Capítulo 33

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Me duele la cabeza, la barriga y la vida en sí. Juro por mis muertos que no vuelvo a beber alcohol en lo que me queda de vida, porque Dios mío bendito, que estaba hecha un estrago. Sabía las consecuencias de la resaca, aún así esperaba que no fuera demasiado pesada para mi porque iba a necesitar energías para ese día.

Sin embargo, la suerte no está de mi lado y en cuanto intento darme la vuelta en el colchón, el alcohol me pica en el estómago.

Mierda.

Me libero de los brazos de Joel con rapidez y corro hasta el baño como si la vida se me fuera en ello, apenas caigo de rodillas frente al retrete dejo que todo cuanto había bebido salga de mi. Haciendo que mi garganta ardiese y que mis ojos llorasen.

Apenas logro terminar, me levanto para poder lavarme la cara y mirarme en el espejo. Mirasen por donde mirases, gritaba resaca.

—Vaya, vaya... Veo que la reina se ha despertado —escucho la burlona voz de Joel desde la puerta, intento no poner mala cara cuando me giro para enfrentarlo—. Parece que ahora no tienes tantas ganas de hablar como tenías anoche, me imagino que toda esa valentía solo fue causa del alcohol.

—Ni tú tantas ganas de quitarme la ropa —señalé con cierta burla, señalando mi cuerpo semidesnudo.

Recordaba vagamente como anoche se había deshecho de mis prendas solo para que estas no me estorbaran al dormir, como también recordaba haber intentado quitarte las suyas y que estuviéramos a mano, pero él no me lo permitió. Joder. Qué vergüenza.

—Yo siempre tengo ganas de quitarte la ropa —me hizo saber, mirándome de arriba a abajo con picardía, acalorándome de inmediato. Solo Joel sabía como pasar de las burlas a un ambiente caliente en poco tiempo.

—¡Joel! Ya basta, ¿tengo que recordarte que tu prima está abajo?

Su suave risa me hace estremecer, es realmente perfección.

—Tienes razón, date una ducha y te espero en la habitación para bajar juntos, no nos vendría mal un buen desayuno.

Me ahorro lo de decirle que desayunar es lo último que quería, todavía no me sentía del todo bien y no me apetecía devolver de nuevo. Además, Joel en ese aspecto es bastante estricto y por nada del mundo me dejaría saltarme una de las comidas del día, así era él y así eran sus manías.

Sale del baño antes de que pueda siquiera reclamar, dejándome a mi sola para tener privacidad. Con lo que me hubiera gustado una ducha juntos... Estoy segura de que lo puedo convencer para la próxima vez, a él le fascinará la idea solo que no se atrevería a decirla en un momento así, era un hombre demasiado respetuoso aunque a veces demostrase lo contrario.

No dejo de pensar en él durante la ducha y no solo en él, también se pasa por mi mente mi compañero. ¿Qué había sido de él? Si mal no recordaba, no había tenido noticias suyas desde que nos despedimos en la base. ¿Ya se habría ido para Estados Unidos? ¿Seguía en Reino Unido? ¿O es que acaso ya había volado a Grecia para encargarse de terminar por completo con la mafia? Eliminar el problema de raíz siempre era la mejor opción, pero el FBI no siempre optaba por la mejor opción.

Minutos más tarde, tras salir de la ducha, secar mi cuerpo y vestirme con la ropa adecuada para ese día, puedo decir que estoy lista. Joel me toma de la mano para bajar y lo escucho reír cuando la puerta principal es abierta.

—Oh, esto sí que será divertido —dice por lo bajo, riendo con maldad.

No sabía a qué se refería hasta que vi al rey de Dinamarca cruzar el umbral, en persona imponía todavía más, pero él ni siquiera se fijó en nosotros, ni tampoco le hizo caso al guardia que lo guiaba. Él se pellizcó el puente de la nariz y caminó hasta la sala, como si ya supiera lo que le esperaba allí.

—¡Ay, no puede ser que estés aquí tan temprano! —exclamó Sofía, más que nada sorprendida, pues si nosotros no lo esperábamos s esta hora, ella menos.

—¿Has estado bebiendo? Sofíita, corazón, sabes que hay maneras y maneras de llevar el sufrimiento.

—¿El sufrimiento? —preguntó ella mientras soltaba una risa—. ¿Piensas que bebí por el sufrimiento de la pérdida de mi tío? De eso nada, bebimos para celebrarlo.

Siento que estorbaba en aquella conversación así que simplemente dejé de prestarle atención para ahora dirigir la mía al hombre que estaba tomando asiento frente a mi. A él sí que le hacía gracia la situación, tenía los labios apretados para no reírse en algo, y de vez en cuando hacía gestos con su cara que señalaban que estaba juzgando la conversación.

—Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas —le digo, cruzando mis brazos sobre la mesa.

—¿Eso os lo enseñan en la academia? Digo, porque los infiltrados debéis de estar acostumbrados a escuchar conversaciones ajenas.

—No es momento para empezar con el humor de este tipo —señalé, aunque tenía su punto de verdad y no iba a negárselo.

—¿Sueles ser así de amargada en todas tus resacas o estás decidiendo hacer hoy una excepción por algún motivo? —me toma la mano para llevarla a sus labios y dejar un beso en mis nudillos.

Se estaba volviendo una manía que hiciera ese gesto y a mí realmente me encantaba.

—Hoy es la excepción, realmente la resaca me está sentando fatal —admití.

—No había prisas, podrías haberte quedado en la cama todo el tiempo que quisieras, es normal que estés cansada. No sé cuánto bebiste anoche, pero a juzgar por cómo ibas, me atrevería a decir que bastante... Lo que equivale a que también necesitas bastante descanso, no te prives. En cuanto te sientas mejor te levantas y ya.

—No puedo volver a la cama...

—Claro que si, a estas horas seguro que ya han cambiado las sábanas de nuestra cama, así que no tienes de que preocuparte.

Nuestra cama.

Jesús, María y José.

¿Qué pacto había firmado yo con el diablo para merecerme a semejante hombre?

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora