CAPÍTULO 45

12 3 0
                                        

UN ATAQUE DE SIPULOSA

Hay algo en lo que los humanos nos destacamos. Nos pasamos esperando toda una vida a que nuestro gran momento llegue, y cuando lo tenemos entre nuestros dedos bien apretados, lo soltamos. Es entonces cuando nos damos cuenta de que realmente no queríamos el resultado, sino comprobar si éramos lo suficientemente capacitados para conseguirlo. Con ese objetivo por el suelo, te preguntas... ¿Y ahora qué?

Supongo que todos esos pensamientos golpeaban mi mente al ver a mi hermano Keane con la corona del Reino de la Luz en su cabeza, ya oficialmente era el soberano rey. Éste se giró hacia mí extrañado porque no me inmutaba para ni aplaudir, entonces me di cuenta de que esperaba una reacción por mi parte y le ofrecí una cálida y falsa sonrisa. Pero fue lo suficiente convincente para que se descentrara de mí.

¿Se suponía que tenía que sonreír? ¿Cómo podía estar feliz? Sabiendo que ese puesto era de mi hermana, la cual estaba muerta. Sabiendo que había una verdad detrás de la muerte de mi madre, la cual también estaba muerta. Sabiendo que miles de personas estaban por morir y nadie hacía nada para detenerlo. Sabiendo que tuve la oportunidad de frenar todo ese caos, y nuevamente, fallé. Como siempre.

Lo único que quería era regresar a mi habitación junto a Kilian, que me ayudara a recoger mis pertenencias. Solo quería escapar con él sin ningún destino, sin ninguna meta. Pero era con él, y eso me bastaba.

Volví a la realidad de mi presente y llevé mi copa de vino de uva a los labios. No sabía exactamente cuando decidí que esa era la bebida que quería, pero estaba bastante deliciosa.

- ¿... para la tarta manzana? -parecía que Cyra llevaba un rato intentando captar mi atención. - ¿Me estás escuchando Leyla?

- ¿Qué? ¡Ah! Sí. Sí. ¿Qué decías?

La reacción de mi hermana cambió por completo, de la extrañeza al miedo. Titubeó un poco hasta pronunciar sus palabras.

-Leyla, ¿te encuentras bien? Estás... -señaló hacia su nariz. -Estás sangrando.

Abrí los ojos de par en par y dirigí mi dedo índice para arrastrarlo hacia mi nariz. Efectivamente, un chorreón de sangre se esparció por mi piel y no cesaba.

-Yo... No me encuentro bien.

Y no era mentira, comenzaba a sentir todo mi cuerpo caer. Sea lo que fuera que estaba en mi interior, estaba cabreado porque no lo dejaba salir; y cuanto más me esforzaba por contenerlo, más fuerte se hacía.

-Deberías irte a dormir. Descansa.

-No puedo, Keane quería que estuviese aquí.

-Keane ya es rey. Y como rey, él seguramente te diría que marcharas a dormir. -insistió mi hermana, preocupada.

Al final, asentí con la cabeza resignada.

-Gracias Cyra. Por todo. Por estar ahí.

-Eso es lo que hacen las hermanas. -extendió sus brazos para abrazarme. -Te quiero mucho Leyla.

-Y yo a ti. -susurré y me alejé hacia mi habitación.

Por el camino, mis piernas pesaban más y con cada paso, me costaba más arrastrar el peso de mi cuerpo. Eso fue hasta que caí por completo y me desmayé.

🗡

Unas palmadas en los mofletes me hicieron reaccionar. ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba tumbada en el pasillo? ¿Por qué Devon me daba palmadas?

-Leyla, ¿estás despierta? ¿Cuántos dedos tengo? -repitió Devon, solo que la primera vez no contesté porque su voz estaba muy lejana.

Mis oídos pitaban y la cabeza me dolía a mares.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora