Dylan
Me acomodé sintiendo cómo la camisa —claramente de Xander— se deslizó por mi hombro, dejándolo expuesto. Froté mis ojos con desgano, suspirando, y me recargué tímidamente contra el marco de la puerta, mirándolo con ojos brillantes.
—Dy... —murmuró, bajando sus gafas. Me miró por encima del marco, y fruncí la nariz. Ya sabía qué iba a decir.
—P-pero... —hice un puchero.
Xander se inclinó y, como si no le importara mi súplica muda, apretó mis mejillas. Solté un chillido y me alejé como gato asustado.
—¡Idiota, eso duele! —le arrugué la nariz, molesto.
Se rió. Lo fulminé con la mirada y me crucé de brazos.
—Tienes que ir por tu ropa, Dylan. Puedes vivir con la mía, pero necesitas la tuya.
—Puedo comprar más —dije rápido, aferrándome a esa idea.
Negó con la cabeza. Hice otro pucherito.
—No puedes gastar en cosas que ya tienes —sentenció.
Bajé la mirada, resignado, y asentí.
—Puede ser en unos días... —sugerí.
Asintió.
—Vale. Pero solo unos días. La última vez dijiste lo mismo y fueron dos meses.
Mordí el interior de mi mejilla. Ya habían pasado nueve meses desde que nos conocimos, y no había visto a ninguna de mis madres desde entonces. Nuestra relación, Xander y yo... era “buena”. No discutíamos por el control remoto o el lado de la cama... bueno, no tanto. Yo seguía queriendo dormir del lado de la pared.
Dormíamos juntos, sí. Pero no habíamos pasado esa línea de nuevo. El sexo seguía siendo una barrera que, por mutuo acuerdo o miedo, ninguno había querido cruzar aún.
Suspiré mientras lo miraba.
—Pero... mi celo será en unos días —dije, bajito.
Él pareció pensarlo por un momento. Lo observé llevarse la mano a la frente y golpearse ligeramente, como si recordara algo importante.
—Lo olvidé. También el mío llega pronto... —hizo una mueca.
Parpadeé.
Había olvidado que Xander tenía celo.
Tragué saliva. Mierda. Mierda, mierda.
—¿Qué...? ¿Qué haremos? Sabes lo que puede pasar si un Omega y un Alfa en celo están juntos, y...
No podía dar ese paso aún. No estaba listo. No de esa forma. ¿Por qué ahora?
Mi lobo se removió, inquieto. Sentí el pulso acelerarse y el pecho oprimido. Miré a Xander, quien también tragaba saliva.
—No lo sé, si te soy sincero —dijo, con la voz algo tensa.
Apreté las palmas. Mi cuerpo temblaba, no de miedo, sino de una ansiedad indescriptible. Aún era innecesario. No quería que las cosas entre nosotros se arruinaran.
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Marcado[1]
Lupi mannariBook 1 Saga : Amor accidental . Despertar con una marca no era lo que me esperaba a mis jóvenes 20 años de edad después de un encierro por mis madres. © Prohibida la copia o adaptación.
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