Vaya, vaya... parece que el día no se está dando nada mal.
Habló paseando y observando el fondo del abismo. Después se giró y detuvo su mirada en Antonio y Sonia. Ya no sonreía.
-Podríais haberme avisado de que ibais a ir de caza -dijo dirigiéndose a los mestizos.
-Podríamos decir que la caza se vino con nosotros y no pudimos dejarla atrás.
-¡Ya está bien! -explotó Monique ante las palabras de los dos mestizos.
-Vale, vale. Sabes que solo estaba bromeando. ¿Quiénes son? -quiso saber el desconocido.
-Él es el conservador jefe del museo de la Ciudad Vertical, Antonio... -Monique hizo una pausa esperando a que Antonio completase la frase, pues ella desconocía su apellido, pero él no fue capaz de articular palabra-. Bueno, es el hijo de Ginés. Ella es...
-¡Espera! -interrumpió el hombre bajito-. Tú debes de ser... ¡no me lo puedo creer! Eres Sonia Benítez... Tus estudios sobre clonación y repetición son realmente excepcionales...
Quiso continuar, pero la doctora se lo impidió.
-¿Cómo sabe usted eso?
El hombre prorrumpió en una fuerte carcajada.
-Los puros siempre tan inocentes. Permítame que me presente: mi nombre es Fabricio Elano, doctor en medicina por la Universidad de Roma -y dio la mano a los dos estupefactos puros.
El hombre sonreía. Desde luego no tenía el aspecto de un médico, sino más bien de un hombre de acción, tal vez de un agente de Seguridad y Mantenimiento. Retirado, claro, se le ocurrió a Antonio. Pero los pensamientos no podían ir tan rápidos como los sucesos. Aquel hombre afirmaba ser doctor por una universidad italiana, y se encontraba allí, a los pies de un precipicio más allá de los confines del subnivel de Madrid ¿Cómo era posible?
-Dejemos las explicaciones para después -espetó secamente Monique-. Creo que tenemos un trabajo que hacer y ya llegamos tarde.
-Sí, claro. Por favor, vayan pasando -y Fabricio Elano les mostró con las manos el camino a bordo de la nave.
Todos entraron. Los dos hombres mestizos sonriendo y bromeando entre ellos, Monique con el rostro abatido y sumido en infinidad de pensamientos lúgubres, y los dos puros sin alcanzar a explicarse nada de lo ocurrido.
El espacio dentro del vehículo era más amplio de lo que exteriormente podía pensarse. Cada uno ocupó un asiento y Fabricio les indicó que se pusieran el cinturón de seguridad. Acto seguido hizo unas señas al interior de la cabina y volvió a percutir el sonido de motores. Pudieron ver los vómitos de humo que desprendían los tubos ubicados en la cola.
Cuando la nave alcanzó la suficiente altura, más o menos por el centro del abismo, los motores volvieron a silenciarse y comenzaron a conversar tranquilamente. La primera en hablar fue Monique.
-Sé que para vosotros esto es algo totalmente inaudito. Supongo que lleváis muchas horas intentando comprender qué está sucediendo.
Antonio y Sonia asentían con la cabeza.
-Como les decía, soy médico-doctor por la Universidad de Roma y no, no es lo que estáis pensando, allí los mestizos tampoco pueden acceder a la Ciudad del cielo, pero es que yo no soy un mestizo... soy como vosotros, un puro. Desde hace ya bastante más de mil quinientos años toda la sangre de mi familia es absolutamente pura, sin ninguna mezcla. Yo he sido el primero que ha tenido el honor de romper ese linaje.
-El doctor Elano se unió a una oriental hace más de diez años y ha tenido cinco hermosas hijas, sanas e inteligentes -informó Monique.
-Sí, pero no es esta la razón por la que la conozco a usted, doctora. De hecho, simplemente por ser un hombre puro, es probable que no hubiese conocido nunca su trabajo.
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La ciudad vertical
Science FictionLa Ciudad Vertical nos transporta a un futuro distópico y aterrador en el que la historia y la capacidad crítica de los ciudadanos han sido anuladas. Sin embargo, un grupo de disidentes se esfuerza por mantener la dignidad humana y luchar contra el...
