cejas, pero su rostro se suavizó tras unos segundos.

Oh.

—Lo que ustedes dos hicieron fue muy irresponsable —dijo con firmeza.

Xander apretó los labios y sentí la tensión en el lazo entre nosotros.

Diosa… podía sentir cuán tenso estaba mi Alfa a mi lado.

Bajé la mirada, deseando esconderme en el cuello de Xander. Los ojos ámbar del Omega, tan parecidos a los de Xander, nos miraban con intensidad. Casi sentí que estaba frente a una versión más adulta de él. Mordí mi labio inferior.

Qué intimidante.

¿Será un Omega dominante?

Xander es un Alfa dominante… casi al nivel de un pura sangre.

—¿Saben los riesgos que esto pudo tener? —continuó, rascándose la nuca. Su cabello azabache caía en ondas suaves sobre su frente—. Estoy muy viejo para este tipo de reflexiones.

Bajé más la mirada.

—Lo siento… —murmuré sin saber por qué exactamente. Él me miró, algo confundido, y luego me regaló una pequeña sonrisa, como para tranquilizarme.

Pero esa sonrisa me asustó.

Mamá solía hacer eso.

—Pequeño, no te sientas mal —dijo al tomar mi mano con suavidad—. Solo piensa en que pudo haber sido otro Alfa. Uno de esos que aún creen en ese maldito "Alfismo". O peor… alguien con una enfermedad que te hubiera puesto en peligro.

Asentí con algo de duda. Luego, el Omega miró a su hijo con una expresión más dura.

—Y tú también —agregó, clavando su mirada en Xander—. Si no hubiera sido Dylan, si hubiera sido otro Omega, uno con una enfermedad… o uno de esos que solo buscan un Alfa por conveniencia… No quiero imaginarlo. Ambos son adultos y saben lo que hacen, pero esta vez, por suerte, todo salió bien.

Solté un suspiro tembloroso. Xander me abrazó con firmeza. El Omega frente a nosotros sonrió levemente.

—Se ven muy lindos juntos —susurró, y me sonrojé al instante. Él rió—. Al menos, las cosas sí salieron bien para los dos.

Mis mejillas ardieron más.

—Eso no lo decías cuando tenías a nuestro hijo del cabello —interrumpió el otro padre de Xander, y tuve que contener una risa—. Sigues siendo ese Omega del que me enamoré perdidamente. Tan tú.

El Omega se sonrojó por completo ante las palabras de su Alfa. Me pareció muy tierno. Pude ver amor en su mirada.

Yo quería un amor así de bonito.

Con Xander.

—Solo me alteré… un poquito —se excusó, estirando su cuello.

—Sí… tirarme al suelo fue eso —respondió Xander, con tono sarcástico—. Me dolió, apa’. Me doliste. Joder.

Su padre frunció el ceño por la acusación, acomodó lentamente su cabello y movió la pierna con nerviosismo.

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora