Capítulo 19

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El desayuno no se hace tan incómodo como había pensado que sería, todo lo contrario, él hace que sea agradable. Por nada del mundo había dejado que algo de nuestra conversación afectase a todo lo demás, como si estuviera acostumbrado a fingir tanto como yo.

—Hoy no estaré en el palacio, tengo que asistir a un acto público, pero puedes quedarte aquí —me dijo, pasándose una mano por el cabello—. Prometo que no me tardaré demasiado, si lo que te preocupa es quedarte por aquí sola.

—¿Tu tío también irá?

—Si, yo lo tendré cerca, así no te molestará a ti —asintió con la cabeza—. Al igual que no habrá demasiados guardias cerca, no quiero que te sientas incómoda, la última vez casi me arrancas la cabeza por eso.

—Que se quede Oliver —pedí, necesitaba acercarme a él—. A él ya lo conozco y sería más fácil para mi tenerlo a él cerca que a cualquier otro, ¿no crees?

—Pensé que no te caía bien.

Yo también pensaba lo mismo.

Y, ojo, tú pensarás lo mismo cuando descubras quién es Oliver en realidad y qué manera de hacer las cosas tiene.

A ver después a quien le cae peor.

—Al menos malo conozco, no será tan raro.

—Bien, Oliver se queda —me sonríe, sin dudar de mis palabras. Que confíe en mi ya es tenerlo todo en la vida, ¿no?

—Gracias —besé su mejilla de manera sonora—. Ahora ve a ducharte, quedarías muy mal si llegarás tarde, ¿eh? Un rey tiene sus responsabilidades.

—Tú también eres mi responsabilidad, Aisha, no por nada me estoy preocupando.

Si tú supieras que deberías de cuidarme de mí y no cuidarme a mi...

Él se levanta de la cama y camina hacia el baño para hacerme caso, al menos podría aprovechar el tiempo. Tomé la bandeja para llevarla a la cocina mientras él se daba una ducha, necesitaba planear una estrategia o algo para cuando se fuera. No iba a tener demasiada seguridad, pero aún así no iba a estar sola, había gente en el palacio y yo allí no era del todo bien recibida. Además, Joel había sido claro, cada puerta tenía una clave diferente y yo no me sabía ninguna.

Claro que tenía a Oliver, pero quedaría muy sospechoso si se lo pedía así sin más. Tenía que buscar otras alternativas, no podía forzar la cerradora, quizá empezase a sonar alguna alarma, nunca se sabe, ni mucho menos empezar a probar número a lo loco.

Necesitaba ayuda.

—Señorita, deje que yo me encargue de eso —pidió una de las chicas del servicio, quitándome la bandeja de las manos.

Ni siquiera reclamo, sé que hace su trabajo y yo no allí no mando absolutamente nada.

Vuelvo a subir esperando que a Joel no le falte demasiado, para mi suerte es rápido, aun así va bien arreglado, es de esos chicos que les sobra el tiempo. Punto a su favor.

—Joel, me gustaría pasar por el hotel, anoche dejé allí mi teléfono y se me haría bastante aburrido el día si no lo tengo.

—Por supuesto, ya puedo llevarte yo, Oliver nos seguirá y te esperará en la puerta para cuando quieras volver.

Asiento la cabeza, estando de acuerdo con sus palabras y dejo que me guíe hasta su coche, veo que el de que usa Oliver está justo detrás, listo para salir detrás de nosotros. Durante el camino no digo demasiado, dejo que las canciones inglesas me llenen los oídos al igual que el tamborilero de sus dedos sobre el volante, que lo hacían todo más entretenido. Siento la adrenalina recorrer mi cuerpo cuando aparca su coche delante del hotel, hago un ademán de bajarme de este pero me lo impide.

—¿Qué...?

Su mano guía mi rostro al suyo y me besa los labios con delicadeza, de manera suave.

—Nos vemos más tarde, reina —susurra todavía sobre mis labios.

Sé que debo de separarme aunque los labios me hormiguean para quedarse sobre los suyos. Era lo correcto.

—Nos vemos —salgo del coche y subo corriendo a la habitación para no darle más vueltas, Harry tarda en abrirme la puerta y parece sorprendido al verme allí—. Tenemos que ser rápidos. Joel no estará en el palacio y es el momento ideal para entrar s las habitaciones, todas tienen un sistema de seguridad inquebrantable... Pero necesitamos entrar, si no escondieran nada no habría tanta seguridad, ¿no?

—¿Tienen una clave numérica? Esa podemos hackearla, si necesitamos la huella digital o su ojo, ya podemos darlo por perdido.

—Pues no vamos a darlo por perdido porque es de números.

—Ya sabes cómo funciona —toma su teléfono y sacaba de debajo de la carcasa la tarjeta que nos habían hecho los mejores informáticos del sistema. No entendía muy bien cómo funcionaban; pero todas las cerraduras digitales cedían ante ellas, ya fuera una de hotel, o de una empresa... Ahora habría que comprobar si también funcionaba en el palacio.

—Gracias.

—No, espera —me tendió su teléfono—. Lo necesitas más que yo, llama al número que está ahí si en cualquier momento sientes que las cosas se ponen feas. Ten cuidado, estás sola ahí dentro, esa gente está tan entrenada como nosotros, cualquier paso en falso puede costarte la vida.

—Confía en mi, puedo hacerlo.

Claro que podía. Había hecho cosas peores en diferentes situaciones, pero aquí se trataba de algo más, había más cosas de por medio que no venían a cuento ahora.

Oliver me esperó tal y como Joel me había indicado, me saludó con una sonrisa nada más verme, no estaba muy hablador ese día porque no quiso darme demasiada conversación. Justo cuando más necesitaba de su cercanía.

—Podrás engañarlo a él, pero no a mi —murmuró en cuanto aparcó el coche frente al palacio—. Las mujeres como tú solo buscan una cosa.

—No sé que te habrá contado Thomas... Pero me lo imagino y creo que realmente pierdes el tiempo.

—¿Quien eres realmente, Aisha? —presionó—. Tu nombre no aparece en ningún registro, no eres familiar de ningún político, hay tantas cosas que no cuadran...

Mierda. Mierda. Mierda.

Me había atrapado.

Mi futuro estaba en juego si él seguía escarbando en mis cosas.

Necesitaba ir rápido o de lo contrario estaría jodida.

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora