Capítulo 25

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Joel no soportó mis palabras, fueron el puñal que hizo desangrar la herida. No solo para él, a decir verdad, yo también me estaba autolesionando al decir tales cosas en voz alta. Una cosa era pensar en la posibilidad de haberme enamorado, otra era gritarlo a los cuatro vientos.

Me había pillado en una mala situación. Había cortado con mi "novio" tras descubrir la mierda de persona que era, aunque llevara el corazón roto también lo llevaba listo para volver a latir por un nuevo amor. Parece que tuve la mala suerte de que así fuera. Joel fue todo lo que nunca tuve, todo lo que cualquiera puede desear.

Pero Joel no era para mi. Estábamos a diferentes niveles en este juego llamado vida.

—Estás en peligro y no quiero que nada malo tenga pase.

—No sé porque razón habría de seguir confiando en ti, si me has mentido hasta ahora no sé porque razón no lo seguirías haciendo de ahora en adelante.

—¡Porque te estoy diciendo que soy agente del FBI y que esta es una misión importante! Joder, entiendo que quieras hacerle el orgulloso y que estés dolido, pero enfádate conmigo cuando te haya salvado la vida, no antes —pedí, mirándolo suplicante.

No me lo perdonaría nunca en la vida si Joel terminaba muerto solo porque yo no era eficiente con mi trabajo. Estaba ahí por algo, tenía una misión.

—O terminas muerto en la cárcel, te van a inculpar porque tienen pruebas contra ti —señalé—. Así que, aunque no quieras, soy tu último recurso. No me alejes de ti ahora.

—¿Se me acusa de algo?

—De matar a la reina —señalé—. ¿Podríamos ver las grabaciones de las cámaras de seguridad que hay en los pasillos?

—Por supuesto —respondió muy seguro de sí mismo, porque no tenía ni idea que esas grabaciones habían sido manipuladas.

Tomé una profunda respiración mientras él tomaba su portátil, se sentó en la cama mientras este encendía y me pidió que hiciera lo mismo. Lo vi teclear la contraseña y más tarde como entraba en la aplicación que guardaba todas las grabaciones, buscó el día y tras encontrarlo le dio play.

De las seis a las ocho solo se veía el pasillo desnudo, sin gente ni ruido, como si solo se tratase de una imagen.

A las ocho y media se vio a Joel caminando por este para después entrar en la habitación de su abuela, salió a los pocos minutos.

Técnicamente, es difícil asfixiar a alguien en tan poco tiempo, ¿no? Tendría que haber forcejeado o algo, nadie se deja morir así a la ligera.

—Eso está mal —se quejó, apuntando con su dedo índice la hora—. Yo fui a su habitación a las siete para avisarle de que se serviría el desayuno, ¿por que habría de ir yo a las ocho y media a su habitación?

—¿Cómo podemos comprobar eso? —pregunté, más para mí misma que para él.

—¿Preguntando a los que trabajan aquí?

No. De nada servían las palabras. Se necesitaban pruebas sólidas y de verdad.

—No —chasqueé mis dedos en el aire—. Necesitamos ver todas las demás grabaciones, donde se vea que vas a su habitación a esa hora, porque has tenido que atravesar más pasillo, no has podido teletransportarte. Tenemos que ver qué tan buenos han sido en su trabajo, quizá no son tan listos como pensaba.

Tal y como él decía, a las siete se veía por el pasillo la imagen de Joel subiendo por las escaleras y dirigiéndose a la habitación de su abuela. Había pruebas sólidas. Bien. Oliver había eliminado lo que le dio la gana, dejó su trabajo a medias.

—Pásame los vídeos —exigí.

—¿Con esto me exculpo?

—No estoy del todo segura, pero con esto ya tenemos bastante conseguido. Se ve claramente como las grabaciones han sido manipuladas para inculparte.

Él me mira durante unos segundos y yo le devuelvo la mirada, nos quedamos así hasta que el archivo termina de cargarse y aparece la notificación de que había sido enviado con éxito.

—Tengo que informar a mi equipo de esto, mi compañero está en el hotel a la espera de que yo consiga algo de información.

—¿Es tu jefe?

—No, mi jefe es otro.

—¿Y por qué no le informas directamente a él?

—Porque mi jefe es un gilipollas —espeté, al ver su rostro me di cuenta de que no tendría que haber dicho semejante cosa. Al fin y al cabo, él no tenía ni idea de quién era mi jefe—. Fue mi novio, creo... Nos acostábamos, va, porque yo no le importaba una mierda. Me dejó el día entes de venir para aquí y me dejó bastante afectada porque fue un jodido egoísta. Más tarde me enteré de que el hijo de puta iba por ahí contándoselo a todo el mundo... Todavía no pude enfrentarme a este pequeño problema en persona pero no le tengo miedo.

Él me pone una mano sobre el hombro y me brinda una pequeña sonrisa, como mostrándome su apoyo. No. Yo no quería darle pena ni nada por el estilo.

—Los hombres así dan asco. Ahora entiendo porque tenías las expectativas tan bajas en nosotros, estabas con alguien asqueroso y egoísta.

Claro, egoísta. Entendía a la perfección a que venía eso, no me olvidaba de la conversación que tuvimos la noche que nos acostamos. No sabía lo que me gustaba en la cama porque nunca me dejaban a mi decidir, siempre eran ellos los que se complacían a sí mismos.

—Y tú te mereces a alguien mucho mejor, no te conformes con menos.

—No me merezco nada, no soy buena persona, ¿no? —cuestiono con cierta amargura cargada en mi tono de voz.

—Mentir no te hace mala persona —me asegura—. Sino todo mundo sería malo y no es así. Hay otras cualidades que se valoran más.

—No te he mentido, solo te he ocultado la verdad.

—Gracias por aclararlo, le quitas lo malo a la situación con eso, ¿eh?

No iba a superarlo en la vida. Me había quedado muy claro.

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora