Dylan
Solté una leve risa cuando Xander tomó mi cintura entre sus manos firmes y me besó con dulzura. Su boca rozó la mía con un cariño que me hacía temblar el corazón. Me sentía feliz, completo.
—Te amo… te amo tanto —murmuró entre pequeños besos que dejó por todo mi rostro, arrancándome otra risa, esta vez nerviosa y enternecida.
Besó mi marca con devoción, y un suspiro escapó de mis labios al sentir el escalofrío de placer que recorrió mi columna. Mi cuerpo ya lo reconocía, lo deseaba… pero había prometido que esperaríamos hasta mañana. Hasta que todo fuera perfecto. Hasta que no fuéramos solo Dylan y Xander, sino Alfa y Omega, esposos, unidos en cuerpo y alma.
Sus labios comenzaron a intensificarse, se movían más hambrientos, más decididos. Sentí su mano acariciar mi cintura con una lentitud sensual, y un jadeo se me escapó, inevitable.
—Mmmhg... —mordí mi labio, notando cómo mi cuerpo empezaba a responder por sí solo. Mi entrada se humedeció instintivamente, lista para él.
Le di un pequeño empujón con una sonrisa traviesa. Su ceja se alzó en una expresión entre divertida y frustrada.
—Tendrás que esperar hasta mañana, cariño.
—No aguanto… no aguanto —se quejó con un leve puchero que me hizo reír.
Lo vi caminar al baño, y no pude evitar reírme más al notar su evidente erección. Me encantaba cuánto me deseaba, y yo a él.
Fui a la habitación de nuestro pequeño Dean, nuestro cachorrito. Me recibió con una sonrisa somnolienta y los brazos extendidos.
—¿Qué pasa, cachorrito? —le susurré mientras acariciaba su espaldita.
Dean balbuceó algo incomprensible y se acurrucó contra mi pecho, cálido, tibio, seguro.
Lo senté en su silla especial.
—¿Tienes hambre?
—Shi —respondió con ese tono dulce que solo los bebés tienen, mientras se acurrucaba más.
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Horas después, estaba en la antesala del altar. El padre de Xander estaba a mi lado, vestido elegantemente, con una sonrisa cálida que me ayudaba a mantenerme en pie.
—Puede que no seas mi hijo de sangre… pero eres mi hijo del corazón —dijo con ternura—. Es un honor llevarte al altar, Dylan.
Sentí un nudo en la garganta.
—Gracias por… por aceptarme.
—¿Por llevarte al altar como todo padre Alfa haría con su hijo? —rió y revolvió ligeramente mi cabello—. Todo estará bien, ¿sí?
Asentí, aunque las piernas me temblaban.
—Si me caigo… ¿me ayuda rápido? —bromeé nervioso.
Él rió, y comenzamos a caminar.
Al alzar la mirada, mis ojos se encontraron con los de Xander. Su mirada ámbar brillaba con emoción y orgullo. Sentí que el corazón me estallaba en el pecho.
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Marcado[1]
WerewolfBook 1 Saga : Amor accidental . Despertar con una marca no era lo que me esperaba a mis jóvenes 20 años de edad después de un encierro por mis madres. © Prohibida la copia o adaptación.
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