Se sienta en la cama y me mira con los ojos cansados, dándome a entender que no tenía ganas de tener esta conversación por nada del mundo pero sabiendo que la necesitaba para quitar todo el peso que recaía sobre él.
—Voy a morir —anuncia, descolocándome.
—Oliver, escúchame, no vas a morir —me pongo de rodillas frente a él, apoyando mis brazos en sus piernas mientras lo miro. Su mirada se había perdido ahora en algún punto indefinido del suelo.
—Tú no sabes nada, aunque deberías de saberlo todo, al fin y al cabo somos tan parecidos... —suelta aire por su boca y después traga saliva de forma dura, su nuez se mueve en su garganta con su acción, me es inevitable no sentir compasión por él.
Algo que te enseñen en la academia es a no hacerlo. No puedes compadecerte por nadie. Sentir pena estaba totalmente prohibido. Pero me negaba a hacerle caso a esas estúpidas normas en un momento como ese, de vez en cuando también estaba bien ser un poquito humana. Antes de ser una agente infiltrada, era persona, y no veía nada de malo en mostrarme como tal cuando una persona se derrumbaba delante de mi.
—¿De que estás hablando, Oliver? Sabes que puedes contármelo.
—Si, claro que puedo, de todos modos voy a tener el mismo final así que no importa si lo hago o si no. No me gusta ser egoísta, tal vez por eso voy a dar rienda suelta a mi lengua, aunque quede como un traidor.
No lo presiono más, sé que hablará y que no se dejará ningún detalle de por medio. La sinceridad era una cualidad que me encantaba en las personas, quizá por el simple hecho de que había pocas personas sinceras en el mundo.
—No te pasará nada, te doy mi palabra de que no vas a morir, puedo protegerte de las personas más no de la justicia. Si has matado a alguien, tendrás que pagar por ello —le hago saber, una de mis manos viaja hacia su rostro para guiar su mirada a mis ojos—. Confía en mi, Oliver.
—No siquiera me llamo Oliver, si me buscas te aparecerá algo similar a como cuando buscas Aisha. No existen los personajes que interpretamos en esta historia. Somos falsos y no hemos hecho más que mentir y engañar. Seríamos los malos en un libro bien narrado.
—Qué suerte la nuestra, entonces —tiré de la ironía para continuarle la conversación—. ¿Cómo debo de llamarte?
—Owen, infiltrado de la mafia griega —sonrió avergonzado de sus orígenes—. Tú no pareces de ninguna mafia, así que intuyo que estás del lado de los buenos.
No digo nada. No era el momento de revelarme yo. Era el suyo. Mis palabras estaban en un papel secundario, las suyas en el principal. Al ver que no tengo intención ninguna de pronunciarme ante ese tema, suelta un suspiro, creyendo que le doy la razón, y después habla de nuevo.
—Thomas tiene negocios con el jefe, por eso tú crees que trabajo para él al igual que lo hago para Joel. Pero no es así. Yo solo trabajo para un hombre y ninguno de ellos dos es ese hombre, estos solo forman parte de mi misión.
—¿Tu misión era matar a la reina?
—Acabar con la corona, yendo uno por uno, haciendo la catástrofe del siglo y que a ninguno de sangre real le queden ganas de ascender al trono.
—¿Thomas ha sido quien te pidió eso? ¿Eliminar la monarquía por completo?
—Si, pues si en el país no hay monarquía lo único fiable es el gobierno, y tu bien sabes que su padre es el primer ministro. Es más que obvio que Thomas está interesado en seguir sus pasos y llegar a ser él quien someta al país.
—¿Y qué papel tiene la mafia griega?
—No es esta la única misión en marcha, en Grecia harán lo mismo, fuera monarquía.
Debía de informar de eso de inmediato o mucha gente podría llegar a morir si no hacíamos nada al respecto. No solo en Reino Unido, también en Grecia estaban en peligro, y no podíamos esperar a que hubiera asesinatos para entrar en el palacio. Mejor prevenir que curar.
