Capítulo 12

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Mis ojos miraron los suyos y, poco a poco, ambos los cerramos para dejar que fueran nuestros labios los que se comunicasen.

El silencio del palacio se llenó con el ruido de nuestras bocas moviéndose una sobre la otra.

Fue un momento real donde la realeza pasó a un segundo plano.

O eso creía yo.

Tienes que estar bromeando —se quejó mi compañero en cuanto terminé de relatarle lo sucedido—. Hay que contárselo al jefe cuanto antes.

—Si, supongo, quiero llevar en otra dirección el caso y estoy casi segura de que no va a darme la aprobación —bufé, moviéndome incómoda sobre el sofá de su habitación.

—Es que no estás siendo muy racional últimamente, yo puedo llegar a comprenderlo.

—No tienes ni la menor idea —resoplé—. Venga, llámalo y os pongo al tanto a los dos.

Aunque yo le había dejado muy claro que las cosas se iban a hacer a mi manera tenía que mantener informados a los de la base por si algo malo sucedía.

Al tercer tono se escuchó su voz, una que ya no me causaba tanta alegría escuchar.

Toda mi vida pensé que era una mujer inteligente, pero vamos, que siempre habrá algún gilipollas del que tengamos que enamorarnos incluso las más listas.

Putos hombres.

—Hacía mucho que no sabía de vosotros.

—Ya veo que lo de mentir se te da de puta madre —murmuré cargada de ironía—. Vamos a ver, Sebastián, solo vamos a darte información no a contarte nuestra vida. Joel es inocente.

—¿Tienes pruebas?

—Me ha confesado lo de su abuela, hay gente en contra de la corona —informo, ocultando la parte en donde él quería protegerme a toda costa—. Desconfío del hijo del primer ministro e incluso de los demás miembros de la familia real, ¿por qué no está David entre los sospechosos? Es el mismísimo hijo de la reina, ¿no tenía el motivos suficientes?

—En un principio estuvo entre los sospechosos pero pronto fue descartado, él mejor que nadie sabía que ya no tenía oportunidades de reinar en el país, que como mucho le sucederían la corona a sus hijos, que tampoco era el caso.

—¿Y si la reina cambió todo a última hora y eso provocó un escándalo de tal magnitud que terminó con su muerte? —propuse—. ¿Qué pasaría si uno de los hijos de Carlos fuera el heredero del trono pero ella decidió que no sería así y...?

—Entiendo a donde quieres llegar, pero no le encuentro sentido.

Es tonto.

No hay más explicaciones.

No había mucha dificultad en lo que estaba diciendo, creo que todo se entendía bastante bien.

—He dicho que haría las cosas a mi modo, así que así será.

—Carlos no es lo que parece —advirtió.

—Con corona o sin ella, nadie es lo que parece —murmuré—. Aquí las personas mienten más de lo que hablan, tienen sus estrategias, sus maneras de hacer las cosas... No se puede confiar en nadie, así que eso haré yo; no confiar en nadie.

—¿Ni siquiera en Joel?

—Ni siquiera en Joel —acepté—. A él solo lo necesito para conseguir todas las respuestas que busco.

—Úsalo sea como sea, porque es una pieza importante en este juego.

—Ya lo sé —chasqueé mi lengua—. Al igual que sé todo lo que decías tú de mí a mis compañeros de trabajo.

David se tensa a mi lado y me hace un gesto para que no siga hablando, pero yo necesitaba echarle esto en cara antes de que fuera demasiado tarde.

—Antía, no sé qué has escuchado, pero sea lo que sea es mentira. Tú me conoces.

—Te equivocas, yo estuve follando con alguien a quien solo le conocía el nombre —espeté, intentando que las lágrimas no picasen en mis ojos—. Yo te quería, Sebas, ese fue mi gran error, llegar a quererte. Porque eres una mierda de persona, espero que algún día te ahogues con todo lo que le escupes.

—Eres una ingenua, estar solita y sin diversión hace que pienses de más, mejor céntrate en la maldita misión y olvídame.

Cuelga la llamada, dejándome con los latidos de mi corazón ensordeciéndome los demás sentidos. Quería gritar. Quería romper con todo. Pero lo único que conseguí hacer fue estallar en llantos, demostrando que el hielo se derrite, las piedras se rompen, las paredes más duras se agrietan... Y yo ya estaba en grietas.

Había sido mi primer amor verdadero creía yo, pues con él no fingía como en las misiones, todo salía de manera natural y era parte de mi vida real.

Pero al parecer tampoco era así.

Solo había sido sexo y yo estuve cegada por eso, por creer algo que no era.

Ahora estaba sola, con las ilusiones hundidas, el corazón roto y una misión entre manos.

Solo esperaba que la misión no se me fuera de las manos por cuestiones ajenas a ella. Era una profesional y ni siquiera el gilipollas de mi jefe iba a cambiar eso.

¿Quería una misión limpia? ¿Quería un culpable? Pues lo tendría. Porque sería la última.

Antía no iba a formar más parte de su equipo, podía dedicarme a cien cosas que no tuvieran relación con él, pero primero iba a demostrarle las cosas.

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora