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Dylan

Meto las manos a los bolsillos de mi abrigo, caminando con pasos pesados, cada uno más lento que el anterior. El sonido de los tacones contra el concreto resuena detrás de mí como una alarma. No quería estar aquí. No quería enfrentar nada de esto.

Lo único que deseaba era estar con Xander. Sentir su mano cálida y firme posada sobre mi vientre, como si con eso pudiera anclarme a lo único que era real ahora: nuestro cachorro.

Un leve escalofrío me recorre la espalda. El aire de la noche es frío, pero lo que siento no tiene nada que ver con el clima. Es inquietud. Miedo.

Levanto la mirada hacia el cielo nocturno y suelto un suspiro tembloroso. Estuve a punto de dar media vuelta. De volver corriendo a los brazos de mi Alfa.

Pero ya era tarde.

—¿Por qué? —pregunto finalmente, sin mirar atrás.

Mi mamá me observa, luego aparta la mirada. Luce impecable, como siempre: vestido rojo ajustado, mallas negras, cabello recogido en una trenza pulcra, labios rojizos. Tan perfecta como siempre… tan ajena.

—¿Ma'? —susurro. Mi voz tiembla—. ¿Por qué, mamá? ¿Por qué todo esto?

Sus ojos se llenan de lágrimas. Puedo verlas, claras y quebradizas como el vidrio. Me recuerda a aquella vez en la que discutió con su Alfa… cuando buscó refugio en mí. Cuando me aferré a ella como si realmente pudiera protegerme.

—Fui criada de esta forma... —comienza con su voz suave, pero quebrada—. No es correcto lo que hiciste, Dylan. No está bien que un Omega sea marcado antes de un cortejo formal. ¿Lo entiendes?

Trago saliva con dificultad. Me duele. Duele más que si me hubiera gritado.

—Yo fallé —continúa bajito—. Pero tú también… o quizá solo fui yo. Solo quería protegerte.

Siento un nudo en el pecho, uno que no se deshace aunque respire hondo. Mis ojos se nublan y tengo que parpadear varias veces para no romperme.

—¿Y ella? —pregunto, apretando los labios—. ¿Mi madre?

—Ella… no aceptaba que tuvieras un Alfa. Ella quería elegir uno por ti. Uno de buena familia, de dinero. Para que tuvieras hijos… cachorros criados bajo su estándar. —Hace una pausa—. Iba a hacer contigo lo mismo que hizo conmigo. Lo mismo que intentó hacer con nosotras.

Me congelo.

—¿Qué…? —digo, pero ya lo sé. Lo sé todo, pero lo necesito escuchar—. ¿Iba a escoger por mí? ¿Decidir mi futuro?

Mi madre desvía la mirada. Tiembla. No niega nada.

—Claro… —murmuro con amargura—. Ahora entiendo. Por eso siempre me hicieron sentir… defectuoso. ¿Sabes cuántos problemas me causó eso? ¡¿Tienes idea, mamá?!

Mis palabras se hacen más fuertes, y no me importa. Ya no puedo detenerlas.

—Tengo fobia social, ¿sabes eso? Me hicieron creer que era inútil. Que nunca tendría derecho a formar una familia. ¡Que nadie me iba a amar! ¡Que no merecía ser un Omega de verdad!

Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora