Capítulo 14

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Thomas lo mira boquiabierto, incapaz de seguir la orden que acababa de darle. Se señaló a sí mismo y luego a mi, furioso. En cualquier momento empezaría a salirle humo por las orejas porque su nivel de cabreo no hacía más que ir en aumento.

—¿Me estás diciendo a mi que me vaya? ¡Ha sido ella quien me golpeado! Yo solo estaba hablándole, fue ella quien actuó de manera agresiva.

—¿Hablándole o tratando de justificar lo que iba a ser una violación? —inquiere, mostrándose todavía serio, su expresión no había cambiado ni siquiera un poquito.

A nuestro alrededor se escucharon jadeos de sorpresa, nadie se esperaba escuchar eso, tenían a Thomas en un pedestal y a Joel en otro, era casi imposible que estuviera sucediendo tal cosa.

—¿Y qué hiciste tú al traerla al palacio? —cuestiona, acercándose a él, mirándolo directamente a los ojos—. ¿Acaso dirás que no te la has follado? La deseas, Joel, esas cosas se notan. Supongo que por eso la estás defendiendo ahora mismo, ¿es buena chupando pollas? ¿O en qué parte del sexo es encantadora?

—Como sigas hablando será mi mano la que te cruce la cara, así que yo de ti me lo pensaba dos veces antes de pronunciar palabra —siseó antes de chasquear sus dedos en el aire, varios guardias corrieron para acudir a su llamado—. Quiero a este señor fuera del palacio, cuando aprendas lo que es el respeto y la educación podremos mantener una conversación civilizada, mientras tanto vas a mantenerte alejado de estos lares.

—¡No tienes derecho!

—No lo necesito, soy el rey, ¿recuerdas? —sonríe de manera socarrona en su dirección.

—Menudo hijo de puta... Isabel no debería de haber muerto, tendrías que estar tú en su lugar.

Los ojos del rey chispean de rabia y sé que está a punto de reventarle la cara a hostias, en la academia tuvimos que aprender a leer las expresiones, pero se contiene. No sé porque lo hace, pero traga saliva y deja que su cuerpo se relaje.

—Fuera —dice en un tono calmado, los guardias no tardan en hacerle caso y agarran al hijo del primer ministro por los brazos para arrastrarlo a la salida. Este patalea y se queja diciendo un montón de cosas, supongo que para no quedar en ridículo, pero ya era demasiado tarde para él—. Damas y caballeros, como bien saben, no me gusta ser el centro de atención así que sigan a lo suyo.

Como si fuera una orden, todos la acatan.

Él no se sorprende, es habitual que le hagan caso en todo cuanto dice, no por nada es la autoridad suprema del país.

—Lamento todo eso, Aisha —me dice, acercándose a mi.

—Una vez más salvando a las damiselas en apuros —ironizo.

—Y una vez más la damisela tenía controlada la situación, ya lo sé —asiente con la cabeza—. Pero no iba a quedarme de brazos cruzados, no puedo tolerar semejante falta de respeto aquí, y menos a alguien como tú.

—¿Alguien como yo? —me hago la desentendida.

—Thomas miente, nunca en su vida dijo una oración completa sólo de verdades.

—No te creas —me encojo de hombros, queriendo parecer despreocupada—. Tal vez tenía razón en alguna cosa... Con la lengua suelta puedo llegar a ser muy guarra.

—¿Es ese tu estilo? —ladea su cabeza.

—No sé cuál es mi estilo —admito.

Está malinterpretando mis palabras, soy consciente. Tiene una imagen de chica inocente, tímida y vergonzosa. Un papel al que no me ceñí demasiado. Estaba siendo todo lo contrario y en algún momento tendría que darle una justificación a todo, sino pronto empezaría a sospechar. O no. ¿Quién sabe? A veces el deseo es cegador.

—Las veces que tuve sexo me dejé llevar por lo que quería la otra persona, nunca me paré a pensar que es lo que a mi me pone —en parte era cierto.

Mis amantes los podía contar con los dedos de las manos: el primero fue un novio que tuve en la secundaria, el típico amor adolescente con el que lo quieres probar todo aunque no tengas ni idea de nada. Nunca conectamos del todo en el sexo, aunque en aquellos momentos pensábamos que si; el segundo fue un compañero de clase cuando estábamos en la academia, admito que con él se me encendieron las ganas de ser una fiera sexual, pero solo nos duró la diversión lo mismo que duró el curso; el tercero fue mi jefe, el coqueteo empezó después de la segunda misión, y el sexo no tardó mucho en venir. Era el jefe en el trabajo, pero también lo era al acostarnos, todo tenía que ser a su manera. Y a mi eso me gustaba. Me sentía completa. Los demás nunca fueron amantes reales, solo misiones. Había teñido encuentros sexuales con mafiosos, delincuentes, asesinos, escorias que no merecen estar sobre la Tierra, pero con toda esa gente nunca llegó a ser real porque solo se trataba de trabajo.

—Eso es una mierda, Aisha —chasqueó su lengua contra su paladar—. El sexo es para disfrutarlo a partes iguales, no solo para que una de las personas quede satisfecha.

—Eso dicen, si —murmuré más para mí misma que para él.

El sexo estaba sobrevalorado y punto.

Los hombres lo veían como algo súper necesario porque no podían tener la polla tranquila dentro de los pantalones.

Las mujeres por diversión, por liberarse del mundo quizá, y muchas por satisfacer a los hombres. Nunca entenderé la absurda idea de "complacerte a ti es mi placer." No, por Dios, hay que ser algo egoístas en esta vida.

Cuando lo volví a mirar a los ojos me di cuenta de que estaba desatando todos los demonios al tirar de ese hilo. Su mirada era oscura, pero sincera. Indicaba que, pasara lo que pasara, tenía las intenciones de enseñarme lo bueno del sexo y lo mucho que podría llegar a disfrutarlo.

No desconfié en ningún momento porque sabía que tenía razón.

¿Los reyes perdían la realeza en cuanto se quitaban la ropa? ¿O seguían manteniendo esa postura en la cama?

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora