Capítulo 17

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No estaba segura de en qué momento había cerrado los ojos para quedarme dormida, solo sé que cuando me desperté por la mañana siguiente estaba pegada a él, como una sanguijuela. Joder. Ni dormida quería separarme. Inconscientemente me alejé, cubriendo mi cuerpo desnudo con las finas sábanas de seda que hacían su cama.

Estaba dormido.

Dormido de verdad.

Los labios los tenía entreabiertos y dejaba escapar pequeños suspiros por estes.

Sin duda, era una imagen adorable. No parecía ser el mismo que anoche, de hecho simulaba todo lo contrario.

Extiendo el brazo y le acaricio la mandíbula. No soy consciente del movimiento de mi mano hasta que siento su barba incipiente bajo la yema de mis dedos. Mi propósito no era despertarlo, me gustaba verlo de esa manera, tan relajado, como si no existieran los problemas; mi propósito solo se basaba en volver a tocar su piel, sentirlo de nuevo, hacerme saber que no había soñado con él.

Dejé escapar un suspiro para volver a la realidad y me levanté, ignorando mi desnudez, para caminar hasta el baño. No era la primera vez que estaba en un baño del palacio, así que esperaba que tampoco fuera la última. Cerré la puerta tras mi cuerpo y fui directa a la ducha, necesitaba quitarme el olor a sexo que seguía desprendiendo.

Para cuando salgo, él todavía sigue dormido, así que no me molesto en despertarlo. Tomo la ropa que llevaba puesta la noche anterior y me visto con ella, después salgo de la habitación sin hacer el más mínimo ruido. Casi me da un ataque al corazón cuando vi al guardia de anoche parado frente a la puerta, por suerte no grité y solo me llevé la mano al pecho.

—Buenos días, señorita —saludó, dándome un ligero asentimiento de cabeza—. No era mi intención asustarla, lo lamento.

—Buenos días —respondí, con el corazón todavía latiendo con fuerza. El susto había sido así de gratis—. No te preocupes, ¿estás aquí por alguna razón?

Él alza las cejas, mirándome confuso, después señala con la mirada la puerta. Estaba perdida. ¿Qué me quería decir con eso? ¿Qué estaba ahí por Joel?

—Él está dormido —indiqué.

—Lo sé —asintió con la cabeza.

¿Entonces que diablos haces aquí? Digo... Sé que la seguridad es importante, pero la privacidad no debería de quedarse atrás.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Menos del que se imagina —me hizo saber—. No tiene de qué preocuparse, señorita. Baje al comedor, las chicas del servicio estarán encantadas de servirle el desayuno, no hay mucha gente que pase la noche en el palacio.

—¿Eso es algo bueno o algo malo?

—Creo que estoy hablando demasiado —hizo una mueca, mirándome casi con vergüenza—. El señor Carlos trae a sus amantes, pero rara vez les deja quedarse a dormir. Su hijo, William, es idéntico a él, algo del padre tenía que heredar... Y sus hermanos van por el mismo camino, las cosas aquí se viven de otra manera, ¿es así como quiere pasar sus días? No es recomendable. No lo digo por su majestad el rey, él es como es... Pero tiene buen corazón. Lo digo por todo lo que le rodea,  este ambiente no es bueno y tarde o temprano terminará contaminándose.

No me estaba diciendo ninguna novedad, todos estos detalles los conocía yo pero en una versión más extensa. Era admirable que una persona que trabajase en el palacio me estuviera advirtiendo sobre la realeza, o era demasiado bueno conmigo o le importaba poco su trabajo.

De todos modos, agradecía que fuera tan sincero conmigo. Si era así con todas, pronto le espantaría a las amantes reales.

—¿Quiere que la acompañe?

—No será necesario, tal vez lo mejor será que me vaya y...

—¡No! No, por favor, igual fui un poco brusco con mis palabras. Pero créame cuando le digo que su presencia en el palacio solo puede significar cosas buenas, ya fue así de la última vez. Las chicas estaban ansiosas por conocerla.

Sonreí al escucharlo. La última vez había insistido Joel en cocinar, sus dotes eran buenos y no podía quejarme, pero en el fondo estaba deseando conocer a las personas que trabajaban aquí. Se notaba que eran buenas personas.

Asentí ligeramente con la cabeza, sin saber muy bien a qué asentía.

—Muchas gracias... ¿Cuál era tu nombre?

—No creo haberle dicho mi nombre —me sonríe burlón—. Es parte del trabajo.

—Creo que ya has roto un par de reglas de tu trabajo, ¿no?

—Quizá no quiero arriesgarme a romper alguna mas, señorita.

—Bien, entiendo tu punto y respeto tu decisión —admití—. De todos modos, gracias, eres un chico súper agradable.

Él me devolvió la sonrisa con sinceridad y yo baje las escaleras, dejándolo a su bola, tenía mucho que hacer en el palacio. ¿Sería buena idea empezar cuando el rey dormía? ¿O era mucho arriesgar?

Me asomé en la puerta de la cocina, no creo que debiera de estar en el comedor porque mi lugar no era allí. Las chicas se alteraron de inmediato, pero siempre con una sonrisa dibujada en los labios.

—Señorita... —se acercó a mi una de ellas, la que suponía que era la jefa de cocina.

—Hola —junté mis manos tras mi espalda—. ¿Puedo ayudar en algo?

Me miraron atónitas, como si acabara de decir la mayor gilipollez del mundo mundial.

Quizá eso había hecho, si.

—Quiero decir... ¿No podría llevarle el desayuno a la cama? —me mordí el labio, mostrando indecisión—. ¿O quedaría como una ridícula si hago eso?

—¡No, por supuesto que no! —se apresura en decirme—. A su alteza le encantará.

—¡Venga, chicas! El desayuno para el rey y su acompañante, rapidito, no los hagamos esperar.

—¿Para su acompañante? —alcé una ceja.

Ella abrió la boca para corregirse, pero inmediatamente se dio la vuelta como si no hubiera pasado nada. Me pareció extraño, pero de inmediato comprendí que pasaba.

—Es lo que eres, chulita, su acompañante —dijo la voz de su tío desde la puerta—. Porque dudo que la palabra "chica de compañía" o "puta de confianza" te guste más.

Me aguante las ganas de escupirle en la cara por educación y porque las cocineras me miraban de manera disimulada.

—¿Y vosotras qué miráis, eh? ¿Acaso os pago para que escuchéis conversaciones y le deis charla a esta niñata? —espeta en su dirección.

—Te estás pasando.

—No me vengas a decir tú a mi nada, que no tienes ni puta idea de cómo funciona esto.

—Tú tampoco, te recuerdo que el rey soy yo, por lo tanto también el que da las órdenes —gruñe Joel, con su cara de recién despertado, a medio vestir, pero de mal humor.

Qué excelente manera de empezar el día.

Acceso al tronoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora