Los labios de Joel buscan los míos y no tardó en corresponder al beso que me da. Estaba hambriento, se moría de hambre por mi, al igual que yo por él.
Me apoyé en él, afectuosa e indecisa, más bien confusa, él me levantó lo justo para que pudiera rodear su cuello con los brazos. Quería sexo y lo quería en ese instante. Bien, yo también, no iba a negarlo. El sexo siempre funcionaba como método de escape de la realidad, ¿no? Pues necesitaba evadirme de esta durante un rato y si en sus brazos lo conseguía... ¿como iba a negarme?
Me llevó a su habitación, en la que ya había estado anteriormente, y me dejó caer en el colchón, tumbándose sobre mi, atrapándome bajo su cuerpo. Su boca estaba justo sobre la mía y sus manos ansiaban recorrerme de arriba abajo y de abajo arriba.
Con movimientos lentos, metódicos, que desmentían su necesidad, se deshizo de su camisa, dejando al descubierto su bien formando abdomen. Moría de ganas de pasar mi lengua por cada uno de sus abdominales, pero podría reprimir mis deseos para otro momento. Tenía otras urgencias.
Sus manos se deshicieron de mis prendas, hasta que ninguna me cubrió la piel. Quise hacer lo mismo con su pantalón, pero en cuanto mis manos buscaron quitárselo, él me lo impidió rodeándome las muñecas. Comencé a protestar, pero Joel llevó una mano a su boca y besó mi palma antes de levantarme los brazos sobre la cabeza.
Me relamí los labios, nerviosa. Su sonrisa era lenta y depredadora. Tenía malicia acumulada, malicia que descargaría ahora conmigo. Estaba ansiosa, de eso no había duda.
—Ahora ¿qué hago contigo?
—Follarme, por ejemplo.
Madre mía, lo he dicho en voz alta y todo.
—Creo que podría empezar con algo como eso, si —pareció burlarse, pero me hizo caso.
Primero mojó sus dedos con su propia saliva, fue la imagen más erótica que vieron mis ojos en toda mi vida, y los llevó hacia mi clítoris. Me retorcí nerviosa. ¿Dónde estaba la ley de que los hombres no encontraban dicha parte de nuestro cuerpo a la ligera? Joel con solo una vez ya me conocía lo suficiente, tenía mi cuerpo más que aprendido, sabía de sobra mis puntos sensibles y lo que me había gustado. Si así era la segunda vez no me quería imaginar cómo sería en unos meses, o quizá en unos años. Dios.
—Joel, Joel por favor... —imploré, fijándome en el bulto que sobresalía de su pantalón.
Lo quería ya.
Él notó todo al instante, porque dándome una sonrisa descarada se bajó el pantalón junto a los bóxers. Quedé fascinada mirando su polla. Estaba sudando y temblando como un adolescente, y eso que ni siquiera había empezado...
—¿Estás lista, Antía?
—Estoy lista, sobre todo si es para ti.
Caí en la cuenta de que sería la primera vez que gemiría mi nombre y eso me causaba escalofríos en el mejor de los sentidos.
Empujó en mi interior, lo justo para que la punta de su glande ensanchara mi entrada.
—Te necesito, Joel... Por favor...
Perdió el control con solo escuchar esas palabras. Agarró mis caderas y se introdujo profundamente. Gemí. Él se quedó sin aliento.
—Te sientes tan malditamente bien, Antía...
—Encajamos a la perfección, Joel, solo es eso —gemí en respuesta.
Desaparecieron todos y cada uno de mis problemas. No más mafia griega. No más Thomas. No más Sebastián. No más FBI.
Solo él y yo... Y un placer salvaje que me devoraba por completo.
Con un grito salvaje, se salió y después martilleó en mi interior, moviendo la cama entera al empujar una y otra vez. No podía con todo esto. Era demasiado para mi. Me temblaban las piernas. Él fue rápido en agarrármelas y seguir embistiendo en mi interior. Mi punto más ardiente estaba siendo golpeado por su polla cada vez que entraba en mi.
Mis uñas castigaron su piel, vaya que si lo hicieron, dejaron finas líneas de color rojizo que no le dolieron, estaba demasiado centrado en el deleite.
Me corrí de una forma dolorosamente deliciosa y él también, gimoteando mi nombre, cosa que me hizo estremecer todavía más. Por si no me había derretido lo suficiente, mis labios acariciaron ligeramente su mandíbula mientras él colocaba su cabeza contra mi hombro. Todo era paz.
—¿A que ha venido toda esta fantasía, Joel?
—A que te quiero, me da igual si tu nombre es Aisha o Antía, mis sentimientos son más grandes que toda la mentira que has estado creando para mi –susurró, acariciándome el cabello, después me besó los labios de forma breve y se dejó caer a mi lado, desplomándose como lo más ligero en aquella habitación.
—¿Es un polvo de reconciliación? —cuestioné, pasando mi brazo por su estómago para acercarme más a él.
Me apretó contra su cuerpo, conforme con mi cercanía y me besó la frente, llenándome el estómago de mariposas.
—Es un polvo de declaración de amor, reina —me sonrió, acariciándome el pelo con dulzura.
Iba a morirme.
Era tan jodidamente tierno que podría comérmelo a besos en ese maldito instante. No sé cómo alguien podría desconfiar de un ser de luz cono él.
Bueno, por saber lo sabía, pero no entendía cómo podían llegar a hacerlo.
—Me gustas y voy a demostrártelo sea como sea, me da igual el FBI, me da igual todo —habló con sinceridad—. Si tú vas a dar la vida por mi... Yo la voy a dar por ti, sería muy injusto si solo te entregara mi amor, yo también quiero entregarte mi vida.
—Oh, Joel... —alcé la mirada, enternecida—. No quiero ser cursi, no soy fan de lo romántico, pero... Querer a muerte está pasado de moda. Hay que querer bien, nosotros podemos querernos bien, sabemos hacerlo. De hecho, creo que lo hemos estado haciendo desde que nos conocimos. Te quiero, Joel, te quiero muchísimo —admito, regalándole una sonrisa—. Y quiero que todo entre nosotros vaya bien, así que quita de tu mente eso de "entregar tu vida", realmente puede ir en serio y... Maldición, ni siquiera sé cómo puedes pensar en algo así cuando estamos en una línea tan complicada.
Ya había demasiados muertos en nuestra historia, no había necesidad de agrandar la lista.
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Acceso al trono
JugendliteraturLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