—La ambición puede llegar a estos extremos, Aisha —dice, disculpándose con la mirada—. Sé que muchos no van a tener la culpa, pero es el precio que tienen que pagar por el simple hecho de llevar su sangre.
—Hay que detener esto.
—Nadie puede detener esto.
Claro que si. El FBI podía detener esto. Estaba segura de que podríamos, estábamos entrenados para una situación así, no dudaba del inmenso equipo de profesionales que tenía a la espalda.
—Una mafia es una cosa seria. ¿Alguna vez has oído hablar de la mafia griega? Sé sincera, no. Porque son mejores que cualquiera otra, son profesionales, no dejan huellas, no hay evidencias, nadie ve ni escucha nada porque el silencio vale mucho más que las palabras. Se habla de la mafia rusa, de la italiana, de la inglesa, de las americanas... Pero nunca de la griega, porque son mucho mejores que todas las demás juntas. No intentes nada, no es una amenaza sino un consejo, cuídate.
Tenía razón en muchas cosas, pero eso no quería decir nada, tranquilamente podría estarme mintiendo solo para que no metiera mis narices en donde no me correspondía. Esas estrategias las conocía yo muy bien, eran típicas de los farsantes como nosotros.
—Todavía no me has dicho una cosa —señalé—. ¿Qué papel cumple Joel en todo esto?
—Todas las pruebas son accidentales para hacer creer que es el culpable. Manipulé las cámaras de seguridad, las grabaciones muestran cómo entró esa mañana en su habitación y cómo poco después salió. No aparecen mis imágenes. Las huellas están por todos lados, es fácil creer que fue el asesino de su propia abuela solo porque le importaba el acceso al trono.
—¿Crees que alguien se creería que un nieto mataría a su abuela solo por el acceso al trono?
—Una cosa es creer y otra es demostrar, si la policía sospecha un más mínimo tiene pruebas más que suficientes para culparlo.
—Puedo demostrar que es inocente.
Tenía que poder. Iba a hacer todo lo posible para demostrar su inocencia, costase lo que costase.
—No, no puedes, hay evidencias de su falsa culpabilidad, y no existe ni el más mínimo destello de su inocencia. Ya se han encargado de eso. Esta guerra, si quieres iniciarla, la tienes perdida.
Me levanto, pasándome las manos por el cabello mientras camino por la habitación en busca de una solución. Algo tenía que haber. Aunque sólo fueran palabras, si tan solo hubiera grabado la conversación ya tenía mucho ganado, pero jamás llegué a desconfiar de Oliver ni siquiera un poquito. Sabía que era un traidor, pero nunca me imaginé que a semejante escala.
Cuando quise hablar, algo me interrumpió, el sonido de la puerta principal al cerrarse y poco después la conversación entre Joel y las chicas del servicio.
—Debes ir, de lo contrario será sospechoso —me indicó—. Y no hables, será peor para todos, especialmente para él.
Sería raro que me encontrase en una habitación con él si, y más en la habitación de su abuela.
—Ya hablaremos —indiqué, abriendo la puerta para salir de la habitación.
Pero en cuanto di dos pasos dentro de esta escuché el desgarrador ruido de una pistola dispararse, volteé de inmediato, quedando inmóvil en mi sitio, sabiendo que mis esperanzas de demostrar la inocencia del rey acababan de desvanecerse junto a la vida de Oliver.
Varios guardias llegaron al lugar corriendo, incluso Joel, que llegó jadeando después de haber subido las escaleras en tiempo récord.
Al darse cuenta de la situación atrajo mi cuerpo al suyo, impidiéndome ver más de la trágica escena. Pero ya lo había visto todo. Su cuerpo inerte en la cama, con una bala que le había atravesado el paladar. Sangre. Mucha sangre. En su rostro, en la cama.
Él había muerto.
Y quizá mis malas intenciones debían de seguir el mismo camino.
Porque iba a acabar mal si no tomaba el rumbo correcto desde ese momento.
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Acceso al trono
Teen FictionLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
