❝A veces cuando buscas algo, encuentras una cosa completamente diferente. No es casualidad. No existen las casualidades❞
Suhail y Meissa creen que han elegido un edificio por casualidad, porque las circunstancias los empujaron en esta dirección, sin...
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—…estos son los diez Centinelas, los Mayores. Se llaman así porque te dan la primera señal, son como faroles mostrándote el camino. Son el Blanco, el Gris, la Orquídea, la Bailarina, el Río, la Figura, la Jaula, el Conquistador, la Serpiente y la Anciana…
Luján se interrumpió con un bostezo después de extender las diez cartas en una media luna frente a sí. Tomó el siguiente mazo.
—Estos son los Menores. No se sacan solos. Van del uno al diez y hay cuatro mazos: Ojos, Brújulas, Coronas y Lunas.
Esos los organizó por mazo. El de Ojos era azul y blanco, el de Brújulas era rojo y negro, el de Lunas plateado y blanco y el de Coronas marrón y dorado.
Contuvo otro bostezo.
—A cada número se le atribuye algo, pero la interpretación cambia con el mazo al que pertenece. Y luego está la Trinidad. Es una broma que tenía con mi abuela —aclaró, aunque su risa fue apenas un sonidito débil y exhausto—. Yare, Ayu y Lizan. Yare es sí, Ayu una respuesta indeterminada y Lizan el no. Sólo se usan para preguntas directas.
También extendió estas tres cartas frente a sí.
—Pero eso cambia si te salen invertidas —Luján giró el Ayu para que la figura dentro quedase "cabeza abajo"—. El Ayu invertido significa sospecha. Todas las que tienen figuras cambian invertidas.
No pudo evitar el siguiente bostezo.
—¿Qué hora es? —preguntó, echando un vistazo alrededor.
Dorian se acercó a la mesa con unas tazas y comenzó a repartir.
—Café latte con extra de crema, leche y azúcar hasta que no sepa a café para Lu y café negro cargado para mí, té verde para París, té negro para Romita, bebida de cacao con leche de almendras para los nuevos.
La cafetería se encontraba vacía, pero había recibido permiso de su jefe para quedarse allí tras darle una excusa sobre un problema con su apartamento en plena madrugada y no tener a dónde ir. Su jefe estuvo por ofrecerle que fuese a su casa, hasta que se enteró de que Dorian arrastraba a cinco más. Entonces, como lo consideraba un empleado de confianza, le dijo que abriese la cafetería temprano y que podían desayunar algo allí.
—Las tres y algo —Dorian le dijo la hora después de revisar su teléfono, dejándose caer junto a Luján con su taza de café negro.
No se sentían seguros de pasar esa noche en el edificio, la mayoría no podía ir con su familia, los cuatro preferían no separarse tan pronto y los Farage no tenían ni idea de a dónde fue a parar la maleta de Suhail.