Monique estaba pensativa. Cada vez eran más complicadas las incursiones en la Ciudad Vertical. Los hombres de Ginés estaban mucho más preparados que los de años anteriores y las armas que utilizaban no podían compararse con sus viejos rifles y pistolas. Por suerte, esta vez no había habido ninguna baja, solo el vehículo había sufrido algún daño al descender a toda velocidad entre las pasarelas y las aletas.
Miró atrás y pudo ver a Antonio, el hijo de Ginés, tumbado sobre el asiento trasero del Renault. Le resultaba atractivo. Para ser un puro era alto y fuerte, tenía un aspecto sano del que carecían la mayor parte del resto de hemofílicos.
Entre sus planes estaba secuestrar al hijo del Jefe de Seguridad y Mantenimiento como distracción para poder centrarse en su verdadero objetivo: el presidente Lapierre. Sabía que Antonio ya nunca volvería a ver la Ciudad Vertical, al menos desde arriba, aunque en ese mismo momento sintió remordimientos al contemplarlo hermoso e inerme.
Desvió la mirada a la mole de edificios. Habían descendido justo por el límite poblacional actual de la Ciudad Vertical, lo cual, en el nivel veintinueve, suponía los antiguos Nuevos Ministerios. La calle por la que circulaban con el antiguo Renault levitante era el Paseo de la Castellana, aún solemne y señorial; pero no se veía el cielo.
La maraña superior de edificios de la Ciudad Vertical, que más allá de aquel límite estaban ya abandonados a su suerte y ruina, se había construido sobre gigantescas pasarelas que se apoyaban en otros edificios y carecía de cimientos. Solo en alguna esquina lograba hacer su aparición un despistado y reflejado rayo de sol.
A medida que continuaban calle abajo, las pasarelas superiores se iban haciendo menos abigarradas y la luz más amplia. A los lados, antiguos palacetes de uno, dos o tres pisos, amenazaban fantasmagóricamente con echarse a andar y derribar a sus vecinos colosales de trescientas plantas. Pero la Ciudad en el nivel veintinueve estaba inmóvil, aparentemente inerte.
Antiguos vehículos se amontonaban unos sobre otros en los laterales de la calzada, muchas de las antiguas lámparas del tendido urbano, con sus alargadas cabezas de jirafa, se hallaban derribadas y cruzadas entre sí en medio del camino, aunque por fortuna el levitante no necesitaba ir a ras de suelo. Algunos escaparates que no habían sido alunizados por los mestizos aún conservaban los ricos vestidos antiguos en los teatrales maniquís, pulseras de oro, collares de perlas, pendientes de rubíes, pieles naturales... toda la ciudad era un animal dormido en espera de desperezarse sin darse cuenta que se encontraba sometido a los caprichos de una raza endogámica y condenada a la enfermedad.
Cuando llegaron al extremo sur, cerca de la antigua estación de Atocha, la luz del sol ya ocupaba casi todo el cielo. Los edificios, los primeros de la Ciudad Vertical que se construyeron en aquella zona, estaban muy separados entre sí, y las pasarelas, medio derruidas, eran muy delgadas, por lo que el nivel veintinueve podía resultar un lugar apetecible en aquel espacio.
Detuvieron el vehículo junto a un arcano monumento que semejaba un pequeño cilindro de vidrio. John, que acompañaba a Monique en aquella misión, bajó del transporte y abrió la puerta trasera. El cuerpo de Antonio cayó al estar apoyado sobre la puerta, escurriéndose por los asientos hacia el suelo. Sin mediar palabra el mestizo cargó el bulto sobre sus hombros y se dirigió al interior de la abandonada estación. Monique los seguía a una discreta distancia. No era prudente adentrase en su escondrijo sin tomar las medidas oportunas.
John continuó su camino y se perdió en las sombras de la vieja estación. La mestiza se detuvo justo a la entrada al oír un crujir de hojas a sus espaldas. Pocos, pero en el extremo sur ya había algunos árboles.
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La ciudad vertical
Ficção CientíficaLa Ciudad Vertical nos transporta a un futuro distópico y aterrador en el que la historia y la capacidad crítica de los ciudadanos han sido anuladas. Sin embargo, un grupo de disidentes se esfuerza por mantener la dignidad humana y luchar contra el...
