Varios guardias vigilaban las puertas del castillo cuando llegamos a este. David iba farfullando cosas sin sentido porque no estaba de acuerdo con lo que yo quería hacer, pero no le quedaba más remedio que dejarme hacer las cosas a mi manera.
—¿Vas a decirle absolutamente todo? —cuestiona, cruzándose de brazos—. Protegerlo no significa eso, entiendo que ya no quieras ocultarle más verdades, pero cuanto más sepa, en más peligro está. Creo que eso ya deberías de saberlo.
Si, era consciente, pero cuando se trataba de él me salían solas las palabras. Me volvería a sentir en la mierda si él descubría las verdaderas por otros y no por mi, ya me sentía lo suficientemente culpable por todo lo que había estados haciendo hasta el momento. Era hora de poder decidir que era lo más correcto en esta ocasión.
—Haré lo que surja, por primera vez en mi vida estoy improvisando.
—Pues la improvisación no se te está dando muy bien que digamos —intentó burlarle, pero le salió una verdad como un mundo.
—Gracias por los ánimos, David, yo también te quiero —ironicé antes de tomar una profunda respiración.
Él no tardó en darse cuenta de mi indecisión porque puso una de sus manos sobre mi hombro y me miró a los ojos de la manera más sincera posible; estaba ahí, no iba a dejarme sola si yo no quería.
—¿Quieres que entre contigo?
—¿No crees que es muy pronto para las presentaciones? —tiré del humor para no dejarlo todo en tensión, funcionó porque lo escuché reírse por lo bajo—. Yo puedo, en serio, tú espérame aquí... Sebastián seguro que no tarda en llegar, si no es que ya está aquí, no sé dónde va a querer reunirse y tú eres el único que sigue manteniendo el contacto con él. Así que quédate aquí, yo iré a despedirme.
—No pongas carita de que no lo volverás a ver en la vida, somos buenos en nuestro trabajo, va a salir todo bien y podrás volver con él —me prometió, acariciándome ahora la mejilla—. Ahora entra ahí, dile que te de un beso de buena suerte o algo así, ya verás como funciona.
—No digas tonterías —me reí de eso último que había dicho y entré al palacio con decisión, dos guardias me siguieron el paso, no me molestó en lo más mínimo—. ¿Dónde se encuentra Joel?
—Seguramente en la biblioteca —se atrevió a decir uno de ellos—. ¿Sabe dónde queda o la guiamos hacia allí?
—Creo que me ubico, gracias —le brindé una sonrisa antes de empezar a subir las escaleras. Tenía buena memoria así que mis pies me llevaron directamente a dicho lugar, tal como me había dicho, Joel se encontraba con los codos apoyados en la mesa y la mirada fija en un libro abierto—. Joel...
Alzó la mirada al instante, estaba suavizada, no había rastro de algo que pudiera preocuparme. Me acerqué a él al tiempo que se levantaba, puso un marcado en la página que estaba leyendo y cerró el libro para después darle toda su atención.
—¿Cómo te ha ido? —preguntó, ladeando su cabeza con interés.
—Espero que bien, ya todos están informados de lo básico y esencial, sé que está mal guardarse los detalles pero si se enteran de que he fracasado van a quitarme de esta misión... Y si te soy sincera, quiero quedar en ella por ti, no soportaría ver que algo te ha pasado y no pude haberlo evitado. Así que... Guárdame el secreto.
—Tengo los labios sellados, Antía —prometió, brindándome una pequeña sonrisa—. ¿Estás en peligro?
—No todavía, como te he dicho, ya están informados de lo que sucedió con Oliver, van a ir directos a Thomas porque... —me mordí la lengua al ver que de nuevo estaba dándole más información de la que necesitaba—. Es el culpable, fue él quien le ordenó que matara a tu abuela, así que tiene que pagar por ello. No hay nadie mejor que el FBI para hacer justicia.
Al menos no dije nada de la mafia griega, que era mucho más problema en todo esto. Sebastián le había dejado muy claro a David que no había conocimiento alguno sobre ninguna mafia griega, por lo que tenían que ser muy pero que muy buenos. Era difícil mantener un imperio tan grande oculto por tanto tiempo sin dejar el más mínimo rostro, sin cometer el más mínimo error.
—No quiero meterte en problemas —confesé—. Así que si estoy aquí ahora es para despedirme de ti, Joel... No puedo volver a verte mientras mis compañeros de trabajo estén por la zona, van a acusarme de complicidad y de ocultar pruebas, me lo merezco, pero antes de que me condenen quiero que todo lo tuyo quede resulto. Por eso te voy a pedir distancia y paciencia. Tienes que vivir como si nada, ¿vale? Como si nunca hubiera aparecido en tu vida, como si no supieras nada de lo que te rodea. Dime por favor que puedes hacerlo...
—Si hacerlo significa ponerte a ti a salvo, entonces si, claro que puedo —asintió con la cabeza—. Pero tú dime que no es una despedida para siempre, que en cuanto todo esto se termine vamos a tener la oportunidad de hablarlo todo sin presiones de por medio, sin miedo a nada ni nadie. Dímelo, Antía.
—Si todo sale bien, ten por seguro que así será —prometí.
Era un ser de luz. Después de todo lo que había tenido que vivir, incluso conmigo, estaba dispuesto a volver a hablarlo, a aclarar las cosas de verdad y estaba muy segura de que incluso estaba dispuesto a perdonar. No quedaban en el mundo personas como Joel, quizá por eso había que cuidado tanto.
Confiaba en que todo iba a salir bien, ahora ya no estaba sola, tenía a todo un equipo del FBI conmigo, dar con Thomas iba a ser pan comido y sacarle información también. Era un niño de papá, que en su vida se había raspado las rodillas, así que con un cuchillo rozándole el cuello seguro que hasta rezaba el padre nuestro del derecho y del revés.
Sonreí con seguridad cuando salí del palacio, David me devolvió la sonrisa nada más verme.
Toda esta pesadilla estaba por llegar a su fin, una vez más ganarían los buenos.
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Acceso al trono
Fiksyen RemajaLa sospechosa muerte de la reina Isabel II deja al mundo con muchas dudas y a su nieto Joel con poca experiencia para saltar al trono. Antía Dagger, agente infiltrada del FBI, está en Reino Unido con una misión asignada y el británico para ella sól...
