Cuando llegó la segunda fiesta en el palacio, yo ya me sentía mejor, o al menos lo disimulaba de puta madre porque ni siquiera mi compañero de misión se percató. Nos despedimos mucho antes de ir al palacio, pues éramos completos desconocidos de ahí en adelante. Por un momento casi me olvido del pequeñísimo detalle de que el guardia de Joel sabía de su existencia, pues me lo había quitado de encima en la discusión que protagonizamos en la piscina. Tenía que encargarme de él. No podía permitir que un detalle así me jodiese la misión.
Me pongo ese traje negro que tanto había esperado para llevar puesto, me quedaba como anillo al dedo; ajustado en donde debía darle un toque sensual y flojo donde tenía que darle unos aires más elegantes. Tenía escote y no llevaba sujetador por debajo. Me sentía como alguna reina de la mafia de las que se narran en los libros, porque en la realidad no eran nada por el estilo, lo dice una persona que ya había conocido a varias.
Los tacones son altos y delgados, poco recomendados para una misión, aunque lo ideal es ir guapa y acatar miradas para llamar la atención, si tienes cualquier problema y debes correr es el mayor impedimento.
El pelo llevaba gomina y estaba peinado para que se viera toda la belleza de mi rostro, no por nada me habían hecho un maquillaje digno de observar. Los ojos azules resaltaban un montón. Tenía la nariz bien perfilada. Los labios se me veían más anchos. ¿Podemos volver a los ojos? Joder, que mirada tan poderosa tenía esa noche, incluso me intimidaba a mí misma si me miraba mucho en el espejo. Debería de hacerme una foto, pero como no estaba permitido hacer tal cosa, me quedé con las ganas.
El coche que venía a recogerme era del mismo color que mi traje: negro. Brillaba incluso de noche, se notaba que era caro y lo cuidaban mejor de lo que yo me cuido.
—Señorita Davies —me saludó Oliver, ofreciéndome una pequeña sonrisa al mirarme de arriba a abajo.
Sonreí también. Oliver podía ser un capullo por traicionar a sus dos jefes, todos sabíamos que eso iba a terminar mal y era una verdadera pena porque en el fondo no parecía mala persona. Estaba guapo esa noche, parecía un invitado más y no uno que trabajaba para el rey.
—Oliver —lo saludé de igual manera—. Estás muy guapo esta noche.
—Entonces espérese a ver a su majestad —me guiñó un ojo con cierta diversión, me hizo reír nada más entrar al palacio.
Fue él quien me acompañó para no perderme entre la multitud de personas que no conocía en lo más mínimo. Pero cabe mencionar que con cada paso que dábamos se alejaban para dejarnos pasar. Tanto hombres como mujeres me miraban, al principio pensé que era por Oliver, pero las miradas no lo acaparaban a él sino a mi, solo a mi. Miraban mi forma de vestir, mi forma de caminar. Murmuraban por lo bajo, comentando entre sí, y después regresaban sus ojos a mí otra vez. Las mujeres no me miraban con envidia, todo lo contrario, parecían orgullosas de ver a alguien rompiendo las reglas en este lugar. Los hombres no, ellos juzgaban.
En fin.
Los hombres y su estúpida manía de tenerle miedo a las mujeres empoderadas.
Que se preparara el mundo, que esto solo acababa de empezar.
—Debo de informarle de algo antes de dejarla sola.
—¿De que se trata?
—Me temo que aquel hombre que se cruzó con usted en la piscina está aquí, intenté evitar que entrara, pero al parecer es invitado... De todos modos, tendré un ojo encima de usted toda la noche para asegurarme de que no le pase nada.
—Oh, Oliver —puse mi mano en su antebrazo, dándole una pequeña sonrisa—. Permítete disfrutar, ¿qué posibilidades hay de que nos crucemos en un lugar tan inmenso cuando hay tantas personas? Muy pocas. Así que tú estate tranquilo que yo también lo estaré.
Él abre la boca, dispuesto a decir algo con respecto a lo que yo acababa de decir, probablemente para refutar mis palabras. Pero apretó sus labio de inmediato, yo miré en su misma dirección para darme cuenta de lo que estaba pasando: Thomas caminaba en nuestra dirección.
¿Thomas invitado a una fiesta del palacio después de todo lo ocurrido?
¿Esto era cosa de Joel?
¿Era cosa de sus familias?
¿O solo por mantener las apariencias?
—Aisha, no esperaba encontrarte por aquí... Bueno, en realidad si, de lo contrario no habría venido —admite, soltando una risita—. Creo que el último día no quedaron las cosas muy bien, quizá no lo sepas porque ibas pasada de copas, pero te prometo que todo iba viento en popa hasta que llegó él a molestarnos.
Ay, no.
¿Y ahora qué hacía yo?
—Oye, no tienes que preocuparte por lo que pasó, ¿si? —le sonrío—. No era nuestra noche.
—Era nuestra noche, fue él quien la arruinó.
—Thomas... No te equivoques, tú ibas a acostarte conmigo esa noche aunque estuviera borracha perdida. Eso no se hace.
—Tú querías, Aisha, no me vengas con gilipolleces —espeta, pero al ser consciente de su tono lo baja un poco—. Estabas cachonda y me estabas poniendo a mi igual, porque cuando tienes la lengua suelta eres una guarra, estabas deseando que fuéramos a un hotel para que te follara.
Espero a que termine de escupir todo su veneno para voltearle el rostro de una bofetada.
Estaba siendo una idiota. Este hombre era sospechoso y yo ya estaba cagándola de este modo.
Me miró furioso, y no porque le diera una hostia sino porque las personas a nuestro alrededor lo habían presenciado todo. Yo, una cualquiera, dándole un golpe al hijo del primer ministro.
Ups, pues igual la habíamos liado.
—Thomas, te voy a pedir amablemente que te retires del palacio —la voz de Joel suena amenazante.
Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba a tan solo metros de nosotros, mirándolo fijamente a él.
¿Había visto el espectáculo o también había escuchado sus palabras?
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Acceso al trono
Teen FictionLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
