Al caer la noche nadie se atrevía a decir ni una sola palabra, romper aquel siniestro silencio iba a ser una misión complicada. Habían pasado demasiadas cosas en solo un día: la muerte de Oliver, mi verdad desvelada, la intoxicación de Carlos.
¿Qué podía seguirle? Creo que nada iba a hacer peor el día que quedaría marcado en los calendarios del país como un día terrible. Al menos para la casa real, que pronto estaría de luto.
—Mi tío ya se encuentra en el hospital —informó Joel, llegando a la sala donde todos estábamos reunidos, como si ya aquello fuera un funeral—. Id a descansar, es tarde, seguro que de noche todo mejora y mañana tendremos buenas noticias. No dejéis que os afecte, por favor, no merecéis estar mal por esto.
Algunos se levantaron y simplemente se fueron, otros le dijeron unas mínimas palabras. Hasta que solo quedamos él y yo y el silencio matador.
—Antía —me llamó, era la primera vez que escuchaba mi nombre salir de sus labios, no sabía si derretirme o morirme—, tú quédate.
No iba a irme a ningún lado, no con toda la que estaba cayendo.
—No es este un lugar para hablar, mejor vamos a mi habitación, creo que es el único sitio de esta casa donde realmente hay privacidad —habló, señalando con la mirada el camino.
Asentí con la cabeza, negando a decir algo hasta que llegásemos allí. Oliver había estado mucho tiempo trabajando para él, no sería de extrañar que pusiera micros o algo, así habría información entretenida para sus superiores.
Me dejó a mi ir de primera y él me siguió de cerca para no perderme el paso, una vez que entré en su habitación cerró la puerta detrás de su cuerpo.
—¿Para quién trabajas, Antía? ¿Qué es lo que buscas?
—Soy agente del FBI —admití, soltando el aire que me estaba doliendo dentro de los pulmones—. La misión era sencilla, investigar la muerte de tu abuela, pero se complicó.
—¿Quién era el principal sospechoso? —pregunta, yo aprieto los labios mientras lo miro a los ojos. Él lo sabía, sólo estaba esperando a que yo se lo confirmase—. Dilo, Antía, ¿de quien se desconfiaba?
—El principal sospechoso eras tú, más que nada por el acceso al trono, ¿sabes? La monarquía puede llegar a ser muy retorcida y no sería la primera vez que un sucesor mata a su antecedente para reinar sobre un país.
—¿Me ves capaz de algo así? —su mirada está apagada, ya no quedaba el más mínimo brillo en esos ojos que tanto me gusta mirar.
—Yo no, Joel, incluso sin conocerte pude asegurar que tú no estabas implicado en esto —le hice saber—. Solo seguía órdenes.
—Estuviste aquí solo para investigarme... Todo lo que sucedió no fue casualidad ni obra del destino, lo tenías todo planeado porque te interesaba lo que yo pudiera decir.
—Joel...
—No, deja de decir mi nombre, me arden los oídos cada vez que te escucho decirlo —gruñó, pasándose una mano por los rizos de su pelo—. Confiaba tanto en ti, me dejé llevar como nunca hice con nadie porque consideraba que eras la persona correcta... ¡Y todo era mentira! Jugaste conmigo, me manipulaste, me imagino que te reirías de todo esto en cuanto yo me diera la vuelta —murmuró, mirándome con decepción—. Pobrecito el tonto de Joel, que se ha creído todo... Que se ha enamorado como un imbécil.
Me picaron las lágrimas en los ojos y bastó con pestañear para que estas se desprendieran y rodaran por mis mejillas. Fui rápida en acercar mis manos a mi rostro para limpiarlas, pero ya no había marcha atrás.
Tenía razón en parte, pero también había cosas en las que se equivocaba. Yo jamás me reiría de él, no jugaría de semejante forma con lo que él sentía, no cuando yo me estaba sintiendo ahora la peor persona del mundo. Me estaba afectando demasiado, más de lo que debería.
Por un momento me miró con pena, como si en realidad se apiadase de mi.
—No, no... Déjame...
—¿Explicarme? —me interrumpió, negando con su cabeza—. Ya me ha quedado todo muy claro, Antía, de todo lo que pudiste hacer escogiste la peor opción. No te culpo ni te tengo rencor, al fin y al cabo solo estabas cumpliendo tu trabajo. Pero había cientos de formas de hacerlo y tú elegiste esta, así que no esperes que ahora vaya a besarte las lágrimas. Me das pena, claro que si, yo estoy enamorado de la persona que fingiste ser conmigo. No quiero que sigas aquí, me haces daño.
—Mi intención nunca fue esa.
—En el fondo si, porque eras consciente de cómo iba a terminar esto, supongo que no es la primera vez que lo haces. ¿Es la primera que te lo descubren?
No, no lo era.
Me pasó solo una vez y temí por mi vida, me pusieran un cuchillo al cuello y tuve que hacerme la loca mientras este se clavaba en mi piel. Lo recuerdo como algo horrible, que todavía a día de hoy me causa escalofríos. Me había dejado una fina cicatriz que solo se notaba cuando la mirabas de cerca, así que supongo que él no reparó nunca en ella.
—No quiero que me expliques nada, no intentes poner una excusa o alguna de estas tonterías porque ya te advierto que no van para nada conmigo.
—¡No es ninguna tontería! Siento que necesito hacerlo.
—¿Por qué, Antía? ¿Por qué ahora? ¿Por qué diablos quieres explicarme?
—¡Porque te quiero! —grité, sintiendo el amargo sabor de mis lágrimas de nuevo en mis labios—. Porque me he enamorado de ti, aún sabiendo que serías mi perdición.
Había cometido tantos errores a lo largo de esta misión que uno más no se notaría, o eso pensaba yo, porque en realidad iba a ser el definitivo.
Dos idiotas enamorados de quien no debían.
Solo podía significar tragedia.
Todavía había un plan en marcha para la mafia griega que no se detendría a menos que alguien interviniera. Yo estaba perdida, si hablaba ahora con mis superiores me retirarían de inmediato de aquí, seguirían la investigación y Joel sería declarado culpable por todas la pruebas que había en su contra, pero si no hablaba podría terminar de peor forma. Tenía una decisión importante que tomar y no tenía ni la menor idea de cómo aclarar todos mis pensamientos.
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Acceso al trono
Teen FictionLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
