CAPÍTULO 1

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LA MUERTE DE UN REINO

Dentro de pocas horas se produciría el primer eclipse solar del año, fenómeno que ocurría cuando la Luna ocultaba al Sol visto desde la Tierra. Para otros reinos, significaba un día para visitar la Isla Sol o también llamado, el Reino de la Luz. Para mi propia patria, era una festividad, y no cualquiera. Más, sobre todo, aquel día.

Me encontraba con los brazos apoyados en la barandilla del balcón de mis aposentos mientras observaba a la Luna cada vez ocultar más el Sol. El acto comenzaría en cuestión de minutos. Sabía que debía presentarme en el salón de ceremonias para hacer presencia de la familia real, pero necesitaba unos instantes de paz y tranquilidad, observando cómo los habitantes de la ciudad y de otros reinos acudían a palacio.

El viento soplaba en mi favor, y se sentía placentero cómo el cabello retrocedía por la fuerza del aire. Cerré los ojos con fuerza, intentando olvidar todo el pasado y poder disfrutar ese día que era tan importante para mi hermana mayor.

"Respira Leyla. Respira y olvida" Repetí en mi mente.

Un fuerte dolor de espalda acudió y me hizo retroceder del remordimiento y dolor hasta llegar al interior de la habitación. Me apoyé con fuerza en el armario esperando que el pinchazo cesase lo más antes posible. Sentí como si todos los músculos de mi cuerpo se contrajesen, como si estuvieran luchando contra algo y siempre perdiera la batalla.

-Leyla.

Salté del susto al darme cuenta de que mi hermano se había presentado en mi habitación sin llamar a la puerta. El chico con cabello pelirrojo y ojos de un color ámbar se compadeció de mi expresión de disgusto.

-¿Qué haces aún aquí? Padre me ha llamado para buscarte. -repitió Keane.

-Sí. Solo estaba descansando.

-¿Ocurre algo? -frunció el ceño curioso, aunque no tardó mucho tiempo en descubrir mi secreto. -¿Otra vez los dolores?

Asentí con la cabeza. Keane me agarró las dos manos para tranquilizarme y sonrió con delicadeza.

-Te prometo que después de la coronación correré tierra y mar para descubrir el origen de esos dolores. Pero ahora necesito que sonrías ante esa gente. Todos buscan un lugar donde apoyarse, y esta familia les da motivación para seguir.

-Está bien. -sonreí.

Me estiré el vestido y recoloqué las mangas arrugadas. No era de arreglarme muy a menudo, solo para actos importantes cuando me obligaban a colocarme incómodos corsés y extravagantes vestidos de seda. En ese caso, llevaba uno de vuelo color granate el cual resaltaba mi blanca piel. En cuanto al peinado, luché con las damas para que no hicieran una ordinariez como las veces anteriores y estaba más satisfecha con el resultado. Un simple moño caído con los mechones delanteros salidos cubriendo parte de mi rostro.

Al fin, salí cogida del brazo con mi hermano. Recorrimos con rapidez los pasillos de palacio hasta llegar a la parte trasera del salón, donde apenas detectaron nuestra presencia. Había centenares de habitantes. Los más vulgares ocupaban el medio y la zona fondo del salón. Los más ricos y adinerados se encontraban más cerca del trono donde mi padre hacía acto de presencia.

Nos colocamos en nuestros tronos correspondientes al lado suya. Observé de reojo a mi padre, quien lucía una larga túnica de color oscuro resaltando así su cabello rubio con numerosas canas. Se había dejado una áspera y canosa barba que ocultaba su cuello. Además, llevaba un ajustado traje el cual lucía a pesar de su figura corpulenta.

-¿Dónde está Emery? -susurré a mi hermana Cyra.

-Está en su habitación terminándose de arreglar. Dijo que necesitaba recitar el discurso por última vez.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora