CAPÍTULO 2

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NO LLORES

Esa noche lloré lo que jamás había llorado. Emery siempre fue la persona que mejor me entendió, quien me comprendió en mis momentos más difíciles y me ayudó a superarlos. El hecho de que no estuviese más conmigo, me llenó de impotencia.

"No llores más Leyla. Mantente fuerte por la familia".

Repetí en mi mente una y otra vez cuando me levanté a la mañana siguiente. Del armario escogí un simple vestido esmeralda sin vuelo y con las mangas abollonadas. Trencé mi cabello y salí hacia la sala de reuniones lo más veloz que pude.

En la carrera, choqué con alguien al cruzar la esquina y mis sentidos se relajaron al comprobar que era un guardia. No un guardia cualquiera, sino un gran amigo.

-Devon, madre mía, menos mal que te encuentro. Necesito entrar en la sala de reuniones. -eché un vistazo detrás de él y me asusté al observar a un gran número de guardias custodiando la puerta.

-Leyla. -gritó y al darse cuenta de que teníamos compañía no muy lejos, se aclaró la garganta y murmuró más bajito. -Princesa, ¿qué haces aquí?

Lo agarré por el brazo para alejarnos y poder permanecer a solas.

-Ya te lo he dicho. Necesito saber lo que está pasando.

-Y tú ya sabes que no puedes entrar ahí. Solo está permitido para el Rey y los que están llevando el caso.

-¿Keane está dentro? -pregunté sospechosa y mi intuición acertó cuando vi la reacción nerviosa de Devon.

-No puedo decírtelo.

-¡No me lo puedo creer! ¡Keane está dentro! ¿¡Cómo mi padre le ha dejado entrar!?

Devon siguió en silencio resignándose a compartirme más información. Así que me vi en la necesidad de hacer un poco de chantaje.

-¿En serio? ¿Con que esas tenemos? Pensé que a estas alturas ya lo sabías. Mira Devon, suelo ser muy pacífica, pero te juro por el Dios Supremo que si no me dices qué está ocurriendo en esa sala, les digo a todos y cada uno de este palacio los privilegios que es tener un amigo de guardia me han ofrecido.

Devon cerró los ojos rendido y tragó saliva como si sabía que se arrepentiría de cada palabra que iba a decir.

-Chantajista. -murmuró a regañadientes.

-Eso dicen. ¿Vas a hablar ya o qué?

-Escucha Leyla, ni siquiera yo sé qué está ocurriendo. El Rey ordenó que solo los guardias autorizados entraran ahí. Y como sabes, yo no pertenezco al rango superior, por lo que solo me encargo de que princesas mocosas y entrometidas como tú no metan las narices donde no les llaman.

-Hoy te has levantado borde.

-Solo si me amenazan.

Devon interpretó mi mirada preocupada y volvió a dejar de lado los comentarios bordes.

-Oye Leyla, sé que estás agitada. Todos estamos nerviosos. Pero no puedo informarte y protegerte al mismo tiempo. Se suponía que debías estar en tus aposentos todo el día.

-¿En serio crees que el asesino tiene intención de matarme? Por favor, Devon, pon los pies en la tierra. Soy la hija maldita, ¿recuerdas?

-A la habitación. Ya. -señaló angustiado con el dedo.

-Solo si me acompañas y me cuentas por qué Keane está dentro de la sala de reuniones.

Devon suspiró y miró a ambas direcciones del pasillo para registrar que nadie estuviera chismeando. Enseguida, salimos a paso ligero y subimos las escaleras con dirección a mi habitación. Una vez dentro, le volví a obligar a que soltase información.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora