Es temprano cuando emprendo mi camino, no había esperado a que Joel despertara porque temía que pudiera frenarme. Llevaba mi teléfono conmigo y le había enviado un mensaje a Sofía para avisarle, era el primer mensaje que le enviaba, nuestro chat estaba completamente vacío. A ver, normal, me había dado su número ayer y como estábamos juntas no necesitamos hacer uso de los mensajes.
Me acordaba a la perfección de como llegar a la base así que no tardé demasiado en hacerlo, como la anterior vez entré en la fábrica para después colarme por el alcantarillado. La diferencia es que esta vez me encontraba completamente sola, no tenía guía ni tampoco a David, extrañaba oír sus quejas por tener que bajar a semejante lugar. Caminé, siguiendo el único camino que existía, y tras largos minutos me topé con la gran pared que me hizo detenerme.
¿Y ahora?
¿Sería cierto que se podía abrir incluso con mi ojo?
Según mi anterior guía se abría con el de todos los agentes que estuvieran en el sistema, así que no tenía que ser la excepción. A no ser que Sebastián fuera tan hijo de puta como para quitarme. Me fui acercando de a poco y dejé que aquello me escaneara los ojos. Debía de ser cierto, porque las puertas se abrieron al instante haciendo un pequeño "clic" que me hizo saltar. No estaba en peligro, no todavía. Y Sebastián todavía no me había eliminado del sistema.
Punto a mi favor.
—¡Antía! Que gusto tenerte de vuelta por aquí, has hecho una misión brillante, pero no nos esperábamos menos de ti. Eres una de las mejores agentes, felicidades —me sonrió de oreja a oreja uno de mis compañeros, al que pronto se sumó su novio, que se acercó con la misma expresión en el rostro.
—¡Tremenda misión hiciste! Me imagino que esto hay que celebrarlo, ¿no?
—Es nuestro trabajo, Vic —me mofé—. Gracias por la cálida bienvenida, de veras, pero si mal no recuerdo la misión no está del todo completa.
—Operación Grecia es otro caso, ¿no te han informado?
¿Operación Grecia?
¡Venga ya! Soy yo quien descubre la mafia que permaneció oculta por años y me lo pagan excluyéndome de la misión. Esto es imperdonable. Aunque tampoco debería de sorprenderme, al fin y al cabo así era Sebastián, siempre quitando méritos y dejando claro que lugar tenía allí cada persona y, sobre todo, cuál tenía él.
—¿A David lo habéis visto? —pregunté, así sin anestesia.
Ambos se miran entre sí y luego me miran con una misma expresión en el rostro.
—¿No te has enterado? —cuestionó bajando la voz, como si fuera un secreto—. David ha desaparecido.
—¿Quién fue la última persona en verlo? ¿Por qué no estamos investigando eso?
La respuesta era obvia. Porque en el fondo todos sabían qué había pasado y nadie quería involucrarse porque su trabajo era más importante.
No debería de ser así, pero desgraciadamente lo era.
—Antía, por tu bien, te aconsejamos que no te metas donde no te llaman. Sabemos que era tu amigo, pero te conviene centrarte en ti, ¿si?
Tuve que asentir para darles la razón y les agradecí antes de alejarme para poder ir con otro grupo de chicos, algo tenía que sacar de todo esto.
Alzaron la mirada al verme y dejaron lo que estaban haciendo para prestarme atención.
—¿Alguno de vosotros ha visto a David?
Todos la misma expresión, excepto uno, que se tensó y evitó mi mirada.
¿Qué tenemos aquí...?
—Oh, Antía, como has estado varios días fuera no te has enterado... David no ha aparecido por aquí, no responde a las llamadas ni nadie lo ha visto, se dio como desaparecido. Siento que tengas que enterarte de esta manera, de verdad.
—¿No se sabe nada de nada...?
—No, Antía... Nada —aseguró él.
—Entiendo, gracias —murmuré por lo bajo, pero no me fui de allí hasta que el sujeto sospechoso también lo hizo.
Sabía que lo seguía, claro que si, se dio cuenta cuando miró por encima de su hombro. Por lo que cambió de dirección y tú directo hasta una de las salas de interrogatorios, allí me dejó pasar a mí antes y después cerró la puerta tras su cuerpo. Se venía una confesión interesante.
—¿Qué quieres saber, Antía?
—Ya deberías de saberlo: la verdad.
—La verdad ya la sabes.
—Pero aún así quiero que tú me la cuentes —admití, cruzándome de brazos y haciéndole un gesto para que empezara a hablar.
Me miró indeciso durante unos segundos, soltó el aire que estaba reteniendo y después asintió con la cabeza. Estaba dispuesto a contarme lo que sabía.
—Está muerto —admitió en apenas un susurro, con su mirada perdida en algún punto, con su mente divagando—. David no aparecerá en la vida.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque yo lo maté, Antía, soy su jodido asesino y estoy muy seguro de que tras cuatro disparos estaba más que muerto. Sebastián me dio la orden, no pienses que yo mato gente porque este sea mi pasatiempo. Era su vida o la mía, no tenía elección —vi las lágrimas llenar sus ojos, apenas parpadeó se soltaron, inundando sus mejillas—. Sé que era tu amigo y que a mi apenas me conoces, pero tienes que creerme. ¡Yo a él tampoco lo conocía! Le hicimos un interrogatorio de los chungos, se negó a hablar solo para protegerte a ti. Sebastián quería sacarle toda la información que pudiese para después ir contra ti, ya sabes.
El instinto Dagger nunca falla, no.
Y eso es lo que más me jode.
Si yo no tuviera que cagarla, David seguiría vivo.
Pero no, yo tuve que hacer lo que me salió de los ovarios, tuve que dejarme llevar por las emociones y por todo. Y ahora no había vuelta atrás. Ahora él ya no estaba y la única culpable era yo.
Y el sentimiento de culpa, cuando lo sientes con tanta intensidad, no puede ser para nada bueno. Solo esperaba que las cosas no fueran a peor, porque a mejor tampoco podían ir.
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Acceso al trono
Teen FictionLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
