El chico que confiesa su defecto

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El sitio al que París los llevó consistía en cubículos con mesas y asientos largos diseñados para grupos de varias personas

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El sitio al que París los llevó consistía en cubículos con mesas y asientos largos diseñados para grupos de varias personas. Podían cerrar el espacio con biombos de tela y tenían acceso a una pequeña terraza y unas escaleras que daban al exterior, una calle en el lateral de una avenida concurrida.

París recomendó la comida, repartió la bebida y tuvo especial cuidado ayudando a Meissa a elegir algo sin alcohol.

—Esta es divina —le decía, en tono suave—, puedes pedirla sin alcohol, será como un coctel de frutas. Todas las de esta línea no tienen alcohol y estas de aquí las puedes pedir sin alcohol, sólo avisamos y ya está, van a saber bien igual, te lo prometo. Si una te llama la atención y no es de esa parte, preguntamos si tiene alcohol o si te la pueden traer sin el…

Cuando los pedidos llegaron, París colocó una bebida también libre de alcohol frente a Suhail. Según él, era su "ofrenda de paz".

—No eres tan aburrido. Digo, para ser una persona cis y probablemente hetero y neurotípico —se "burló", seguido de un guiño—. Mei y tú serán los "padres" del grupo —añadió deprisa, con una sonrisita.

—¿Eso es…? —Meissa lo observó con curiosidad.

—Quienes evitan que un París ebrio se lance de cabeza por el balcón —Luján le dio una palmadita a su amigo en la espalda al decirlo—, algo que ya ha estado a punto de pasar dos veces…

—Yo ayudo —indicó Dorian, divertido—, tengo suerte de no ponerme ebrio nunca.

Así, una primera ronda de comida y bebidas transcurrió con París parloteando sin cesar sobre su trabajo. Luego acerca de la tienda de tatuajes e ideas de lo que podría hacerse, si permitía que la aguja por fin se acercase a su piel.

Cuando acabaron, llamó al mesero y pidió otra ronda. Roma se inclinó hacia él, chasqueando los dedos para llamarlo, y preguntó algo.

París le restó importancia con un gesto.

—Es dinero extra, no habrá problema, me gusta verlos felices un rato…

En cierto momento, Meissa hizo un comentario y la mitad de la mesa estalló en risas. Ella se puso roja y Roma intentó cubrirse la boca para disimular las carcajadas y no avergonzarla más.

París consiguió mantenerlos centrados durante un rato, haciendo preguntas de aquí para allá. El local tenía una música suave de fondo y las risitas se escapaban a través de las paredes separadoras del cubículo de vez en cuando.

Con la tercera ronda de bocadillos y bebidas, Roma le mostraba a Meissa cómo ajustar los anillos que usaba y le ofrecía uno como regalo si lo quería y París se levantaba y decía algo sobre querer bailar. Atrapó la muñeca de Suhail y lo puso de pie en base a jalones.

SerendipiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora