CAPÍTULO 8

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UN GRITO DE AUXILIO Y LIBERTAD

-Espalda recta. -me ordenó Keane. Estaba próximo a mí, lo que me permitió captar su inseguridad y nerviosismo.

Acaté su orden. Mis hermanos y yo nos encontrábamos en la entrada de palacio, esperando la llegada de la realeza de los otros reinos. Padre se situaba unos metros más alejados de nosotros, por lo que querría dar la bienvenida primero.

Hacía muchísimo tiempo que no se reunían todos los dioses. La última vez que yo me acordara, tenía alrededor de ocho años. El encuentro consistía en una cena para dar las condolencias por la muerte de Emery, y por supuesto, acarrearían a mi hermano a preguntas. Seguramente dudaban por el equilibrio de la ciudad.

La primera carroza conducida por dos caballos cuyo pelaje era claro como la tonalidad de las nubes, aparcó en la zona correspondida. Directamente, salió con alabanza el Dios de la Compañía, acompañado por su mujer y su única hija y heredera al trono, la Semidiosa de la Compañía. Posteriormente, del cielo aterrizó una carroza liderada por dos Pegasos, quienes desplegaron las alas. En cuanto ese hombre puso un pie en la tierra y observé sus prendas alocadas llenas de colores, supe que se trataba del Dios de la Locura. Andaba con elocuencia y soltaba una broma que otra entre risas. A su paso caminaban sus tres hijos varones entre gritos y palmadas. Entonces, no me percaté que los Dioses de la Serenidad junto a sus dos hijas también habían llegado y miraban con recelo a los hijos Locura.

Conforme iban llegando, mi padre les ofrecía una calidad bienvenida con un apretón de mano, e iban directos a saludarnos a nosotros. Sobre todo, a Cyra y a Keane, a mí me dirigían una mirada con suspicacia la cual ya tenía asumida recibir.

Finalmente; los Dioses de la Destrucción, Naturaleza y Verdad llegaron con sus respectivos descendientes. Aunque no les presté la atención merecida, ya que todos mis sentidos se centraron en la misteriosa y helada llegada del Dios del Engaño. El hombre de melena larga y oscura andaba altivo con su mujer agarrada a él, y detrás de ellos, su hijo. Éste me devolvió la mirada al paso. Sus oscuros ojos me erizaron la piel, tragué saliva y desvié los ojos intentando olvidar la astuta sonrisa que se le plasmó en los labios. Nadie sabía el nombre del hijo Engaño, más que todo porque en los intentos de preguntárselo siempre permanecía en silencio o se enfurecía y se largaba del lugar. Era como una sombra andante.

El camino al comedor fue jaleoso, sobre todo por parte de los invitados Locura. La mayor parte de Dioses conversaban entre ellos y sus hijos socializaron con otros. Por mi parte, me quedé al final sola entre mis pensamientos. Mi cuerpo se sobresaltó al notar la presencia de Ariadna, procedente del Reino Compañía, quien esbozó una tímida sonrisa.

-Me alegro de verte Leyla. Siento mucho lo ocurrido con tu hermana.

Acepté las condolencias. Ari fue la única chica a la que consideré amiga. Desde pequeña el resto de los hijos de la realeza se burlaron de mí por la falta de poderes o por mi diferencia. Un día, Ari me defendió y desde entonces nos comunicábamos mucho cada vez que las familias se juntaban.

La comida fue incómoda, ruidosa y escandalosa. Yo estaba sentada entre Ari y Cyra, y a nuestro alrededor se encontraban el resto de los hijos como de costumbre. Con la diferencia de que esta vez, los herederos al trono se sentaron más próximos a los dioses, sobre todo Keane.

Lo extrañé a mi lado.

Durante toda la estancia, presentí la vigilancia de unos ojos sobre mí. Miré alrededor hasta que mis ojos chocaron con el hijo del Reino del Engaño de nuevo. No retiraba la vista sobre mí, pero esta vez no sería yo quien se rindiera primera, por lo que le desafié al mismo tiempo que fruncí el ceño esperando algún tipo de reacción.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora