19

24.3K 2.4K 130
                                        

Dylan

Sentí los labios de Xander sobre mi marca y solté un suspiro bajo, acariciando su abdomen. Sus brazos rodearon mi cintura y besó mi frente. Me acurruqué en su pecho, completamente tranquilo… o bueno, "tranquilo".

Sus brazos me envolvían, su calor me sostenía.
Pero dentro de mí, algo se sentía distante.

—Estás muy callado últimamente —susurró contra mi cabello, deslizando su mano por mi muslo. Cerré los ojos, sin responder.
—Dylan… oye… mi amor.

Seguí en silencio.

Entonces sentí ese punzante dolor en el cuello.

Xander se separó de golpe, con una brusquedad que me hizo abrir los ojos de par en par. Su mirada estaba fija en mi marca. Su expresión se descompuso.

—Dy… estás sangrando.

Tocó mi cuello con cuidado. Su aroma se volvió más intenso, más denso. Gruñó bajo, con un gemido que me dolió más que cualquier palabra. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Sabía muy bien lo que significaba para un Alfa ver sangrar una marca.
Sabía que dolía. Sabía que hería su orgullo, su alma.

—¿Hice algo? —susurró, apenas rozando mi piel con los dedos. Lamió la marca, limpiando con ternura la sangre, y de pronto… todo mi sistema se relajó. Esta vez, sí me sentí tranquilo.

No supe cómo hablar. Sentí su cuerpo temblar contra el mío, su rostro escondido en mi cuello.

—¿Qué hice? Mi amor, por favor… no me dejes hablando solo —murmuró. Apreté los dientes, luchando contra esa mueca en mi rostro.

No…

—S-solo son las… ¿hormonas? —balbuceé.

Sus cejas se fruncieron. Me miró profundamente. Distinto.
Sus ojos brillaban… su lobo estaba al frente.

—Dylan… sabes muy bien que una marca sangra cuando hay duda. —Su voz se quebró—. Cuando sangra, es como si tu corazón mismo lo hiciera. ¿Hice algo? ¿Te molesté? ¿Te fallé? ¿Estás dudando de mí?

Tragué saliva. Las palabras de mi madre volvían una y otra vez.
"¿Quién te asegura que te ama de verdad?"

Odio tanto a mamá.

No respondí de inmediato. Solo lo miré, viendo en sus ojos un dolor que se parecía demasiado al mío.

Finalmente, abrí la boca.

—¿Me amas? —susurré.

Xander tomó mi mejilla con delicadeza, acariciándola con el pulgar. Sus cejas se fruncieron con ternura, y suspiró. El dorado de sus ojos brilló como la luna en ellos.

—Oh, cariño… te amo con locura —dijo en voz baja.

Sonreí apenas… pero no era suficiente. Mi voz tembló.

—¿Estás enamorado de mí? —pregunté entonces, cubriéndole la boca con una mano antes de que pudiera decir algo más—. ¿O estás enamorado del sentimiento de la marca, Xander?

Vi cómo su mirada se apagaba por un momento.
Miró hacia un punto invisible. Guardó silencio.

Una parte de mí se quebró al verlo así.

Lágrimas cayeron de mis ojos. Pero entonces, él me miró. De lleno.
Sus ojos brillaban. Esta vez, con una luz distinta. No había duda. Solo decisión.

—Estoy enamorado de ti —dijo, finalmente—. De cada parte de ti. Este año contigo me cambió. Me enamoré cuando vi cómo arrugas la nariz cuando digo algo cursi, cómo se enrojecen tus mejillas, cómo te mueves, cómo te ríes. Me enamoré de tu esencia, Dylan. De ti.

Un sollozo escapó de mis labios.

—No eres "mi Omega". Eres tú. Eres todo tú. Y sí, te amo. Nosotros —dijo, hablando también por su lobo—. Te amamos. Daríamos la vida por ti. Amamos tu voz, tus lunares, tu carácter… tu existencia.

Limpió mis lágrimas con sus dedos, y su sonrisa fue una caricia.

—Nada me preparó para saber que tenerte sería un privilegio. Tu tacto, tu calor… son hogar. No lo supe hasta que estuviste en mis brazos. Tú eres la persona con quien quiero pasar el resto de mi vida. Porque eres fuerte, porque tienes una historia escrita junto a la mía… porque lo siento aquí —tomó mi mano y la puso sobre su pecho—. Y aquí —colocó la suya sobre el mío.

Me hundí en su pecho, llorando en silencio. Apreté su camisa con mis dedos. Lo escuché sollozar también, y entendí.

La marca es un lazo. Él había sentido mi angustia. Mi duda.

—Lo siento —susurré—. Lo siento por dudar de ti…

Él me besó suavemente y me apretó más fuerte entre sus brazos. No me resistí. Lo abracé también. Fuerte.
Nos sentíamos. Nos teníamos.

—Perdón, mi amor… perdón…

Xander acarició mis pómulos con ternura.

—Sé que nuestras almas ya se conocieron antes. Y si volviera a nacer, en cualquier forma, yo te buscaría. Para amarte otra vez. Para encontrarte. Para quedarme contigo. Sea como Alfa, Omega, Beta o lo que sea… yo te recibiría. Porque te reconozco.

Sonreí. Coloqué mi mano sobre su pecho al mismo tiempo que él sobre el mío. Nuestros latidos se sincronizaron.

—Gracias por sacarme de ese abismo —dije, entre sollozos—. Gracias por amarme. Por cuidarme. Por no soltarme.

Besó mi frente con dulzura.

Nuestros labios se encontraron, suaves, profundos. Subí mi brazo por su hombro y sentí cómo su cuerpo me respondía, pero no con hambre… con ternura.
Esa noche, cuando me hizo suyo, fue distinto.
No fue pasión desbordada. Fue entrega.

Ambos nos dimos, completos.

Y eso, no lo voy a olvidar.

Y eso, no lo voy a olvidar

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Marcado[1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora