❝A veces cuando buscas algo, encuentras una cosa completamente diferente. No es casualidad. No existen las casualidades❞
Suhail y Meissa creen que han elegido un edificio por casualidad, porque las circunstancias los empujaron en esta dirección, sin...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Roma revisó los últimos mensajes.
Meissa F.: avísame si me necesita allá, por favor.
Futuro esposo de Harry Styles: Lu seguro lo sienta y le mete una galleta en la boca. No se puede estar triste en paz con Lu encima.
Lu bonito amordemivida: ¡estamos bien aquí! Hablamos luego.
Se sintió aliviada al recibir el último. Decidió que le daría un poco de tiempo y le escribiría después. Si de algo estaba segura era que Luján podía poner a hablar incluso a una piedra, si era lo que se proponía.
Roma entró al apartamento justo cuando Meissa revisaba su teléfono. Vio que movía la boca, pero no pudo oír con claridad lo que decía.
Le hizo un gesto para pedirle que esperase un momento, se retiró los audífonos y colocó sus llaves en la mesa junto a la puerta.
Meissa ya había abandonado su teléfono a un lado y estaba de pie a unos pasos de distancia, con una caja marrón atrapada entre las manos. Sonreía. Cuando Roma la observó, se la tendió.
—Espero que te gusten…
Roma titubeó con la caja en la mano. Ella la miraba de forma expectante y le brillaban los ojos. La ponía nerviosa. No sabía hacía dónde ver ni cómo ocultar que su cara empezaba a arder.
Se dirigió al sofá y puso la caja en su regazo al sentarse. La abrió con cuidado de no romper la envoltura y se topó con unas piezas de tela rosa y naranja con bordados y pequeñas piedras brillantes en diferentes tonos dentro de la misma gama.
Al extender por completo las piezas, descubrió que formaban parte de un juego. Dos brazaletes, un cinturón y una bufanda delgada que podía ir bien incluso con el calor, haciéndose pasar por pañoleta o corbata informal.
Roma vio de reojo a Meissa, que continuaba esperando su reacción.
Sonrió. Antes de que pudiese bajar las prendas para decirle que eran muy bonitas, Meissa se adelantó y tomó una, estirándola para comenzar a hablarle al respecto, sus palabras atropellándose un poco entre sí.
—…y las puedes usar como prefieras. Eso quería. Que las usaras. Si te gustaban. No tienes que usarlas si no te gustan. Es sólo si te gustan. Es importante que te gusten. Pensaba...
Roma soltó una risita cuando sus frases se convirtieron en balbuceos y atrapó sus muñecas para detenerla. Meissa parpadeó hacia ella y boqueó.