CAPÍTULO 20

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EL LADRÓN DE PIEDRAS

No tenía constancia de cuántas horas llevábamos caminando. Solo sabía que estaba cansada y con cada paso, mi pierna escocía haciéndome doblar la rodilla y apoyar todo el peso en mi pie sano. Durante todo el trayecto, tuvimos numerosas discusiones ya que Kilian no paraba de repetirme si estaba bien, y siendo sinceros, llego un momento en el que no me agradaba sentirme inferior a él. Directamente, odiaba que tuviesen que cuidar de mí, por lo que le tuve que decir en gritos que podía valerme por mí misma.

Le tensión se dispersaba por el ambiente. Hasta entonces no me había percatado de lo siniestro que era ese bosque, de tantos árboles la luz apenas cundía en el suelo y no había ni rastro de animales.

Tragué saliva cuando empecé a encontrarme mal de verdad, y sentí escalofríos por mi espalda. Pero no era la cicatriz, por primera vez en mi vida no era eso. Me quedé petrificada al descubrir que el bosque comenzó a temblar y las ramas de los árboles giraban entre sí. Había magia o algo por el estilo.

-Kilian... ¿Lo estás viendo? -balbuceé, temblando de frío.

Kilian me observó horrorizado. Lo más exhausto fue eso, que no miraba al panorama, sino a mí. Se acercó a mí preocupado.

-Leyla... ¿te encuentras bien?

-¡Te digo que sí! ¡Pero el bosque está girando y todo da vueltas! Y... y... -mis ojos no podían creer que vieran una réplica de Kilian justo al lado.

Sin decirme nada, él me colocó la mano en la frente y la quitó al instante.

-Estás ardiendo, Leyla.

-¡Puf! ¡Tonterías! ¡Estoy perfectamente! Es más, sigamos andando.

O eso pensaba yo. Al dar el primer paso, mi pie no impactó correctamente y mi cuerpo se ladeó a un lado, si no fuera porque Kilian me cogió en brazos antes de caer, probablemente me habría dado fuerte en la cabeza.

-Vale. Creo que sí me encuentro un poco mal. -susurré. Dejé restar mi cuerpo entre sus brazos.

Con sutileza, me abrió un poco la venda de la pierna e hizo una mueca, asustado.

-Está infectado. -afirmó.

-¿Y eso... es malo?

-Muy malo. Tenemos que encontrar algún refugio para bajarte la fiebre.

Sus ojos me dejaron cautivada. El sueño y cansancio se apoderó de mí.

-¿Por qué no te vas a buscar? Yo me quedaré sentada. -el pestañeo duró más tiempo, hasta que Kilian me dio palmadas en la mejilla para despertarme.

-Eh, Leyla. No te duermas, no cierres los ojos. ¿Vale? Necesito que te mantengas despierta.

Intenté hacer el esfuerzo de responderle, pero las palabras se atascaron en mi garganta. Mis párpados caían sin cesar, y por más que hacía el intento de no dormirme, Kilian me tuvo que dar palmaditas en la cara. No obstante, el sonido de una rama partida agudizó todos nuestros sentidos. En ese instante, Kilian se colocó en frente de mí y agarró con fuerza la espada. Permanecimos en silencio, hasta que, por sorpresa, no eran ni guardias ni dioses, solo era el pegaso que robamos del Reino Naturaleza. Por primera vez en mi vida, me sentí aliviada de ser espiada por un animal. Éste se acercó cautelosamente y agachó la cabeza.

-Parece que es nuestro día de suerte. ¿No?

Lo último que recuerdo ver es la amplia sonrisa orgullosa de Kilian ante la aparición del pegaso. E inmediatamente, cerré los ojos sumergiéndome en un cálido sueño con los gritos de Kilian de fondo.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora