CAPÍTULO 34

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DÉJALO SALIR, NO TE RESISTAS

Kilian y yo atravesamos la aldea de alrededor lo más sigiloso que pudimos. Lo poco que pude ver de los habitantes, me impactó. Eran aldeanos normales, sonreían y charlaban entre ellos; no tenían miedo de estar allí. En ese instante comprendí que solo las personas de la misma personalidad, introvertidos y preferentes de la soledad querrían vivir allí, y por eso congeniaban los habitantes. En cierto modo me pareció lógico, no todas las historias sobre que los aldeanos del Reino de la Oscuridad estaban obligados a vivir allí eran ciertas. Me sonaba a la típica historia mal narrada.

Una vez llegados a la muralla, el terrible y molesto dolor de espalda me obligó a echar unos pasos atrás. Me esforcé bastante en mantener la compostura, no obstante, Kilian notó mi malestar.

-¿Otra vez?

-Sí. -reproché fuerte. Era muy intenso y largo. -Están siendo muy seguidos.

-¿Crees que ha sido por la visión?

-Puede.

-¿Podrás continuar?

-Sí. No es nada.

Primera mentira del día. Aquello me estaba matando, literalmente, me robaba toda la energía que restaba en mi cuerpo y quitaba cada gota de valor una por una. Entonces, Kilian se encargó de hacer el trabajo sucio y noqueó a los siete guardias en tan solo dos minutos para que pudiéramos atravesar el puente sin problemas. Se lo agradecí con la cabeza, aunque no se molestó mucho más en charlar. Debajo del puente, volvía a discurrir un río de aguas oscuras con a saber qué monstruos habitaban en ella. Y finalmente, llegamos a la puerta.

Claramente no llamamos a ella para saludar, sino que nos colamos por unos ventanales que había en uno de los laterales del gran castillo. Por dentro, el palacio era mucho más acogedor que el exterior.

Unas alfombras azules oscuros con bordados doraros recubrían todos los suelos, y sus paredes estaban teñidas con colores claros y azulados. Quizás me esperaba algo más siniestro y oscuro, pero no siempre los prejuicios se asimilan a la realidad.

Kilian y yo nos encondimos rápidamente detrás de unas cortinas al escuchar el paso de unos guardias que paseaban por el pasillo.

-¿Dónde crees que puede estar? -murmuró Kilian en mi oído.

-Tengo la sensación de que no está muy lejos.

Miré a los lados, hasta que algo en frente llamó mi atención. El pasillo conectaba a un gran jardín central en forma de cuadrado, y estaba rodeado con columnas en cada lado. Una voz interior me dijo que debía ir ahí, por lo que escuché a mi instinto y salí del escondrijo.

Mi compañero no preguntó, simplemente me siguió asegurándose que nadie nos vigilaba. Cruzamos el umbral y estuvimos en el centro del jardín. Kilian optó por examinar una gran fuente que había en su centro la cual estaba rodeada de flores blancas. Yo, en cambio, sentí admiración ante una pintura que dejaba secar al aire libre. Se trataba de una noche estrellada con la Luna liderando las estrellas, y en la plenitud del pasto en el prado, un hada danzando un baile sola.

¿Acaso lo había pintado el Dios de la Oscuridad? ¿Era por esa pintura que me había sentido admirada?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por una vez, y por fin, me enfrenté cara a cara con la persona que llevaba días esperando con ansia.

-No deberíais estar aquí. -dijo el Dios de la Oscuridad, Holbek.

Extendí la mano para relajar a Kilian que se había puesto en guardia, y con la cabeza le indiqué que se relajara.

Eclipse de Sol [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora