CAPÍTULO 4

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TE PROMETO...

Mi único propósito antes de las pruebas era encontrar al menos una espada o cualquier arma con la que defenderme tal y como me explicó Kilian. El problema es que me veían como una rosa que se puede marchitar fácilmente, y quien me pillara con un arma me la arrebataría sin pensarlo dos segundos.

Tenía seguro con creces que Devon no me ayudaría esa vez, y tampoco me arriesgaba a pedir ayuda ajena. Por lo que opté por vigilar la sala de armas y encontrar el momento perfecto en el que no hubiera nadie y robar lo que pudiera.

Por eso, estuve todo el día detrás de Keane intentando estudiar sus pasos.

-Leyla, te lo repito por décima vez. Ve a tu cuarto y deja de seguirme. -repitió desesperado mi hermano mientras bajábamos las escaleras para ir a su estudio. -Tengo asuntos pendientes.

-Te ayudo.

-No. No puedes.

-Por favor Keane. -le puse ojos de remordimiento.

Finalmente, no pudo resistirse a su hermana pequeña y acabó aceptando a regañadientes.

-Pero estáte en silencio. -me advirtió antes de cerrar la puerta.

Fui directa a los sillones que había en su estudio y lo examiné todo con cautela. Esa sala solía pertenecer a mi madre, pero tras su marcha quedó completamente vacía. Habían hecho algunas reformas, como colocar estanterías llenas de libros y enciclopedias por todos lados. Las paredes libres estaban repletas de mapas del Pentágono del Equilibrio, así como las tierras mundanas. En el centro de la sala, destacaba una amplia mesa con más libros y cuadernos en blanco que Keane rellenaba con pistas.

Mis ojos se ampliaron cuando localicé una lista que me interesaba. Me levanté curiosa y con mucha osadía me acerqué al trabajo de mi hermano. Efectivamente, la lista estaba llena de nombres de chicos que realizarían las pruebas al día siguientes.

Sigilosamente, apoyé mi mano sobre la mesa para robar una pluma y esperé a que mi hermano se levantara. Paseé por la estancia hasta que Keane me llamó.

-Leyla, ¿has visto la pluma de escribir? Juraría que la había dejado aquí en la mesa.

-¿Pluma? A mí no me suena. -mentí con frescura. Me acerqué a él y negué con la cabeza. -Keane, con tanta presión ya no recuerdas ni lo que haces.

Reí y le ofrecí una muestra de compasión.

-Tienes razón. Tengo la mente en otro lado. Iré a buscar una pluma.

Se levantó y me dejó sola. Con rapidez, mojé la pluma en tinta y añadí un último nombre a la lista. La letra de Keane no era muy complicada de imitar, así que lentamente copié sus trazos y falsifiqué el nombre. Quedó perfecto. Para que no sospechara, limpié la pluma y cualquier indicio, y me guardé la pluma en el bolsillo de mi vestido.

Justo entonces, Keane entró con una caja repleta de plumas.

-Está anocheciendo. Deberías irte a tu habitación.

Asentí resignada y me despedí de él con un beso en la mejilla.

Solo me quedaba lo más importante. Según había estudiado dos días antes, en cuanto el Sol se escondía, reducían la guardia por el pasillo ya que ocupaban todas las calles de la ciudad en busca del asesino.

El ruido de pasos me hizo esconderme tras una cortina. Tan solo eran unos guardias revisando la zona. A hurtadillas logré entrar a la sala de armas. No sabía cuál escoger, había tanta variedad y yo era tan basta en conocimientos. Recorrí en sigilo e inspeccioné cada una de ellas.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora